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jueves, abril 27, 2006

Relato publicado en Letralia

Este mes la revista literaria Letralia me publicó un relato titulado El misterio de los delfines, y quería compartírselos. Aquí el enlace.

sábado, diciembre 17, 2005

Un extraterrestre en Navidad (cuento navideño)



Originally uploaded by Martín Palma Melena.

Un extraterrestre realizará un documental sobre un día ordinario en la vida de los humanos. Descenderá en la Tierra, en una ciudad elegida al azar. Su plan de investigación tiene cuatro fases basadas en el método deductivo: ir de lo general a lo específico.

En la primera fase, disfrazado de humano, recorrerá dicha ciudad, filmará algunas escenas con una cámara tan diminuta como un anillo y tomará notas. Tiene en la base del cráneo un traductor interestelar, para entender y hablar en todos los dialectos terrícolas, aun cuando los desconoce; traductor que sin embargo sólo podrá usar en emergencias porque es vulnerable a interferencias de campos de Radio Frecuencia, como el de los teléfonos móviles, televisión y radio, artefactos que sabe abundan en la Tierra.

En la segunda fase se hospedará en un hotel para analizar el material recolectado.

En la tercera fase tratará de asistir a alguna reunión para analizar la conducta humana en público.

En la cuarta fase deberá hacerse invitar a algún hogar para analizar la conducta humana en un ámbito tan privado como el familiar.

La tercera y cuarta fase le parecen más complicadas porque, para comunicarse con los humanos, su traductor deberá estar en ambientes despejados de Radio Frecuencias, algo muy incierto… Ese contratiempo podría resolverlo fingiendo ser mudo y sordo. No obstante, en sus misiones anteriores ha tenido éxito principalmente por su capacidad de reaccionar ante tales imprevistos, pues siempre habrá variables ajenas a sus cálculos…


Primera fase


Ya en dicha ciudad terrícola encuentra el primer imprevisto. Recorriendo las calles observa muchas tiendas repletas de personas con paquetes. Quizás los humanos son una especie más consumista de lo imaginado, pero intuye que hay algo más… No sólo los lugares públicos sino también muchas casas uni o multifamiliares ostentan una estética festiva muy parecida: viejitos vestidos de rojo y barbados que se fotografían con niños terrícolas; campanitas; farolitos; muñequitos; hileras de luces artificiales de colores; estrellas doradas y plateadas semejantes a elementales representaciones de cometas siderales… Toda esa parafernalia debe traslucir alguna celebración pues es demasiado repetitiva y folclórica… No ha llegado a la Tierra en una época ordinaria…


Segunda Fase

El extraterrestre se hospeda sin problemas en un hotel, aunque ¿por qué la recepcionista queda boquiabierta al pagarle con un medio de cambio tan universal como los diamantes? ¿Qué más quiere si son de Saturno? En fin, ¿quién comprende a los humanos?

Ya en su cuarto, al revisar sus notas y filmaciones, va confirmando que ha llegado a la Tierra en una época festiva: alguna vinculación debe haber entre esos adornos y esas personas cargadas de paquetes en las tiendas… pero ¿de qué trata esa celebración? En fin, eso ya lo confirmará cuando al día siguiente pase a la tercera fase: asistir a reuniones sociales de humanos… Súbitamente reconoce al pie de su cama un televisor, esa suerte de caja boba que los humanos miran hipnotizados y que afectan a los traductores interestelares, según le han advertido en su planeta.

Enciende la caja boba y sintoniza una película protagonizada por un anciano vestido de rojo, como los observados en las calles, que ahora reparte entre humanos infantes muchos regalos, cargados en un costal… ¿Aquel anciano será alguna deidad de los regalos? Sospecha que es una película temática sobre esas extrañas festividades, que para entenderlas ya tiene algunas claves: aquel buen anciano, esos regalos, esa estética folclórica… Pero no quiere seguir especulando pues debe basarse sólo en datos empíricos… Si bien el objetivo de su documental es registrar un día ordinario en la vida de los terrícolas, ahora orientará sus investigaciones exclusivamente a esas celebraciones, que han despertado su curiosidad…


Tercera Fase

Ni bien anochece, comienza a recorrer la ciudad para hallar alguna reunión. En el segundo piso de un edificio divisa personas que parecen festejar, por la expresión de sus rostros, por la música, por las copas en sus manos… En fin: en su planeta o en la Tierra las reuniones son iguales, aunque ésta quizás no sea familiar, porque tiene lugar en un edificio no para vivir sino para trabajar, a juzgar por su diseño tan funcional como impersonal… Ya encontró la reunión que buscaba, pero como nadie lo conoce allí y tiene problemas de comunicación, deberá infiltrarse no como invitado sino talvez como un conserje…

Adormece a un empleado de limpieza y lo suplanta vistiendo su traje y cargando su escoba y recogedor. Sube las escaleras y se cuela en dicha reunión, cuyos participantes no parecen parientes sino compañeros laborales. Tienen ropa más formal que elegante. Se tratan con cordialidad pero no con confianza, como si hubiera jerarquías implícitas. La ambientación es minimalista e impersonal. Nada está para distraer o contemplar sino sólo para producir: escritorios, archivadores, gabinetes… Reconoce nuevamente esos adornos que, aunque ya no tan abundantes como en otros lugares, dan vida a esa gélida oficina… Pero esta vez llama su atención en una esquina un gran árbol decorado con motivos diversos: otra posible pista para descifrar esas misteriosas celebraciones, algo que podría lograr entendiendo las conversaciones de esa reunión. Por eso quiere encender brevemente su traductor pero no puede: dos personas están usando sus celulares y hay una radio prendida… Está consternado: ya debería saber en esta tercera fase en qué consiste esas festividades… Pero hasta ahora no tiene más pistas que aquel anciano vestido de rojo, esos regalos, esos adornos y ahora ese gran árbol decorado. ¿Qué extraña mitología representa todo ello? En fin: sólo le queda seguir recorriendo la ciudad en busca de otras reuniones, antes de entrar a la cuarta fase de sus investigaciones…


Cuarta Fase

Al día siguiente despierta casi al finalizar la tarde. El día anterior se había acostado al amanecer, tratando de encontrar infructuosamente otras reuniones donde infiltrarse. En aquella oficina sólo pudo quedarse una hora y no consiguió material fílmico suficiente con su anillo cámara... En esta cuarta fase tiene el desafío de hallar un hogar que lo invite y que no tenga ningún aparato emisor o receptor de Radio Frecuencias, ya que deberá usar su traductor como sea, pues su gran capacidad analítica es insuficiente para entender esas raras celebraciones…

En otros planetas ya en la primera fase de sus investigaciones sabía si un culto era de fertilidad, de cosecha, de algún líder importante o de alguna divinidad. En cambio, en la Tierra ya está en la cuarta fase y todavía no descifra ese ritual terrícola… Algunas hipótesis puede elaborar con los indicios que posee, pero no puede anticiparse: es un profesional y sus conclusiones deben basarse sólo en datos empíricos

Inicia un nuevo recorrido nocturno por la ciudad. Todo parece tranquilo. ¿Cómo se hará invitar a un hogar? No puede decir que es un científico extraterrestre porque lo creerían loco. A la distancia escucha unas voces infantiles que cantan en coro y que le parecen nostálgicas y tiernas. Observa que la noche es esporádicamente iluminada por truenos muy hermosos, que sabe que son artificiales porque algunos adolescentes los encienden… Debe ser parte de la parafernalia de esas fiestas, como el árbol, el anciano y toda esa estética…

Pasa frente a varias casas particulares. Inesperadamente esos truenos artificiales comienzan a reventar más seguido, a deslumbrarle la noche con mayor intensidad; truenos que parecen anunciarle el momento culmen de esas festividades, ensordeciéndolo y enloqueciéndolo. Algunas familias salen de sus casas para saludarse y abrazarse y lo miran, pero no se le acercan pues no lo conocen… Como no hay aparatos que emitan Radio Frecuencias, el extraterrestre enciende brevemente su traductor y entiende palabras como Feliz Nacimiento, Natalicio o algo así, pero esos truenos artificiales continúan todavía más contundentes y no lo dejan escuchar bien… Tiene que apagar su traductor… Sigue caminando y repentinamente escucha una voz tímida. Enciende nuevamente el traductor: le hablan como si lo saludaran y finalmente entiende la frase completa: «Feliz Navidad». Quien lo saluda es una mujer con un bebé. Él enciende también su anillo cámara y retrocede un poco para lograr un mejor ángulo de filmación, pero abruptamente pisa algo que se quiebra. La mujer le dice asustada: «Ha roto una estatua del Nacimiento que hemos puesto en el jardín». Él le pregunta que qué Nacimiento, que quién ha nacido… Ella le responde: «Usted debe ser de otro país o planeta porque ¿cómo no va a saber qué es un Nacimiento?». Él recién nota a sus espaldas esa extraña representación: una cabañita en la que destaca una pareja y un bebé. Quizás a aquella mujer bien podría preguntarle lo que quisiera sin que lo mire extrañada; quizás su sencillez la hace menos prejuiciosa y desconfiada con los extraños… Con la mayor ternura que su temperamento alienígena le permite, le pide que le cuente sobre ese Nacimiento… Ella lo mira primero con recelo y después con lástima: quizás aquel pobre hombre se ha golpeado la cabeza y tiene amnesia. Le explica que aquel niño es Dios, y aún así decidió nacer en un pesebre… El extraterrestre le pregunta qué es un pesebre… La mujer contesta que justo el sacerdote ha explicado en la Misa de Gallo que un pesebre es la parte del establo donde las bestias domesticadas se alimentan… El alienígeno prefiere no preguntar qué era un sacerdote o una Misa de Gallo. Ya eso lo investigará después. Por ahora sólo quiere material suficiente para su documental sobre esas festividades… Le parece increíble esa tradición humana… O los terrícolas son una especie muy vanidosa, creyendo que Dios puede rebajarse tanto, encarnándose en alguien tan primitivo como un hombre y naciendo todavía en un lugar donde comen animales. O los terrícolas son una especie muy sublime, por haber sido capaces de concebir un Dios tan conmovedor por esa humildad y generosidad… Y si ellos creen en un Dios así de noble, entonces cómo un científico extraterrestre como él, con trillones de años luz de recorrido interestelar, sólo puede descubrir en qué consiste esa misteriosa festividad recién en la cuarta fase de sus investigaciones… Aquel Dios contrasta bastante con otras deidades planetarias, cuyos adoradores le atribuyen rasgos soberbios y temibles… En esos planetas, aquel alienígena en la primera fase de la investigación ya entendía esos cultos porque a aquellas deidades las veía por todos lados… Pareciera que cuánto más generoso es un Dios, más ingratos son sus creyentes… Eso debe ser: como los terrícolas tienen un Dios tan generoso no sienten necesidad de rendirle el culto que se merece… Recién en la cuarta fase de su misión en la Tierra aquella mujer despeja sus dudas sobre esas festividades, algo que no logró ni viendo esas películas temáticas o recorriendo calles, lugares públicos u oficinas. El extraterrestre sospecha que los terrícolas deben haber tenido contacto con una civilización más adelantada, si no cómo han podido ser capaces de concebir un mito tan sublime: esto es, un Dios tan generoso que es capaz de hacerse hombre y nacer en un pesebre, rasgo de humildad que lejos rebajarlo lo engrandece. Algunos datos empíricos avalan la hipótesis de la influencia de una cultura superior en los humanos: por un lado, los hombres son una especie demasiado primitiva para tener un Dios tan evolucionado; por otro lado, son necesarios miles de años de desarrollo filosófico para que la humildad no sea percibida como debilidad o inferioridad, sino más bien como virtud, incluso divina al ser atribuida a un Ser Superior. Y esto contrasta con la naturaleza humana, ya no sólo muy elemental sino además muy vanidosa y egoísta. ¿Cómo pensar que de ellos pudo surgir una mitología tan bella sólo por una simple Ley Natural inscrita en sus primitivos corazones y sin ninguna influencia foránea? Eso sería como creer que de las piedras puede extraerse agua. Sí: los humanos alguna vez debieron recibir alguna revelación que debió desbordar sus limitadas mentes… La fría racionalidad del extraterrestre lo ha hecho ser escéptico y ateo desde hace mucho tiempo, pero estos datos empíricos no puede soslayarlos. Conoce otras civilizaciones estelares primitivas cuya cultura revela influencias más avanzadas por ciertas técnicas de edificación, por una muy rica concepción del mundo o por un código ético que sólo puede ser fruto de un contrato social muy avanzado… Para ser capaces de concebir un Dios así, los terrícolas han debido ser influenciados por una civilización muy superior… El extraterrestre queda abruptamente ensimismado: tal vez no son necesarias tantas hipótesis… Tal vez las respuestas son más simples de lo imaginado… ¿Por qué no creer que el niño nacido en ese pesebre realmente fue Dios?



Cortesía de la imagen:

http://www.autocollant-tuning.ch/oscommerce/images/extraterrestre%20tete.jpg







lunes, diciembre 12, 2005

¿Quién me trae los regalos? (cuento navideño)



Originally uploaded by Martín Palma Melena.

Cada 24 de diciembre, mi madre solía llevarnos a pasear desde muy temprano a mí y a mis hermanos porque nos decía: «El Niño Dios es tímido y no le gusta ser observado cuando deja los regalos al pie del árbol navideño». Mi padre no nos acompañaba porque esa fecha debía trabajar hasta el mediodía, aunque siempre se las ingeniaba para darnos el alcance horas después…

Cuando regresábamos a casa a las 5 de la tarde, mi madre nos advertía con mucho recogimiento: «El Niño Dios ya nos visitó porque los regalos están al pie del árbol, pero los repartiremos a la media noche». Esos comentarios avivaban mis fantasías: imaginaba a un Niño Jesús en pañales que, arriesgándose, había trepado casi clandestinamente la ventana de mi casa para traernos los juguetes. Por tanto mi entusiasmo en Navidad consistía en recibir un obsequio que había deseado por mucho tiempo y que, además, había estado en Sus Manos. Es decir: estaba tocando algo que el Niño también había tocado.

Aunque en aquel entonces sabía que el Niño entraba a nuestro hogar con conocimiento de mis padres, eso no le restaba méritos porque igual corría riesgos exponiéndose a muchas cosas. ¿Qué tal si los vecinos lo descubrían al entrar en pañales por nuestra ventana con nuestros juguetes bajo el brazo? ¿Cómo hubieran reaccionado ante tal situación? Pero esas dudas me las despejó mi madre explicándome que en realidad el Niño no entraba sólo a nuestra casa sino a todas las casas, así que no sólo los vecinos sino hasta los policías lo reconocerían si lo veían… Entonces le pregunté a ella cómo hacía el Niño para distribuir regalos en todos los hogares del mundo en pocas horas. Me contestó que Él podía hacerlo porque tenía el don de la ubicuidad: podía estar en todos los sitios a la vez… También le pregunté por unas medias rojas con franjas blancas que solían ser parte del decorado navideño. Pero esta vez sólo me respondió que en algunos países el Niño Dios dejaba los regalos allí…

Mis dudas comenzaron aquel diciembre en que ya tenía cinco años. Las celebraciones navideñas estaban próximas y mi familia fue a visitar a unos tíos: Rodolfo y Carla...

La tía Carla siempre tenía maneras originales de distraer a los pequeños para que dejaran a sus padres charlar tranquilos aunque sea por un rato. Aquella vez nos trajo para colorear unas fotocopias en blanco y negro con un dibujo de Papa Noel. Nos comentó que él nos traía los regalos para depositarlos en unas medias rojas que todos debíamos colgar cerca de nuestras chimeneas (aunque ni mi casa ni la de ella tenían una). Yo le alegué que en realidad era el Niño Jesús quien traía los regalos, los cuales colocaba al pie del árbol navideño o en esas medias rojas, según el país. La tía Carla quedó ensimismada, pero agregó que Papa Noel era el asistente del Niño Dios, quien quizás no se daba a basto para repartir tantos regalos en pocas horas a todos los niños del mundo. Yo le repliqué que eso no podía ser porque el Niño tenía el don de la ubicuidad y, por tanto, no necesitaba de ayuda alguna… Talvez la tía desconocía el don de la ubicuidad porque dijo que estaba apurada y que tenía qué hacer…

Papa Noel no me era una figura desconocida. En Navidad siempre lo veía representado en dibujos, figuras y adornos en muchas casas, auto servicios o centros comerciales. Sí me había percatado que llevaba una bolsa de regalos pero nunca imaginé que era el asistente del Niño Dios. En realidad nunca tuve razones para preguntar quién era. Quizás era el abuelito de Jesús, pero entonces debía usar sandalias y una túnica, como San José o los apóstoles, y no ese traje rojo y botas…

Ya de regreso a la casa le hice varias preguntas a mi madre. ¿Los regalos los traía el Niño Jesús o Papa Noel? ¿Por qué Jesús necesitaba un asistente si tenía el don de la ubicuidad? En la disyuntiva entre decirme la verdad o desacreditar a la tía Carla, mi madre sólo me comentó escuetamente de que Jesús traía los regalos sin ninguna ayuda y cambió de tema… Preferí no insistir…

Finalmente llegó el 24 de diciembre. Mi padre como siempre debía trabajar hasta el medio día y mi madre nos llevó a pasear desde temprano, porque supuestamente debíamos darle tiempo al Niño para que dejara los obsequios en casa: por primera vez empezaba a desconfiar de una tradición familiar, aunque no sin remordimientos…

Aquella Navidad había pedido un auto a control remoto que ya me lo tenían prometido, pero esta vez no sabía si quien me lo traería sería Jesús o su asistente. Ya no tenía certeza que el obsequio que habría de recibir hubiera sido tocado por el Niño. Algo había cambiado…

Mi madre llevó a mis hermanos y a mí a comer helados y al cine. Mi padre no pudo darnos el alcance aquella vez porque había tenido más obligaciones de las acostumbradas. Cuando estábamos en la cola para comprar las entradas, le pedí permiso a mi madre para ir al baño. Me respondió que en el cine había uno, pero como yo sentía un gran apremio miró por todos lados. El cine quedaba en un centro comercial así que debía haber un baño por algún lado… Finalmente ella divisó uno y me lo señaló diciéndome que no demorara, que no me fuera a ningún otro lado y que me estaría vigilando…

Al recorrer el patio del centro comercial, observé algunas tiendas de juguetes. Allí muchos adultos compraban obsequios. ¿Acaso ellos no querían que el Niño o su asistente dejaran los regalos para sus hijos en sus domicilios? Preferí no seguir pensando… Ya estaba llegando a mi destino cuando mi apremio desapareció repentinamente. Había una tienda por departamentos con un gran vitral, donde a la distancia vi a mi padre con una empleada que le envolvía unos regalos. Todo me quedó claro: era él y no el Niño el que dejaba los juguetes junto al árbol. Mi padre pareció sentir que lo observaba porque al girar la cabeza nuestras miradas se cruzaron… Me había visto…

Al regresar del baño le dije a mi madre que había visto a mi padre. Pero omití lo de los regalos para no incomodarla. Ella sólo me dijo parcamente que ya había hablado con él y que nos daría el alcance en la casa…

Llegamos a casa a eso de las 6 de la tarde y mi padre nos esperaba. Me llevó a un lado y me hizo algunas aclaraciones. Nunca me había mentido atribuyendo el mérito de nuestros obsequios a Niño Dios. Agregó: «Es gracias a Él que en la casa no falta nada y que he podido comprarte ese carro a control remoto». Yo le contesté que creía que mis juguetes habían sido tocados por Él. Mi padre quedó pensativo, pero contestó: «En cierto modo lo hace pero a través mío».

Aquella Navidad fue la primera vez que ya no imaginé al niño Jesús con pañales, que entraba furtivamente a mi casa. Él no necesitaba hacerlo porque los regalos me los daba por intermedio de mis padres. No por eso sentí que había perdido la inocencia ni nada parecido. Pero aun así yo nunca desmentí a aquellos niños que en las vacaciones de verano decían que Papa Noel les había traído esto o aquello… Ya con el tiempo sabrían cómo eran las cosas… Aunque si venía al caso aclaraba que Papa Noel era el asistente de Jesús…


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Cortesía de la imagen:
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