miércoles, marzo 12, 2008

La muerte del libro impreso, ¿un mito?

(fuente: Jamillan)



Ya desde hace buen tiempo se viene hablando de la muerte del libro, es decir: el libro impreso presuntamente desaparecería y sería reemplazado por el digital.

En el presente artículo plantearé algunas interrogantes que por lo menos me hacen dudar de esta profecía, mucho más agudizada con el surgimiento del Kindle, aparato con conexión inalámbrica (sin necesidad de conectarlo a un ordenador) y con capacidad de almacenar hasta doscientos títulos a elegir entre unos aproximados noventa mil y a descargarse de la librería electrónica Amazon por un costo que como mínimo sería de ocho euros (aunque para una realidad como la que conozco, la peruana, un libro a ocho euros no estaría precisamente entre los más baratos, pero ya ahondaré después sobre esto).

No pretenderé fungir de futurólogo disertando sobre si el libro impreso desaparecerá y si será reemplazado por el libro digital (o por el Kindle). Pero creo que a este pronóstico se le está brindando un enfoque tan marcadamente tecnologicista, que se están ignorando otros factores que también deberán considerarse para poder presagiar qué tanto éxito y qué tanta divulgación tendrá el libro digital; factores que son los que en parte fundamentarán algunas interrogantes que tengo sobre el supuesto fin del libro de papel y que plasmaré en el presente trabajo.


¿Enfoque marcadamente tecnologicista?


Con un enfoque marcadamente tecnologicista me refiero a esa tendencia a considerar a los adelantos tecnológicos como el factor único (y no sólo como uno entre tantos) y determinante (y no sólo como uno condicionante) del curso de la sociedad y hasta del de la historia; enfoque tecnologicista muchas veces no explicito en un discurso sino más bien tácito en una visión del mundo.

Qué duda cabe. Los avances de la Ciencia sí cambian bastante nuestras vidas; pero no sólo por la Ciencia en sí misma sino también por otras variables.

En otras palabras, un enfoque marcadamente teconologicista presenta sobre el mundo una visión errada al ser parcial y determinista: parcial porque de la realidad se resalta sólo un aspecto (la tecnología) presentándolo incluso como el único y negando otros aspectos; determinista porque ese solo aspecto arrastraría presunta e indefectiblemente al mundo en una sola dirección.

Por eso, ya en general, toda visión determinista y parcial es falsa, puesto que la realidad es mucha más compleja y no determinada sino sólo condicionada y no por una sino por muchas y diversas variables que podrían desbordar hasta a las más sesudas proyecciones, no obligatoriamente certeras por más bien sustentadas que estén en elementos muy razonables del presente.

Y entre estas variables, la tecnológica es sólo una entre tantas otras, como bien podrían ser también las políticas o sociales o económicas o culturales o hasta humanas.

Pero aún siendo una entre tantas variables, ¿la tecnológica no sería acaso una de las más importantes?

Resalto por ejemplo a las variables humanas: los hombres somos criaturas muy imprevisibles e influenciadas por la tecnología no tanto por su importancia intrínseca sino más bien por su importancia en nuestra cultura y por su poder para moldear incluso nuestra percepción de la realidad, esto es: como cuando entendemos a las personas en una organización cual engranajes en una gran maquinaria; como cuando entendemos al cerebro sólo cual disco duro o cual procesador de información (y el cerebro es mucho más complejo que estas analogías mecanicistas, las que nos permiten entenderlo más rápida y fácilmente, pero también más reductivamente)

Si nuestra civilización y nuestra historia estuvieran tan determinadas por las innovaciones científicas, pues a estas alturas por ejemplo nuestros automóviles usarían combustibles ya no fósiles sino otros más alternativos y menos costosos y contaminantes, como el alcohol o la energía solar o la electricidad, dado que esas tecnologías existen…

Y entonces ¿por qué nuestros autos siguen funcionando mayormente con gasolina y la Exxon Mobil no ha quebrado? Porque habría repercusiones muy severas e incapaces de ser asimiladas por nuestras estructuras sean sociales o políticas o económicas o hasta mentales. Porque en el supuesto de que fueran sustituidos el petróleo y sus derivados por otros combustibles habría consecuencias de índole diversa: por un lado, muchas naciones podrían ver sus arcas bastante mermadas (fácil es gravar con impuestos a la gasolina pero no por ejemplo a la luz solar); por otro lado, si hoy mismo las Petroleras cerraran sus puertas habría a nivel mundial una gran escalada de desempleo no sólo en estas industrias sino también en sus sectores colaterales; por otro lado, entre estos sectores colaterales bien podría estar una industria bélica que se quedaría con un gran stock al ya no poder ser proveedora en guerras sobre cuyo trasfondo petrolero no es difícil especular; por otro lado, esta industria bélica bien podría colocar su excedente productivo en otras regiones del planeta o bien generando nuevos conflictos o bien agravando más a los ya existentes (no digo que esto tenga que darse, pero es totalmente verosímil que pueda darse bajo esta lógica).


Ya: pero ¿a qué viene todo esto?

A que un avance tecnológico tendrá éxito y un gran efecto en nuestra civilización no sólo por ser genial sino además por otros factores que entren en juego y que también debemos analizar; factores tan diversos como los ya mencionados: los políticos, los sociales, los económicos, los culturales o hasta los humanos.

Es decir, un invento puede ser muy deslumbrante, pero muchas veces es censurado o no prospera porque sus beneficios no compensarían sus eventuales perjuicios sea por las particularidades de una coyuntura dada o sea por un mundo todavía no preparado para tanta maravilla, etcétera…


Ya: pero ¿a qué viene todo esto en relación al libro digital y al Kindle?

A postular lo siguiente: no porque el libro digital o el Kindle haya salido al mercado, el libro impreso ya estará inevitablemente condenado a extinguirse, pues deben considerarse otras variables como las ya indicadas; variables que me permiten no aventurar pronósticos pero sí fundamentar algunas interrogantes en torno al supuesto fin del libro de papel, dado el advenimiento del libro digital, en general, y del Kindle, en especial.


Primera interrogante: si se robaran mi Kindle ¿ya se habrán robado toda mi biblioteca?

Aun cuando el Kindle pueda costar ya no 399 dólares (según entiendo) sino sólo cinco dólares y pueda almacenar no doscientos títulos sino ya los noventa mil que Amazon posee en su stock virtual, pues ¿qué ocurriría si me robaran el dichoso aparato? Pues pedería mi biblioteca completa. Y si por lo que me vengo informado, lo más barato que se paga por una descarga virtual son ocho euros, y si lo que tendría almacenado en ese Kindle hipotético fueran por ejemplo mil títulos, pues me habrán robado ocho mil euros, el precio de un auto… Suena tonto, ¿verdad? Pero esas cosas pasan. Y recalco: por lo que me vengo informando, hasta el momento ocho euros es lo más barato que puede llegar a pagarse por una descarga virtual.

Por otro lado, no me extrañaría que con el tiempo el negocio del Kindle no esté en el aparato en sí mismo (al que quizás puedan hasta regalarlo); sino precisamente en las descargas virtuales.

Ustedes me dirán, con el tiempo las descargas virtuales podrían abaratarse a centavos de dólares. Ya veremos. Pero mientras tanto sentiremos más seguro un libro impreso, el que si nos lo roban o se nos pierde, a lo sumo perderemos nuestras anotaciones, pero siempre podremos adquirir otro ejemplar. Por ejemplo, si nos vamos de viaje, nos compraríamos uno o dos libros impresos, pero ya nos parecería muy temerario cargar con toda nuestra biblioteca virtual en el Kindle.


Segunda interrogante: si generas dependencia, ¿no estarías tentado a fundar un monopolio?

Reconozco que en esta interrogante especularé sobre un hipotético escenario futuro (aunque no sé con cuánto éxito, pues ya he sugerido que hasta las más sesudas proyecciones pueden fallar por más bien sustentadas que estén en elementos del presente, principio que también debo aplicármelo si quiero ser consecuente con mis afirmaciones).

No hay que ser demasiado agudo para presumir que lo que pretende Amazon con el Kindle es generar una dependencia o adicción, y de allí sólo habría un paso para la tentación a un monopolio (aun cuando podría ser también que las prácticas monopólicas de Microsoft me han vuelto ya muy desconfiado). Y entonces, ¿qué tal si mañana más tarde del Kindle sólo podamos hacer descargas del portal de Amazon y no de otros portales como el de Barnes & Noble?

Más aún, ¿qué tal si Amazon gracias al Kindle pueda volverse el próximo monopolio de las descargas virtuales de libros (sí: algo como el Microsoft de las librerías en línea) y pueda darse incluso el lujo de imponer cualquier precio (eso me hace no dar por sentado el abaratamiento con el tiempo de las descargas virtuales) y de obligar a todo autor reconocido a firmar un contrato exclusivo para estar en esa gran vitrina en línea? O sea: en tal hipótesis, si fueras un escritor y no estuvieras en Amazon pues simplemente no existirías, al menos en el ámbito virtual (y no olvidemos que los intereses más mezquinos también podrían ser variables a considerar).

Bueno, me dirán, en tal caso surgirán otros competidores de Amazon que también sacarían sus respectivos Kindles (y unos que sí permitirían descargas de otros portales) y que presionarían a Amazon a cambiar sus políticas.

Sin embargo, aparte de eventualmente haber acaparado a los autores contemporáneos más representativos, Amazon podría contar con títulos que también tendrían otros competidores. Y el público siempre se inclinaría por Amazon pues no va a estarse comprando el eventual Kindle de cada librería virtual que aparezca.

Y el Kindle y sus funciones y su sistema operativo bien pueden ya haber sido patentados por Amazon (y protegidos legalmente por ende de las imitaciones de la competencia), y al público no le agradaría estarse familiarizando nuevamente con otros Kindles (cuyas funciones y sistemas operativos ya serían muy distintos al no poder ya copiar a los de Amazon para evitar demandas judiciales) eventualmente sacados al mercado por otras librerías virtuales competidoras como Barnes & Noble (es como el sistema operativo Windows, al que podemos criticar por no ser perfecto y gratuito, pero por la fuerza del hábito lo seguimos usando aun cuando existan otros sistemas operativos quizás iguales o mejores y hasta libres)

Es en este punto donde las librerías tradicionales podrían tener un mercado de ediciones impresas cuyas versiones digitales habrían sido ya acaparadas por Amazon.

Es en este punto también que bien podrían alegarme que no habría considerado a otros potenciales competidores de Amazon, como por ejemplo el Google Print. En ese aspecto, primero deberíamos entender mejor qué es Google Print, algo que me llevaría a la siguiente interrogante.


Tercera interrogante: ¿todos los libros de la humanidad serán digitalizables? Y si sólo lo serán algunos, ¿bajo qué criterios se hará tal selección?

En principio, podríamos asumir que Google Print neutralizaría a ese hipotético monopolio de Amazon. Frente a esto, deberíamos preguntarnos primero, ¿qué es Google Print? Jorge Paredes nos describe cómo este proyecto fue anunciado por Google un 14 de Diciembre de 2004: «Un proyecto faraónico que prometía digitalizar unos quince millones de libros impresos. El objetivo era ofrecer gratuitamente, en línea, las obras que estuvieran en el dominio público hasta 1930 y las impresas después con una pequeña remuneración» (Paredes 4; mis destacados).

Sin embargo, existen contra Google Print algunas objeciones hechas por Jean-Nöel Jeanneney, alguna vez presidente la Biblioteca Nacional de Francia: «La cantidad prometida por Google (para digitalizar), que en términos absolutos es impresionante, no corresponde más que a un pequeño porcentaje de esa inmensidad. Hay, pues, que interrogarse sobre los libros que van a componer su selección y los criterios que conducirán a determinar la lista de elegidos» (cit. en Paredes 5; mis paréntesis y mis destacados).

Pero Jeanneney agrega más reparos hacia el Google Print: «El primer riesgo es que, en lo que respecta a las obras cuyos derechos patrimoniales ya han caído en el dominio público, la lista de prioridades favorezca a las expresiones de la cultura anglosajona» (cit. en Paredes 5; mis destacados).

Por su parte, Paredes subraya otros riesgos del Google Print: «Y tiene que ver en palabras de Jeanneney con el peligro que un proyecto de esta envergadura representa para la cultura europea y la de países periféricos de África, Asia o de América Latina, como lenguas y poblaciones minoritarias» (Paredes 5; mis destacados).

En resumen, los libros digitalizados por Google Print representarían sólo un pequeño porcentaje de toda la producción de obras impresas desde que Gutenberg inventara la imprenta. Y entonces ¿con qué criterio Google Print decidiría qué es o no digitalizable? Y por lo menos durante un mediano plazo, la misma inquietud podría seguir interpelando al Kindle de Amazon, esto es: con qué criterio Amazon ha seleccionado a los noventa mil títulos que tiene como stock virtual para proveer a los usuarios del Kindle.

Entonces no es difícil suponer que siempre logren sobrevivir librerías tradicionales (al menos en un plano minoritario o alternativo), cuyos libros impresos no sean considerados ni comerciales ni representativos ni digitalizables o por Google Print o por el ya mencionado stock virtual de Amazon; libros impresos cuyo volumen aún así no sería poca cosa (si atendemos a las opiniones de Jeanneney) y poseería un mercado potencial nada desdeñable.


Cuarta interrogante: y ¿las competencias sumergidas?

Ya había sugerido que al menos para los estándares peruanos (y quizás en general tercermundistas) un libro a ocho euros no estaría precisamente entre los más baratos. Una descarga virtual al Kindle por ese precio todavía no es competitiva dentro de economías sumergidas o informales (como las existentes en el Perú), tales como la piratería de libros o como las consabidas fotocopias.

La realidad es lamentable, pero por ejemplo en Lima uno puede conseguir un ejemplar pirata hasta por menos de cuatro euros. En síntesis, el Kindle estaría compitiendo no con los mercados informales e ilegales (y tampoco tal vez con los mercados de libros usados) sino básicamente con las librerías formales y legalmente constituidas.

En otras palabras, por más ilegales que sean, estas economías sumergidas seguirán haciendo rentables a los libros impresos. Lastimosamente, éstas también son variables a considerar.



Quinta interrogante: ¿acaso los registros impresos no son más perdurables?

No importa en qué país vivamos, sobre cualquier evento histórico allí ocurrido por ejemplo hace veinte años, ¿donde encontraríamos registros en audio o en video sobre los noticieros de la época? ¿En una radio o en un canal televisivo? Esos registros ¿estarían conservados todavía? ¿Cuánto costarían? Y si sí existieran por ejemplo videos, ¿éstos estarían en formato VHS o Beta y deberían ser trasladados a un formato más moderno como el DVD (que tampoco ya es lo último)? Salvo que por allí tuviéramos algún VHS viejo y todavía funcionando, algo muy improbable… ¿Saben? Lo más práctico nos resultaría irnos a la biblioteca nacional de nuestros respectivos países y revisar las viejas y modestas ediciones impresas de los periódicos de la época para sacar los datos del caso; periódicos impresos que de repente Google Print nunca digitalizaría porque podríamos vivir en algún país de lengua considerada minoritaria por culturas más hegemónicas. Hasta el momento de escribir estas líneas, los únicos registros seguros de épocas pasadas siempre han sido los impresos de las bibliotecas públicas; registros que quizás con el tiempo terminen todos siendo digitalizados y más fáciles de acceder vía Internet, algo que es muy incierto y materia de debate (a juzgar por las opiniones de Jeanneney) y que no se dará con igual celeridad en todos los países.

En todo caso, las librerías tradicionales tendrían incluso en el extranjero un mercado minoritario pero interesante al ofrecer copias de registros históricos impresos (no considerados digitalizables por Google Print) o al ofrecer también títulos no encontrados en el ya mencionado stock virtual de Amazon.

Más aún, me pondré apocalíptico, si hubiera una tercera guerra mundial y nos quedáramos sin servicios básicos como el de la electricidad, porque habríamos retrocedido a las mismas condiciones que épocas bastante pretéritas, en tal contexto, quizás los únicos registros que quedarían serían los impresos, los que siempre podríamos consultar sin necesidad de ordenadores o servidores que no habría ni siquiera dónde enchufarlos.


Sexta interrogante: Y ¿la cuestión fetichista y psicológica?

Aunque parezca mentira, cuando pagamos por ciertos productos en realidad estamos pagando más por las apariencias que nos suscitan el envase o el empaque, o sea: pagamos por un producto pero también por una fantasía (y este principio me arriesgaría a aplicarlo no sólo a mercancías suntuarias sino también a algunas de primera necesidad). ¿Consumiríamos un perfume Coco Channel que estuviera no en un envase sofisticado sino en uno plástico y parecido a un desinfectante de baños? ¿Consumiríamos una Coca Cola que esté no en su curvilínea botella sino en una lata de leche? ¿Compraríamos un Ferrari cuya carrocería fuera la de un proletario Volkswagen? A las tres preguntas responderíamos probablemente que no o que sí pero pagando un menor precio. Y esto porque de alguna forma siempre estamos condicionados por las percepciones y tenemos cierta tendencia al fetichismo. Es decir, el acto de comprar es muy complejo y entran a tallar muchos elementos: pagamos no sólo por un producto en sí mismo sino también por toda una construcción simbólica que hace que nuestro imaginario le asigne un valor a un artículo determinado.

No se trata de romanticismo, pero nunca nos resultará lo mismo una descarga virtual y abstracta que un libro con pasta dura y con ilustraciones vistosas, características que con el tiempo podrían tener toda una carga simbólica considerada incluso hasta como un valor agregado del que carecería la descarga virtual de un libro. Sé que esto sonará absurdo, pero al libro debemos sentirlo tangible y palpable para percibir que tenemos algo importante y apreciable. No olvidemos que son siglos de haber leído información en material impreso, y esto de leer en la pantalla de un ordenador es relativamente nuevo. En suma, no se trata sólo de la eficacia de un invento; se trata además de paradigmas mentales.

Asimismo, en cierto sentido, el libro impreso nos facilita o bien el contexto de un texto o bien una noción sobre el tipo de percepción hacia una obra en cierto tiempo y lugar, en suma: lo que a grandes rasgos sería la información intertextual y paratextual. Y ¿qué es la intertextualidad y la paratextualidad?

Michael Riffaterre define así a la intertextualidad: «El intertexto es la percepción, por el lector, de relaciones entre una obra y otras que la han precedido o seguido» (cit. en Genette 11; mis destacados)

Por su parte, Gérard Genette da los siguientes ejemplos de lo que serían los paratextos en un libro: «título, subtítulo, intertítulos, prefacios, epílogos, advertencias, prólogos, etcétera; notas al margen, a pie de página, finales, epígrafes, ilustraciones; fajas, sobrecubierta, y muchos otros tipos de señales autógrafas y alógrafas, que procuran un entorno (variable) al texto y a veces un comentario oficial u oficioso del que el lector más purista y menos tendente a la erudición externa no puede siempre disponer tan fácilmente como lo desearía y lo pretende»(Genette 11; mis destacados).

Y ¿la intertextualidad y la paratextualidad para qué nos interesan? En el soporte físico de un libro, siempre encontramos algunos elementos que van desde la portada y las ilustraciones y los prólogos hasta el tipo de letra que se emplea; elementos que sugieren incluso de un mismo libro datos muy diversos en las diversas ediciones a través del tiempo; datos como los siguientes: por un lado, la recepción o la percepción que una obra tuvo en una época determinada (algo que responde a un entorno siempre variable según cada época y contexto); por otro lado, la manera cómo dialogaba esa misma obra con otras obras de su tiempo o con otras de tiempos pasados.

Más aún: un mismo libro A en épocas diversas dialogará también de formas diversas con los libros B, C, y D que le fueron coetáneos o que le fueron anteriores.
Más aún: el diseño de una carátula y/o un prólogo y/o un simple epígrafe o cita en la edición impresa de un año, nos podría dar hasta una idea de hacía qué coordenadas ideológicas quería orientarse la interpretación de una obra.
Y pistas de estos diálogos intertextuales y/o paratextuales son vislumbradas más facilmente en las características del soporte físico de un libro.

Las descargas abstractas y virtuales de un libro ¿tendrán los mismos elementos de intertextualidad y de paratextualidad?



Séptima interrogante: y ¿ahora cómo cito?

Cuando uno escribe un artículo tiene que citar las fuentes, las que exigen precisar el número de página, la editorial, el año de publicación, etcétera… Eso le da credibilidad a nuestra información. Pero si yo cito lo consignado en un blog o en una web, ¿qué pasaría si el enlace desaparece y no lo encontráramos ni el caché de Google? En tal caso, cómo la gente sabría que lo que yo alguna vez cité realmente estuvo en la Red y no fue una invención de mi parte. Y el Kindle me genera suspicacias análogas. ¿Cómo citaré sus descargas virtuales? Por lo pronto, yo en lo personal siento más seguro acudir a una edición impresa para citar.

Puede que estos problemas de citar fuentes virtuales o en línea vayan resolviéndose con el tiempo. Puede que sea un hombre que todavía conserva una mentalidad del siglo XX y que haría reír con sus preguntas a generaciones futuras. Pero por ahora el libro impreso me sigue pareciendo más fiable para citar.


Octava interrogante: y ¿la escala humana?

Yo recuerdo de niño haber tenido un reloj con calculadora incorporada. Pero me resultaba incomodo sacar cuentas con unos botones tan diminutos, dado el ancho de mis dedos. Además, en la pantalla de un reloj digital es fácil ver la hora pero es incomodo ver el resultado de una multiplicación como la de 35483764903 x 7340337493

No sé si actualmente esos relojes con calculadora estén descontinuados; pero las calculadoras tradicionales siguen vendiéndose, porque su pantalla y sus botones están pensados para una escala humana.

Alguna vez, leí o escuché que si el Internet hubiera existido desde siempre, al libro impreso se le consideraría como un gran adelanto por ser más funcional. Y ¿por qué más funcional? Porque sus características tienen una escala humana; características como las del tipo de letra o como el espacio para hacer anotaciones o como la facilidad para distinguir un párrafo si somos miopes… Pregunta: ¿el Kindle y sus dimensiones y sus botones y su pantalla ¿han sido pensadas para una escala humana?

Novena interrogante, y ¿el Tercer Mundo?

Si todo el planeta Tierra perteneciera al Primer Mundo y todos tuviéramos iguales recursos económicos y oportunidades para estarnos familiarizando permanentemente con las nuevas tecnologías, pues yo sería el primero en sentenciar la muerte del libro impreso (y aun así tendría ciertos reparos por otros argumentos que también he planteando en este artículo). Pero bien sabemos que existe un Tercer Mundo, por lo que si en este momento aceleráramos la extinción del libro impreso, podríamos dejar fuera de gran parte de la producción bibliográfica a una gran porción del planeta que en este momento quizás ni siquiera sabría qué es un lector digital como un Kindle o un Sony Reader; gran porción del planeta que no podría ir al mismo ritmo de velocidad que los cambios tecnológicos, algo que podría sólo aumentar la brecha entre países ricos y pobres.

Quizás con el tiempo estas tecnologías se abaraten y estén al alcance de todos, pues ojalá así sea.

A manera de conclusión

Como ya señalé, no pretendo hacer pronósticos sino únicamente mantenerme cauto ante la tan voceada desaparición del libro impreso, dado el advenimiento del libro digital o del Kindle (y esto no signfica que sea un tecnófobo). Sólo quiero compartirles algunos indicios que por lo menos me hacen sospechar que los libros impresos podrían tener o bien todavía para rato o bien una convivencia pacífica en el futuro con el libro digital.

Las librerías tradicionales no necesariamente están condenadas a desaparecer aunque sí deberán replantear su negocio. Ellas tal vez ya no tendrán un mercado masivo pero quizás sí un mercado más enfocado y minoritario en el cual deberán posicionarse; un mercado como el de por ejemplo aquellos distraídos que pudieron haber quedado traumados con el robo de su Kindle y con la consiguiente perdida de toda su biblioteca y de todas sus anotaciones. ¡Verdad! ¿Se podrán hacer y conservar anotaciones en un libro electrónico?
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Bibliografía

Genette, Gérard. Palimpsestos. La Literatura en segundo grado. Madrid: Editorial Taurus, Alfaguara, 1989.

Paredes, Jorge. «Los libros de Google». El Comercio [Lima] 2 de Marzo de 2008, El Dominical 4-5.
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Nota 1 (17 de Marzo del 2008):
He agregado una novena interrogante a este artículo, y gracias a los lectores que tuvieron el gesto de aportar a este espacio sus valiosos comentarios.

domingo, marzo 09, 2008

Más premios: el Blogger Sapiens Award y el Excellent Blog Award

Esta semana he sido nuevamente afortunado con dos nuevos premios.
Por un lado, desde Alemania Marta Salazar me concede el Excellent Blog Award.
Por otro lado, desde México Hilda Aguilar me concede el Blogger Sapiens Award.

Como últimamente he estado algo alejado de la blogósfera, he decidido otorgar sólo el Excellent Blog Award a blogs muy recomendables que son a los que más he visitado recientemente (aun cuando no siempre haya tenido tiempo de dejarles comentarios):

Benita Pérez-Pardo

Hilda Aguilar

Iris

Letizaida Martínez

María Isabel Guerra

Mariana

Marta Salazar (esta vez a su blog Alemania, Economía, Sociedad y Derecho)


Nota: 1

Como ya señalé, Hilda me había otorgado también el Blogger Sapiens Award; pero por una cuestión de tiempo he decidido seguir la cadena sólo con el Excellent Blog Award, porque imagino que cualquiera de estos dos premios cumple con el mismo fin, éste es: un reconocimiento a una destacable labor en la blogósfera .

Nota 2:

Algunas de mis premiados ya hace poco han recibido algunos de estos premios, así que imagino que bien podrían estar exonerados de continuar con la cadena de premios en caso de que o bien estén muy absorbidos por sus obligaciones o bien aún no estén muy familiarizados con muchos blogs para recomendarlos.

sábado, febrero 23, 2008

Una reseña mía en CinemaNet

(Fuente: Combustion)


Una reseña mía sobre la película Babel ya está publicada en CinemaNet, interesante portal español de Cine.
Por otro lado, en el siguiente foro se está dando un intercambio muy interesante sobre esta cinta. Si no participan al menos anímense a leer los comentarios, los que percibo bastante esmerados.

viernes, febrero 22, 2008

In Memoriam

José B. Adolph
Tránsito: 21 de Febrero del 2008

Nota:
Fuente de la imagen: Puente Aéreo

sábado, febrero 16, 2008

Algunas formas de anticipar el futuro

El sQuba ya habría sido anticipado en el automóvil submarino de James Bond (fuente: BBC)


Si no todos, algunos autores o artistas se han anticipado al futuro por varias razones: sea por haber tenido necesidad de metáforas; sea por haber sido atentos observadores de su época; sea por haber inspirado a los inventores de generaciones futuras

A las metáforas estos creadores las utilizaban concientemente o no para reflejar realidades o temores u obsesiones de una época. Un ejemplo de esto nos lo brinda el ensayista Roberto González Echevarría en Julio Verne, y ya sabrán por qué: «Pero a fin de escribir para un público europeo, científico o no, el viajero tenía que seguir siendo europeo, tenía que perseverar en su identidad pese a los atractivos de la naturaleza» (González Echevarría 160; mis resaltados). Y para ello «el alma, el espíritu del viajero, interpone la rejilla de clasificación entre su deseo de fundirse con su objeto de estudio y ese objeto mismo (ese objeto era la naturaleza)» (González Echevarría 160; mis resaltados y mis paréntisis). Y Julio Verne bien puede haber utilizado como metáfora a «la ventana tipo observatorio del capitán Nemo en el Nautilus, que le permite observar los raros peces y plantas de las profundidades del océano» (González Echevarría 160; mis resaltados); metáfora que reflejaría esta obsesión del explorador decimonónico para no olvidarse que era occidental y para distanciarse de y estudiar más objetivamente a los fascinantes paisajes que recorría, mediante la ventana de las taxonomías. En síntesis, si bien muy avanzado para su época aunque sea sólo en la imaginación, el submarino Nautilius finalmente no habría sido otra cosa que una metáfora de la propia época del escritor francés.

Estos creadores pudieron adelantarse al futuro también por haber sido agudos observadores de su presente, de por ejemplo investigaciones científicas que en su momento probablemente estaban en curso pero que fueron potenciadas al máximo de sus posibilidades con la imaginación. Por ejemplo, en la edición del Detroit Mirror de 4 de Octubre de 1931, Chester Gould publicó por primera vez Dick Tracy, célebre personaje de cómic que utilizaba un reloj para comunicarse; reloj que aun cuando recién actualmente ya tiene una versión en el MBW-100 (de Sony-Ericsson), no obligatoriamente habría hecho a Gould demasiado visionario. Y esto porque durante la última década del siglo XIX, el inventor Nikola Tesla (1856-1943) ya hablaba de transmitir sin alambres información y de transmitir con hilos telegráficos imágenes (detalles que a algunos los hacen presumir que este genio por aquel entonces ya habría vislumbrado la televisión y hasta los satélites ). Y entre las premoniciones de Tesla y los artefactos de Tracy (no sólo el reloj) algunos inventos patentados o no (aunque sea prototipos) debieron haber existido ya en la década de 1930 y estimulado la fantasía de Gould, digo yo.


Pero ya había señalado que los autores (aunque en el caso que citaré quizás sean los guionistas)
anticiparon el futuro también porque inspiraron a los inventores de generaciones futuras. Por ejemplo, a La espía que me amó (Reino Unido, 1977), una de las películas de James Bond protagonizada por Roger Moore, más la asocio con el hermoso Lotus Espirit color blanco, automóvil que al sumergirse en el agua cual submarino cobraba la forma de una nave espacial que no hubiera desentonado incluso en alguna reciente precuela de La Guerra de las Galaxias y que me sigue pareciendo futurista aun en el siglo XXI. Mencionó está cinta y al Lotus Espirit de Bond porque son claros referentes del sQuba, el primer automóvil submarino del mundo (algunas de cuyas características antes sólo estaban reservadas a algunos vehículos militares). El sQuba sólo podrá sumergirse a una profundidad de 10 metros, ha sido fabricado por Rinspeed y será presentado en el Salón del Motor Ginebra en Marzo del 2008. Y ¿cuánto cuesta? La verdad no lo he averiguado; por ahora no creo que esté dentro de mi presupuesto =)

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Bibliografía:

González Echevarría, Roberto.
Mito y archivo: una teoría de la narrativa latinoamericana. México: Fondo de Cultura Económica, 1998.

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Nota (Viernes 22 de Febrero del 2008):

Ya que hablamos de Julio Verne, un interesante artículo sugiere que él habría vislumbrado el Internet allá por 1863.

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Premios Arte y Pico




Según la Doctrina Jurídica Universal (1), los Estados Occidentales o influidos por la Cultura Occidental están inscritos únicamente en una de las dos grandes tradiciones jurídicas occidentales, las que son o bien la anglo-sajona y o bien la romano-germánica.

Estos Estados tienen generalmente si no todas sí al menos algunas de las cinco denominadas fuentes formales del Derecho (2), éstas son: legislación, jurisprudencia, costumbre, doctrina y declaración de voluntad (pero hecha ésta declaración bajo formalidades legales).

Y en el caso de la costumbre (el refrán reza que la fuerza de la costumbre se vuelve ley), en la blogósfera estoy notando gratamente que una está surgiendo entre los bloggers, la de otorgar premios a sus bitácoras favoritas, iniciativa que puede ser una forma de estrechar vínculos de amistad pero que con el tiempo podría madurar en algo más...

Y uno de estos premios es el Arte y Pico (fundado por la blogger uruguaya Eseya), el que he tenido esta semana la grata sorpresa de recibirlos de tres personas diferentes, de Benita Pérez Prado desde España (administradora del blog Mis Jefes Llevan Chupetes), de Hilda Aguilar desde México (administradora del blog La Cámara de las Meditaciones) y de Marta Salazar desde Alemania (del blog Alemania, Economía, Sociedad y Derecho).

Las reglas del Premio Arte y Pico son las siguientes:

1) Debes elegir a 5 blog que consideres sean merecedores de este premio por su creatividad, diseño, material interesante y aporte a la comunidad bloguera, sin importar su idioma.

2) Cada premio otorgado debe tener el nombre de su autora y el enlace a su blog para que todos lo visiten.

3) Cada premiado (a), debe exhibir el premio y colocar el nombre y enlace al blog de la persona que la ha premiado.

4) Premiado (a) y premiador (a), debe exhibir el enlace de Arte y Pico, para que todas sepan el origen de este premio.

5) Hay que exhibir estas reglas.

Dicho esto, decidí considerar las bitácoras de mis premiadoras (no sólo porque sean amigas sino también para que sean conocidas por los esporádicos visitantes de este espacio) y también la de otras personas.

Así, mis premiados con el Arte y Pico son los siguientes (aunque Letizaida es nueva en la Blogósfera y no sé cuántas bitácoras conozca):

1.- Benita Pérez Prado

2.- Hilda Aguilar

3.- Iris

4.- Letizaida Martínez

5.- Martha Salazar (en esta ocasión recomiendo su blog Conversando de Películas)



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(1) Rubio Correa, Marcial. El Sistema Jurídico (introducción al Derecho). Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica, 1996. 119.

(2) Todo mandato jurídico es producto no de la simple ocurrencia de los gobernantes sino de una serie de procedimientos especiales que varían según cada país (y según también éstos pertenezcan a una de cualquiera de las dos grandes tradiciones jurídicas occidentales ya mencionadas) y que son las llamadas fuentes formales del Derecho. Esto significa no que un estadista esté incapacitado para hacer valer su voluntad sino que puede hacerlo sólo mediante estas fuentes formales (para mayor información revisar el libro de Rubio Correa en la página 119).

El Perú por ejemplo está inscrito en la tradición romano-germánica y considera como fuentes del Derecho a la ley, y a falta de ésta a los principios generales del Derecho, y a falta de éstos a la costumbre (Artículo 139, inciso 8, de la Constitución Política Peruana).
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Nota 1 (Domingo 17 de Febrero del 2008):
Alguien podría decirme que el Perú considera como fuente de Derecho a una que no está entre ninguna de las cinco que ya señalé, ésta sería: los principios generales del Derecho. Pero, salvo mejor parecer, en realidad qué mejor fuente para buscar estos principios que la doctrina.
Y ¿qué doctrina? Aquélla que escriben por ejemplo los juristas o tratadistas para aclarar algunos vacíos o puntos oscuros en la ley. Y así tenemos juristas que se especializan en Derecho Civil, Derecho Penal, etcétera.
Por otro lado, a partir del Artículo 139, inciso 8, de la Cosntitución Peruana, inferimos que el Perú considera como la principal fuente de Derecho a la ley, y sólo supletoriamente a los principios generales del Derecho y a la costumbre.
Si bien no he revisado fuentes de Derecho Comparado, si no en todos sí en la mayoría de Estados la ley es la principal fuente de Derecho, aunque sus otras fuentes supletorias o equivalentes pueden variar.

martes, enero 29, 2008

El Gran Simón: las limitaciones también son una ventaja




Fuente: Photobucket

¿Alguna vez se han preguntado por qué no nacimos perfectos? ¿Por qué tenemos tales o cuales defectos? ¿Qué sentido tienen? Y si tal vez están predestinadas a ser verdaderas ventajas en el lugar y momento oportuno. Desde la perspectiva de dos niños próximos a la pubertad, estos temas me sugirieron la película El Gran Simón (U.S.A., 1998); película que entiendo en otras latitudes la conocen como El inolvidable Simon Birch o Simon Birch.

Simon Birch (interpretado por Ian Michael Smith) y Joe Wentworth (interpretado como niño por Joseph Mazzello y como adulto por Jim Carrey) son dos menores que tienen en común el sentirse distintos en su pueblo por razones diversas: Simon tiene el Síndrome de Morquio y padece por tanto un enanismo y deformidad que se traducen sin embargo en un peculiar carisma sobre todo para con los niños; Joe es hijo natural de Rebecca (Ashley Judd) y desconoce a su padre.

Simon y Joe habitan una localidad cuyos residentes son conservadores más por una moral burguesa en la que muchas veces escrúpulo y virtud se desdibujan en prejuicio e ignorancia. En otras palabras, hablamos del típico pueblo que se aferra a las buenas maneras no tanto por convicción como por preservar las apariencias por pánico a las habladurías.

En este contexto, si bien no está en los roles protagónicos, Rebecca es un personaje interesante. Ha sido algo estigmatizada en aquel pueblo por ser madre soltera. Y por razones que ya se irán develando a lo largo de la cinta, ella no le dice a su hijo quién es el padre. No obstante, es desprejuiciada pero en un sentido positivo: tiene la capacidad de sobreponerse a las presiones sociales y maledicencias para continuar con su vida, sacar adelante a Joe y aproximarse a Simon con mucha naturalidad para darle afecto trascendiendo su aspecto físico y haciéndolo olvidar cuán diferente es.

Más aún, paradójicamente, por esa suerte de estigma que sufre, ella pareciera ser más humana que muchos en aquella localidad y haber agudizado más su sensibilidad. De allí que sabe cómo entender a Simon y cómo hacerlo sentir bien, al punto de casi representarle una madre sustituta, mientras el resto del pueblo y hasta el propio Reverendo Russell (David Strathairn) no pueden mostrar por aquel pequeño más que conmiseración o condescendencia, sentimientos que lejos de equivaler a aceptación o cariño, aumentan más todavía las barreras aunque disfrazándolas de falsos respetos o de amabilidad.

Por su parte, Simon no ignora que es distinto y que lo ven como distinto. Incluso, su padre no se esfuerza en disimularle el rechazo que le tiene. Por ejemplo, en una escena, muestra un abierto desinterés cuando el pequeño lo llama por teléfono para explicarle que todavía no ha llegado, a pesar de ya ser muy tarde, porque está en casa de Joe.

Como si fuera poco, a Simón el propio Reverendo Russell trata de desalentarlo de grandes aspiraciones. ¿Es que acaso aquel niño con Síndrome de Morquio no se da cuenta de sus limitaciones y de sus deficiencias físicas? ¿No sería mejor que fuera más conformista? ¿Eso no lo libraría de posteriores decepciones?

Sin embargo, Simon tiene la serena certeza de que ha nacido para un propósito en esta vida, para algo grande… Esto no significa necesariamente que él haya perdido la perspectiva de la realidad o que esté soñando con aventuras extraordinarias para compensar sus carencias. El pequeño sí es un soñador, pero es muy conciente de sus limitaciones y tiene los pies bien puestos en la tierra. Él es optimista sobre todo porque sea cual fuere la misión para la que haya nacido, esa misión por más modesta que sea, debe ser muy grande al ser valorada no por su espectacularidad sino por su significado.

Así, en este film observamos que cuando tenemos certeza de haber venido con un fin a este mundo, nuestras mayores limitaciones y adversidades cobran un mayor sentido y nuestra vida asume novedosas perspectivas del mundo que nos hacen tomar derroteros muy distintos que cuando sólo nos abandonamos al escepticismo.

De allí que esa sola certeza tiene repercusiones muy concretas en el presente y en nuestras conductas y decisiones más cotidianas, las que en su conjunto forjan un gran destino.


Al final de la película, gracias a Simon, aprendemos la importancia de reconciliarnos con nosotros mismos (con los que nos gusta y con los que nos disgusta de nuestra identidad), pues sólo entonces descubrimos que incluso nuestros mayores defectos (sean éstos físicos o incluso psicológicos) siempre han sido verdaderas virtudes que sólo necesitan el momento y lugar adecuado para ser canalizadas… Y aquel niño sabe que conservando esa convicción recién será capaz de asumir misiones que solo él y más nadie será capaz de realizar.

Y esto porque si cada uno de nosotros somos seres únicos e irrepetibles, entonces también existen tareas únicas e irrepetibles a las que únicamente nosotros estamos llamados. Todo esto podemos o creerlo o no, pero por el personaje de Simón comprendemos que esa sola certeza tendrá desde ya consecuencias muy concretas en nuestra vida y aun en nuestros actos más cotidianos…

Y estas tareas pueden ser no impactantes pero quizás sí muy trascendentes. Y esto porque muchas veces podemos impactar sin trascender o podemos trascender sin impactar, reflexión que no pretende ser un ejercicio de retórica, dado que hasta nuestros actos más modestos (y totalmente desapercibidos para el común de los mortales) pueden tener alcances y efectos de lo más inesperados y eficaces, cual explosión cuyas ondas expansivas ignoramos hasta dónde podrían llegar. Con una madurez bastante precoz, el pequeño Simón intuye todo esto.

Y ¿habrá nacido aquel jovencito con un propósito en esta vida? ¿Lo encontrará? ¿Cuál será? Averígüenlo… Esta producción es muy recomendable…

Datos de la película

El Gran Simón. Guión de Mark Steven Johnson. Dirección. Mark Steven Johnson. Actores. Ian Michael Smith, Joseph Mazzello, Ashley Judd, Oliver Platt, David Strathairn, Dana Ivey, Beatrice Winde, Jan Hooks, Cecilley Carroll, Sumela Kay, Sam Morton, Jim Carrey, John Mazzello. Hollywood Pictures / Caravan Pictures, 1998.
Nota (Sábado 2 de Febrero del 2008):
Esta reseña ya se encuentra publicada en CinemaNet

martes, enero 15, 2008

Algunas de mis reseñas cinematográficas en CinemaNet

(fuente: CinemaNet)

Quería compartirles una grata noticia. CinemaNet es una asociación ubicada en Barcelona. Según indica en su portal, su apuesta es «por un cine inteligente» y «nació en el año 2003 a partir de una agrupación de aficionados al cine del mismo nombre que existía desde hacía siete años en el seno del Grup d'Entitats Catalanes (GEC) de la Familia y que pasó a tener entidad jurídica propia y amplió su campo de actividad desde Cataluña a toda España».

Esta entidad promueve en el país ibérico: por un lado, la Muestra Internacional de Cine sobre la Familia; por otro lado, los Premios Cinematográficos 'Familia' (Olas de Oro); por otro lado, los Premios 'Rovira Beleta' de Guiones de Cortometrajes.

Asimismo, ellos colaboran con los Premios Jóvenes Productores e impulsan actividades como cine-forums, conferencias, debates y estudios sobre cine.

Juan-Luis Valera, administrador de este portal, tuvo el gesto de invitarme a participar como colaborador, por lo que de ahora en adelante algunas de mis reseñas cinematográficas en esta bitácora también serán publicadas en dicho espacio.
Nota 1 (17 de enero):
La imagen de este post fue cambiada por una considerada más indicada por la administración de CinemaNet
Nota 2 (17 de enero)
Confirmo complacido que algunos eventos organizados por CinemaNet tienen cobertura en importantes medios españoles, tales como Terra, La Vanguardia , ABC, el portal del Ayuntamiento de Barcelona, etcétera.
Nota 3 (19 de enero)
Una de mis reseñas de cine ya está en CinemaNet. Es un texto publicado hace poco en esta bitácora sobre la película francesa Mi mejor amigo

jueves, enero 10, 2008

Mi mejor amigo: cómo aprender algo muy difícil por ser muy elemental

(fuente: El Séptimo Arte)


Mi mejor amigo (Mon Meilleur Ami, Francia, 2006) es una película de la que lo único que sabía antes de visionarla era que había sido seleccionada oficialmente en el Festival Internacional de Toronto 2007.

El film es una comedia para toda la familia. Pero lo de comedia es un decir porque ésta más que reír nos hace sonreír. Su riqueza está en los diálogos que más que graciosos son amenos pero para hacernos reflexionar.

Los actores son sobrios y naturales. No son propiamente comediantes (lo que no significa que carezcan de talento) sino se desempeñan como tales por las situaciones y la misma dinámica en que los coloca el excelente guión…

François (Daniel Auteuil) es un acaudalado anticuario de unos cincuentaitantos. En una cena comenta sorprendido sobre los pocos asistentes a un velorio que hacía poco había asistido. Alguien le advierte que probablemente serían más de los que acompañarían a François o a cualquier de los presentes en caso de que fallecieran.

El anticuario se escandaliza. ¡Qué va! Si él tiene muchos amigos. Sólo era cuestión de que revise su agenda y los tendrá para escoger. Su socia Catherine (Julie Gayet) no le cree nada y le hace una apuesta: si en diez días él no le presenta un amigo verdadero, ella se quedaría con un valioso jarrón.

En este punto François descubre que lo que siempre había tenido eran socios y conocidos y clientes y contactos pero no amigos. No es un mal hombre. Tampoco es como el intimidante Señor Scrooge del cuento navideño de Dickens. Pero en su vida lo único que había aprendido a hacer eran negocios, no amigos.

Entonces asiste a una charla de autoayuda y a alguna librería para averiguar cómo hacerse de un auténtico amigo.

Un día conoce a Bruno (Dany Boon), taxista con una memoria enciclopédica y con el sueño de algún día participar en un programa concurso donde pueda desplegar sus talentos. Sin embargo, Bruno siempre ve truncas sus aspiraciones porque sus nervios siempre lo terminan traicionando y bloqueando en los castings a los que se presenta.
El taxista tiene limitaciones que son empero compensadas ampliamente por sus virtudes. Es sencillo, algo tímido y sensible y asombra por su ingenuidad. En algún momento nos enteramos que su esposa lo abandonó por irse con otro. Pero él tiene la simple y maravillosa cualidad de saber hacer amigos; cualidad que François envidia y que quiere aprender del taxista, al que por eso contrata para le dé un curso intensivo.

Pero Bruno tiene una fórmula muy simple a la que denomina de las Tres S: sinceridad, sonrisa y simpatía.

Y quiero destacar la sinceridad. Él no miente a las personas y sí les dice lo que piensa de ellas, incluso sus errores, aunque sin jamás ofenderlas. No es el hombre más carismático del mundo. Pero es honesto y transparente y los demás así lo perciben. Y por eso tiene facilidad no únicamente para hacer amigos sino además para conservarlos. Más aún, si a alguien halaga, no lo hace mintiéndole sino más bien resaltándole aquellos talentos que ya de por sí tenía y que quizás nadie había notado.

François descubre así que en teoría la fórmula de las Tres S es muy fácil; el desafío es llevarla a la práctica. ¿Aprenderá en tan poco tiempo a hacer amigos para llevar aunque sea a alguno a su socia y así ganar la apuesta?

El film nos plantea varias cuestiones: primero, quizás todos creemos querer dinero y ser admirados pero ignoramos que en el fondo sólo queremos ser queridos; segundo, qué tan capaces somos de tener un amigo puro y simple con el que tal vez hasta no haya ningún interés en común y al que no podamos considerar ni socio ni conocido ni contacto…

Formularnos estos temas puede parecernos hasta infantil, pero la lógica de esta película nos hace vislumbrarlos con cierta complejidad para entender así que a veces hay cosas que para aprenderlas resultan más difíciles por lo mismo de ser muy elementales…

En algún momento se brinda una cita de El Principito que puede servir de clave de lectura de esta producción gala:

-Ciertamente –Dijo el Zorro-. Para mí tú no eres aún más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no tengo necesidad de ti. Y tú tampoco tienes necesidad de mí: yo soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero si tú me domesticas, tendremos el uno necesidad del otro. Serás entonces el único del mundo para mí. Yo seré también para ti el único en el mundo (De Saint-Exupéry 67; mis destacados)


François tiene el problema de que sólo quiere domesticar y ser el único para el otro pero no quiere ser domesticado ni que el otro le sea único… En otras palabras: quiere los beneficios pero no las exigencias de la verdadera amistad

Y ¿la cinta? Muy recomendable. Y para todo público…

Datos de la película:

Mi mejor amigo. Guión de Olivier Dazat, Patrice Leconte, Jérome Tonnerre. Dirección. Patrice Leconte. Actores. Julie Gayet, Daniel Auteuil, Danny Boon, Marine Laporte, Titouan Laporte, Henri Garci, Pierre Aussedat. IFC Films, 2006.


Bibliografía:

De Saint-Exupéry, Antoine. El Principito. Lima: Librería, importadora, editora y distribuidora Lima S.A., ¿año?

miércoles, enero 09, 2008

El Custodio

Cuando lo peor es no existir (fuente: Diversica)

Habrá sido hace unos dos o tres años cuando un amigo sacerdote se hospedó por unos días en mi casa. En alguna ocasión, en la cuadra en donde vivo, él observó a un vigilante y me hizo un comentario que textualmente no lo recuerdo pero que encerraba la siguiente idea: que en ese oficio era casi sintomático las depresiones o las crisis existenciales (y no precisamente por los peligros). .

En su momento no entendí todo el sentido de esas palabras aunque imaginaba que el religioso sabía de qué hablaba. Finalmente, percibía muy ignorante yo, el de guardián o el de huachimán (como se dice en Lima por corrupción local del anglicismo watchman) era un trabajo indudablemente riesgoso y poco reconocido pero por lo demás relativamente fácil, pues la mayor parte del tiempo quien lo ejercía parecía ganarse el sueldo sólo por el mero hecho de estar parado (y recalco: parecía). A lo sumo, su mayor problema sería el aprender a lidiar con el aburrimiento.

Supe cuán inconciente era de una realidad frente a mis propias narices, recién gracias a una película no sobre un vigilante sino sobre alguien con una profesión análoga…

La cinta El Custodio (Argentina - Francia – Alemania - Uruguay, 2006) es árida y monótona, rasgos que son más acentuados por un registro de documental y de implícita denuncia social y que paradójicamente despiertan interés al reflejar exactamente las vivencias de Rubén (Julio Chávez), el protagonista, en su trabajo como guardaespaldas de Artemio (Osmar Núñez), ministro de Planeamiento de la Nación.

Aparentemente Rubén tiene un oficio que sólo lo obliga a seguir a su custodiado por todos lados y a esperarlo durante interminables jornadas.

Pero, intuyo, lo más difícil para él es no la tensión por lo peligros inherentes a su oficio, sino la capacidad que debe desarrollar para ser indiferente a todos; para serles indiferentes; para ser invisible y no existir mientras no lo necesiten; para no exteriorizar sentimientos y no dialogar ni con otros colegas(al menos no más de lo necesario); para resignarse a que un día será exactamente igual al siguiente y a los posteriores.

Sospecho, la indiferencia entre los custodios responde no únicamente a una disciplina propia de la labor y ya incluso muy arraigada por un posible pasado militar, sino también a una suerte de mecanismo de defensa, esto es: cuanto menos se involucre uno con un colega, menos sentirá o lo extrañará en caso que muera o que resulte herido…

Rubén es siempre tratado amablemente por el ministro, quien empero conversa o se queda dormido frente al televisor o actúa en última instancia como si su guardaespaldas fuera parte del mobiliario o no existiera…

El argumento del film nos sugiere que aquel custodio en realidad es alguien que tal vez pudo haber dado para más en la vida: por un lado, ejerce su afición al dibujo con cierta discreción y talento (y no lo hace mal pues hasta su empleador ha detectado eso); por otro lado, por un colega suyo vislumbramos que en un pasado nunca revelado pudo haber llegado muy lejos.

El protagonista tiene una rabia y frustración muy contenidas de las que sabemos por ser no explicitas sino ya muy latentes aun cuando rara vez se exterioricen y más por algún descuido

El final es inesperado aunque comprensible (mas nunca justificado), de una forma sórdida, y tácito, por alguna extraña razón, en la lógica del argumento, dadas además la particular rutina y el temperamento del personaje, quien parecía harto no de los riesgos propios de su oficio sino de simplemente no existir…

El Custodio cuenta con galardones como el Sundance 2005 por el mejor libreto latinoamericano o como el premio Alfred Bauer en el marco del Festival de Berlín 2006. La cinta merece verse.

Datos de la película

El custodio. Guión de Rodrigo Moreno. Dirección de Rodrigo Moreno. Actores. Julio Chávez, Osmar Núñez, Marcelo D’Andrea, Elvira Onetto, Cristina Villamor, Luciana Lifschitz, Osvaldo Djeredjian, Guadalupe Docampo, Julietta Vallina. Rizoma Films-Ctrl Z Films-Pandora-Charivari Films-Ibermedia, 2006.

Para mayor información visiten este enlace de Cinencuentro