sábado, octubre 04, 2008

¿Percibir más allá de la consciencia?

Fuente: Allocine.fr

Estamos en 1968. Dorothy Retallack, organista y soprano norteamericana, realiza en su habitación un experimento que durará ocho semanas: a unas plantas las divide en dos grupos y enciende paralelamente dos radios, la primera sintoniza música clásica y la segunda Rock. 

¿Los resultados? Las plantas expuestas a la música clásica crecieron en dirección al aparato y las expuestas al Rock lo hicieron en dirección opuesta. 

II 

Aun cuando no puedan pensar (al menos hasta donde yo sé), si las plantas no son precisamente objetos inertes y hasta manifiestan mayor predisposición o rechazo a ciertos géneros musicales, entonces con mayor razón nosotros los humanos deberíamos conservar algunas facultades todavía latentes incluso en los más severos casos de inconsciencia (como el coma); facultades que nos harían quizás ya no sentir pero sí siquiera absorber como esponjas del mundo exterior estímulos diversos tales como la calidez o la frialdad de los demás; estímulos que en tal estado siempre interiorizaríamos aunque por formas todavía muy enigmáticas para quienes suelan ser muy cerebrales incluso para entender los afectos.

III 

Y ¿a qué vienen tantas reflexiones sobre estas percepciones más allá de la consciencia? No he sido influenciado por lecturas ni metafísicas ni vinculadas a fenómenos paranormales o extra sensoriales. He sido influenciado más bien por una película muy entrañable que ya tiene algunos años pero que vale la pena analizarla; película donde existen protagonistas que no necesitan de experimentos científicos ni teorías rebuscadas para comprender algo muy sencillo, esto es: aun cuando adolezca de un mal como el Alzheimer, un ser querido merece gestos que siempre podrá disfrutar de una u otra manera, y para tales efectos cualquier esfuerzo nunca será vano. 

Y ¿la cinta en cuestión?, El hijo de la novia (Argentina, 2001). 

IV 

Por su temática, esta producción hubiera sido perfecta para dedicarla a toda la familia; sin embargo, los guionistas quizás prefirieron un cuadro plagado de claroscuros, para que el amor filial y familiar se libraran de lugares comunes y de resabios empalagosos y tuvieran planteamientos apelantes incluso dentro de las relaciones más disfuncionales y dentro de un público más maduro y curtido.  

No obstante, si habrían tenido estas pretensiones, dichos guionistas bien pudieron haber utilizado medios distintos de aquellos como ciertos exabruptos o como expresiones algo bruscas que dificultan a este film volverse familiar en un sentido estricto y que causarían interferencias en la recepción del mensaje por un público infantil (aunque sobre este punto podría hacer concesiones y ya seguiré profundizando) 

No obstante, si estamos en nuestros treintas o cuarentas, tal vez requeriríamos de un argumento no como los de la factoría Disney sino como los de esta cinta, la que es sublime pero que está sazonada con unas bien calibradas dosis de banalidad y de aspereza y de humor, para salvarnos sí de sensiblerías pero no de mirarnos mediante los ojos paternos y maternos con un tierno remordimiento que vuelve inevitable cierto nudo en la garganta. 

Definitivamente: esta historia nos obliga a un balance sobre nuestra vida para interrogarnos ya a cierta edad qué tanto a nuestros progenitores los hemos hecho sentirse orgullosos o defraudados en sus expectativas (en parte, este film bien podría interpretarse como una crisis de los cuarenta aunque desde la óptica de los padres; como una forma de medir el éxito o el fracaso de una vida adulta teniendo como referente no a la sociedad sino a la familia: escrutinios difíciles no tanto por drásticos como por conmovedores). 

V 

Hablo de un cuadro plagado de claroscuros por diversas razones: por un lado, el argumento y los sujetos resultan muy humanos justamente por ser a la vez afectuosos y rudos y cómicos y dramáticos; por otro lado, existen en los libretos líneas enternecedoras pero alternadas con otras algo zafias por estar matizadas con el típico desenfado bonaerense. 

Aunque tampoco se llega a abusar de estos recursos, mérito que yo atribuiría en parte a una edición muy hábil para equilibrar facetas diversas y hasta contradictorias en personajes cuyas irreverencias nunca opacan a sus virtudes y contribuyen más bien a un aire de localismo y de autenticidad. 

VI 

Por ejemplo, Rafael (Ricardo Darín) es hosco y agresivo, el típico porteño barrial que emocionalmente sigue siendo un muchacho matoncito pero que cronológicamente ya está en los cuarentipocos, rasgos más marcados aún por un constante estrés. 

Sin embargo, precisamente por esas imperfecciones, en él el cariño y la lealtad son más connaturales pero no siempre tan evidentes… Rafael nos brinda los mismos sentimientos encontrados que un Pedro Picapiedra contemporáneo, a quien increparíamos aunque disculpándolo y comprendiéndolo y hasta teniéndole simpatía. 

Al parecer, nuestro sujeto anteriormente habría sido considerado un bueno para nada (esto lo percibimos en alguna parte del film). Empero, en algún momento, cuando ya un jovencito precisamente no era, él empezó a conocer un relativo éxito, innovando el restaurante familiar (el cual posee finanzas algo desorganizadas, aunque conserva cierta clientela y cierto atractivo para compradores con mayor peso en el mercado, aspecto en el que la crisis económica argentina bien podría ser un telón de fondo).  

Entonces, al fin, este personaje creyó que algún logro podría exhibir a su madre, Norma (Norma Aleandro), quien no obstante ya no pudo gozarlo, pues empezó a padecer el mal de Alzheimer

VII

Aunque en su vida personal, Rafael es más bien mediocre a todas luces: tiene ya un divorcio a cuestas y no asume un gran compromiso en su nueva relación con Naty (Natalia Verbeke). Y si se esmera en atender a su hija, Viky (Gimena Nóbile), es acaso porque por el afecto de la niña está compitiendo también la ex esposa, Sandra (Claudia Fontán). 

Nuestro personaje no es malo, pero tiene una vida tan desordenada como sus finanzas y se siente desbordado por las preocupaciones, y de allí que no tiene cabeza para aquilatar a su familia y para corresponder a todo el afecto que le brindan. En otras palabras, él no se niega a dar afecto, pero no se posee a sí mismo y está fuera de sí por presiones diversas, y quien no se posee lo suficiente no puede entregarse lo suficiente a los suyos. 

No obstante, Rafael siente cuestionada su vida sentimental por un gran referente: su padre, Nino (Héctor Alterio) 

VIII

Nino interpela a su hijo no recriminándolo sino dándole un ejemplo discreto: él insiste en acudir a un geriátrico para ir a ver diariamente a su esposa, aun cuando ella no tiene cabal conciencia de quién la está visitando. 

Sin embargo, el anciano guarda un cierto remordimiento. 

En su juventud, asumió ciertos ideales que le impidieron aceptar el matrimonio religioso. ¿Un agnóstico? ¿Un librepensador con visos anticlericales? Este punto no queda del todo esclarecido. En todo caso, él convivió muchos años con Norma sin haberla desposado por la Iglesia. 

No obstante, ya en los últimos años de su vida, Nino va vislumbrando más claramente cuánto debieron haberlo amado, para que su pareja renunciara a la máxima ilusión de cualquier chica de barrio: dejar su casa estando vestida de blanco. 

Por tal motivo, el anciano tiene ese peso en su conciencia y desea resarcirse casándose con ella. Empero, Rafael se opone: que su madre ya ni cuenta se dará de esas nupcias; que su padre mejor invierta su dinero en pasearse por Italia… 

Pero Nino está dispuesto a hacer esa inversión pues tiene un pálpito: en algún remoto rincón de su mundo interior, Norma disfrutará de ese matrimonio, aprehendiéndolo si no por la inteligencia sí por alguna de esas facultades siempre latentes aun en plena enajenación mental; facultades que ya sugerí al principio y con las que aquella mujer pareciera seguir reconociendo a sus seres queridos. 

Al menos, dada su magnífica actuación, la Aleandro persuade hasta al más escéptico de una realidad, a saber: el discernimiento puede haberse perdido, pero el corazón siempre seguirá latiendo e impregnando e impregnándose de cariño mientras haya vida. 

Y Nino no necesita de argumentos médicos o científicos para saber todo eso. Simplemente lo sabe… Y eso lo lleva a realizar cualquier sacrificio para conservar la ilusión de unas nupcias en la tercera edad. 

Y él ¿conseguirá formalizar su relación? ¿La Iglesia consentirá ese matrimonio a pesar del estado de ella? Rafael ¿logrará convencerse del presuntamente descabellado proyecto de su padre? Si no han visto este film, les dejo estas intrigas… Y si ya lo han visto, vuelvan a intrigarse… 

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Bibliografía 

El hijo de la novia. Guión de Juan José Campanella y Fernando Castets. Dirección. Juan José Campanella. Actuaciones. Ricardo Darín, Héctor Alterio, Norma Aleandro, Eduardo Blanco, Natalia Verbeke, Gimena Nóbile, David Masajnik, Claudia Fontán, Atilio Pozzobón, Salo Pasik, Humberto Serrano, Fabián Arenillas. Pol-Ka Producciones, Patagonik Film Group, Jempsa y Tornasol Films, 2001. 

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Sobre Dorothy Retallack y su experimento con las plantas, la información consultada pertenece a la siguiente fuente: 

« ¿Las plantas sienten?».Perú 21 [Lima] 9 de Octubre del 2006. 

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martes, septiembre 30, 2008

El Bovarismo de la Bovary

Una original caricatura de Gustav Flaubert, autor de Madame Bovary. Ilustración: Loredano. Fuente: El Boomeran (g)


Madame Bovary (1857) es una novela que aborda el adulterio pero que no debe ser reducida solamente al adulterio, tema quizás más resaltado debido en parte a que este libro ni bien lo publicaron fue empañado por el escándalo, al punto que tanto Flaubert como su editor enfrentaron un proceso legal en el que fueron acusados de inmorales pero del que terminaron absueltos… Aunque aun así esta obra siguió siendo estigmatizada durante mucho tiempo. 

Sin embargo, desde que la han considerada una de las mejores de Gustave Flaubert (1821-1880) y de la Literatura Francesa, esta novela definitivamente importa por mucho más que simples triángulos y cuadrados amorosos en la provincia francesa. Y de ser así, Emma Bovary merecería otras lecturas distintas de aquellas sesgadas que solo enfocan la imagen de la esposa infiel. Y ¿cuáles serían esas otras lecturas? Veamos 

II 

Antes que nada, esbocemos un breve itinerario de cómo Emma va decepcionándose de su relación. 

Ni bien casada con Charles Bovary, la protagonista no experimentaba el amor tal y como se lo prometían sus lecturas adolescentes: «Emma intentó saber entonces lo que se entendía exactamente en la vida con las palabras felicidad, pasión o embriaguez, que tan bellas le habían parecido en los libros» (Flaubert 66). 

Ni bien casada también, nuestro personaje ya comenzaba a sospechar que quizás amor propiamente nunca había sentido por su ahora esposo: «Antes de casarse había creído estar enamorada, pero como no había llegado para ella la felicidad resultante de aquel amor, pensaba que seguramente se había equivocado» (Flaubert 66; mis destacados). 

Y en páginas posteriores, en el transcurso de su matrimonio, ella llegó a un punto en que ya ni siquiera se cuestionaba qué era lo que precisamente sentía por su pareja: « (Emma) no se preguntaba si realmente le quería (a Charles)» (Flaubert 146; mis paréntesis). 

En definitiva, el amor simplemente nunca se había manifestado con los síntomas que la Bovary siempre había soñado: «El amor –creía ella- debía llegar repentinamente entre grandes relámpagos y esplendores, como una tempestad de los cielos que cae sobre la vida, la trastorna, arranca las voluntades como si fuesen hojas y arrastra al abismo el corazón entero» (Flaubert 146; mis paréntesis y destacados). 

En síntesis: la protagonista llegó a observar con mucha lucidez el contraste entre su gris vida conyugal y sus amores de ensueño, motivo de gran insatisfacción que se buscó evadir de una manera: la infidelidad, pero no nos adelantemos… 

III 

Algo debemos destacar: aunque a ella no precisamente la presionaron, su compromiso nupcial por lo menos estuvo condicionado o inducido (por esas sutiles formas en las que suelen operar las presiones sociales); sin embargo, bajo cualquier punto de vista, la Bovary tenía poco o ningún margen de libertad en aquel matrimonio, ya decidido de antemano por el señor Rouault (padre de nuestra protagonista), en quien más pesaba la conveniencia económica que la idoneidad de su candidato a Yerno: «Ciertamente, (el señor Rouault) le encontraba un poco mequetrefe (a Charles) y no era el yerno que hubiera deseado; pero se decía que observaba buena conducta, era ahorrativo, muy instruido y sin duda no regatearía demasiado sobre la dote» (Flaubert 52; mis paréntesis). 

Si Emma era una mujer muy imaginativa y sensible y Charles muy rutinario y reposado, pues era más que previsible eso que ahora acostumbra a denominarse incompatibilidad de caracteres… 

Incluso, en una pareja dos personas pueden ser opuestas; pero muy armónicas y complementarias, pues un cónyuge puede emitir frecuencias tal vez distintas que sin embargo el otro cónyuge  siempre podría sintonizar; frecuencias inexistentes en los Bovary. 

IV 

Como ya habíamos indicado, la protagonista iba observando con mucha lucidez el contraste entre su gris vida conyugal y sus amores de ensueño; lucidez más agudizada aún por una gran sensibilidad e inteligencia y creatividad… 

Por tanto, en aquella mujer, la vida real era más gris que la del promedio; las fantasías más agitadas también que las del promedio. Entonces, ambos polos jalaban en direcciones opuestas, y Emma vivía así una tensión que ignoraba cómo resolver y que la hacían sentirse fracturada y que ya resultaba insostenible: ante tales circunstancias, las infidelidades se tornaron en una forma de evasión… 

Y ojo: únicamente deseo comprender a esta mujer y no centrarme en el adulterio ni justificarlo; más bien, en aquella dama el adulterio era sólo un síntoma de otros problemas que estaban en el fondo y que pasaremos a analizar. 

V

Una verdad de Perogrullo: nosotros siempre sentiremos un contraste entre nuestras locas ilusiones y el mundo verdadero;  contraste al que todos no toleramos con igual fortaleza ni percibimos con igual claridad… 

Algunos somos más sensibles y otros más prácticos y por eso es muy variable nuestra capacidad de tolerar la frustración ante tal contraste; capacidad que dependerá de qué tanto estemos pisando tierra. Y esto sugiere en nosotros una tensión constante y no mala en sí misma según como la resolvamos, esto es: debemos ser realistas pero tampoco por eso debemos renunciar a soñar

VI 

Y ¿qué sucede si en mayor o menor grado la realidad ya nos resulta insoportable? 

En tal supuesto, podríamos no buscar solución alguna sino  recurrir a evasiones que en casos extremos podrían degenerar ya en una severa alienación: aunque debe diferenciarse entre evasión y alienación. 

Las evasiones en sí mismas no son malas: las recreaciones diversas son evasiones que nos hacen descansar de nuestra rutinaria vida, con la que no obstante nunca debemos perder contacto, pues al mundo exterior siempre hay que tenerlo como referente, pues de lo contrario ya caeríamos en la alienación. 

Y es que la alienación ya sería una evasión tan radical que equivaldría a una fuga total de la realidad; fuga con ribetes ya patológicos en casos muy drásticos, de allí que en un sentido coloquial hablar de locos y de alienados mentales nos parezca casi lo mismo (pero este punto prefiero ya dejárselo a Freud o a Lacan). 

Sin embargo, cuando menos nos aceptamos (dada una baja autoestima), cuando menos nos reconciliamos con nuestra realidad (no siempre cruda ni siempre bella pero siempre alejada de nuestras más afiebradas fantasías), pues podríamos buscar evasiones gradualmente más intensas y/o fuertes que bien podrían derivar en la ya apuntada alienación o que bien podrían ser hasta auto-destructivas, tales como por ejemplo las drogas o el alcohol o el sexo por el sexo o la violencia (como la de las pandillas o los grupos subversivos o hasta fundamentalistas) o la infidelidad conyugal, caso éste último referido precisamente al de Emma Bovary…  

Aunque lo anteriormente escrito ya se referiría al peor de los escenarios, pues aun cuando todo lo veamos muy oscuro, siempre puede haber soluciones, así que sigamos leyendo. 

VII 

Nuestra vida a veces podría parecernos muy cruda o tediosa, y si la contrastáramos con nuestros anhelos más bellos, probablemente acabaríamos amargados, situación ante la cual no hay fórmulas generales aunque algunos criterios pueden ensayarse. 

Para empezar, a la realidad tal cual todos debemos aceptarla, y esto no significa caer en el abandono y la apatía, pues si de algo sirven los sueños no desvariados sino legítimos es justamente motivarnos a cambiar en este mundo sólo aquello humanamente posible con un ánimo no de resignación sino de reconciliación: la resignación podría conducirnos a terminar estando muy disgustados con la vida; la reconciliación consiste en buscarle algún sentido al mundo para saber cómo enfrentarlo y para así aligerar nuestras tristezas. 

Por otra parte, en ese mismo espíritu de reconciliación, debemos aceptarnos a nosotros mismos con nuestras fortalezas y debilidades, porque para cambiar aquello humanamente posible, debemos primero diferenciarlo de aquello ya humanamente imposible, y así poder aceptar al mundo como es, para poder recién cambiarlo, aunque de una forma más realista, algo que nos dará hasta más serenidad, porque si algo podemos modificarlo para qué preocuparnos y si algo no podemos modificarlo para qué preocuparnos, tal y como reza un viejo refrán. 

Muchas veces nos resentimos con el mundo, porque no toleramos aquello imposible de cambiar: acaso una forma de no querer admitir cuán limitados somos; acaso también una forma de ser orgullosos… 

VIII 

No pretendo presentar a la Bovary ni como heroína (aun cuando me simpatice y Flaubert me tiente a percibirla así) ni como víctima ni como pecadora ni como alienada. Quizás ella tenga a la vez todos esos rasgos pues sería simplemente humana y un espejo en el que finalmente todos podríamos reconocernos. 

Y esto porque tanto hombres como mujeres (y de todo tiempo y lugar) somos un poco como Emma y experimentamos esa tensión entre nuestro mundo ideal y nuestro mundo verdadero; tensión no mala en sí misma según cómo la resolvamos. 

Al igual que la protagonista, todos tenemos vacíos, aunque la diferencia está en cómo los llenemos o en que siquiera las evasiones buscadas sean creativas o hasta edificantes y no nocivas… 

Nuestros sueños pueden ser muy hermosos pero ¿qué costo tendrán para nuestros seres más cercanos y para los otros en general y hasta para nosotros mismos? Sí: siempre hay un costo cuando no se acepta la realidad. 

Por ejemplo, Emma tenía una insatisfacción muy comprensible y era muy inteligente y sensible e imaginativa y percibía por eso con mucha nitidez su estado y su frustración, aunque no vio el cuadro completo ni previó por tanto el daño directo o indirecto que acabó ocasionando a Charles y a su hija, Berta. 

Y esto porque la sensibilidad es a veces un arma de doble filo: podría afinar nuestros sentidos aunque obnubilándonos; podría ser como un telescopio que a veces nos hace enfocarnos muy nítidamente en un punto pero que también nos impide ver el cuadro completo. 

Basado en este personaje de ficción, el psicólogo francés Jules Gaultier acuñó el término Bovarismo, al que define así: «la evasión en lo imaginario por insatisfacción» (cit. en Vélez Sierra 124-125). Aunque él a este concepto lo calibra con más precisión: «La distancia que existe en cada individuo entre lo imaginario y lo real, entre lo que es y piensa que se es» (cit. en Vélez Sierra 125). 

Como repito, con esto no insinuó que Emma hubiese tenido problemas psicológicos o algo así. Más bien, todos adolecemos de Bovarismo en mayor o menor grado y podríamos eventualmente estar tentados a evasiones diversas y no siempre saludables; evasiones entre las que no estarían solamente la infidelidad conyugal. 

Y esto porque si algo quiero volver a sugerir en este trabajo es lo siguiente: en nuestra protagonista el adulterio es sólo la punta del iceberg de una serie de vacíos de los que finalmente nadie está librado 

Así, el reto que todos tenemos en esta vida es cómo lidiar eficazmente con nuestro Bovarismo, pues en cierto sentido: todos somos un poco Madame Bovary, al margen de nuestro sexo y no porque necesariamente seamos adúlteros...

 

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Bibliografía: 

Vélez Sierra, Nelly. «En los 150 años de Madame Bovary, 1857-2007. Diseño de un personaje: Madame Bovary». Pensamiento y cultura [Vol. 10] (2007): 123-137 

Flaubert, Gustav. Madame Bovary. Madrid: Ediciones Nájera, 1983. 439 páginas.

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viernes, septiembre 19, 2008

Más novedades del Centro Cultural de España

El Centro Cultural de España  anuncia a los ganadores de la primera edición del concurso Premio Poeta Joven del Perú 2008. Mayor información aquí.

miércoles, septiembre 10, 2008

¿La envidia es una vocación desdibujada?

Fuente: monitos.pcelectronica.cl

Por Martín Palma Melena

Recientemente disfruté de la película Fuga (Chile, 2006). Y me hizo pensar en lo tan diferentes como complementarios que en un arte pueden ser tanto sus académicos o críticos como sus genios. Y ya entenderán por qué…

II

Wolfgang Amadeus Mozart y Antonio Salieri suelen ser recordados como dos rivales paradigmáticos no sólo en la música sino quizás ya en el arte en general: sea por las leyendas que en torno a ambos se han tejido; sea por la personalidades que a ellos les imprimió una cinta como Amadeus (U.S.A, 1984), en la cual sin embargo las licencias creativas bien podrían no escasear.

Sin embargo: analicemos a Mozart y a Salieri no como personajes históricos; analicémoslos más bien como dos paradigmas (o dos perfiles, si se quiere) que siempre se encarnarán en diversos personajes y tiempos y lugares y disciplinas. Y para ello tratemos de imaginar cómo Mozart y Salieri serían percibidos hoy en día.

III

En los tiempos actuales, ¿Salieri cómo sería visto? Sí tendría talento. A su arte (en este caso la Música) lo sabría apreciar y lo cultivaría hasta con devoción, o sea: él podría entender muy agudamente a su actividad no sólo como un oficio sino además como una pasión; podría entender que debe no sólo ser competitivo en el mercado sino además trascender.

Aunque para trascender, este Salieri contemporáneo podría suponer que debe no sólo cultivar su disciplina; que debe asimismo aprender a marketearse y a moverse en y adaptarse al sistema, y para eso desarrollaría dotes no sólo de artista sino también de político y/o de lobista y/o de burócrata y/o de gerente y/o de relacionista público y/o de promotor y/o de diplomático y/ o de figura mediática y/o de arribista social y/o de adulón refinado hacia el poder, incluso quizás político (recordemos: el Salieri histórico llegó a ser compositor en la Corte Imperial de Viena, puesto que probablemente ocupó no sólo por su vocación musical…)

Sin embargo, por estar dentro de este perfil y por traslucir algunas de estas cualidades y defectos, él no necesariamente estaría condenado ya a ser un tipo siniestro: no olvidemos, ya en general, nuestras cualidades nos harán buenos o malos según como las orientemos. Por ejemplo, en el siglo XXI, nuestro Salieri podría ser muy carismático y tener gran capacidad de empatía, caracteres que podrían convertirlo en alguien muy conectado en los círculos o gremios adecuados (algo no malo en sí mismo); pero también en alguien dispuesto a venderle su alma al diablo no sólo para mejorar su arte sino para también acrecentar su influencia…

Al menos, entendido como un perfil y no como un personaje histórico, Salieri bien sería la versión de Maquiavelo en el arte; no obstante, dado que no sólo es pragmático sino además muy sensible, nuestro personaje siempre conservaría su exquisito olfato para reconocer un don, habilidad que en él podría traducirse en una oportunidad o en una desdicha, al encontrarse con un genio como Mozart.

Y ¿por qué dicha habilidad en Salieri podría traducirse en una oportunidad? Porque él podría mostrarse bastante equilibrado y maduro, y Mozart podría representarle el complemento perfecto para (re) descubrir su propia vocación y misión en esta vida (ya entenderán esto mejor); Mozart podría representarle además un estímulo para seguir mejorando y podría hasta admirarlo y estimarlo y saber valorar sus cualidades… ¿Por qué no? En esta vida no sólo ocurren cosas malas…

Y ¿por qué dicha habilidad en Salieri podría traducirse en una desdicha? Porque él, con una nitidez superior al promedio, reconocería en Mozart un genio que lo haría sufrir por no tenerlo. O sea: Salieri jamás le perdonaría a Mozart su prodigio y podría temerle y hasta odiarlo cual rival a quien debe derrotarse, aunque sea en el terreno ya no del arte sino del de prácticas non sanctas como la intriga y la difamación y hasta el escarnio. Y en este punto: ya arribaríamos al estereotipo del Salieri envidioso.

IV

Y, también en los tiempos actuales, ¿cómo percibiríamos a Mozart?

En el mejor de los casos, él podría convertirse en una estrella, tras haber sido descubierto por un agente o caza-talentos o promotor, entre quienes bien podría figurar algún Salieri con espíritu empresarial.

En el mediano de los casos, nuestro personaje tendría quizás un currículum aceptable, aunque probablemente no tanto como el de muchos Salieris (quienes posiblemente serían más influyentes y hábiles procurándose oportunidades y contactos), pues este genio tal vez no sea tan relacionado e ignoraría cómo marketearse y hasta podría ser ingenuo y carente de malicia.

En el peor de los casos, para la gran mayoría, este hipotético Mozart sería visto como un perdedor o como un lunático. Y quienes le detectarían talentos serían no los Salieri caza-talentos sino los Salieri envidiosos, quienes incluso podrían hacerlo sentir como tonto o hasta como pueril… Y es que la envidia es tan perversa que a los genios pueden presentarlos como exactamente todo lo contrario.

V

Al margen del destino de los genios, ya en abstracto, la genialidad suele tener una cierta dimensión sobrenatural y distinguible incluso en la más secular de las esferas: se pueden tener todas las influencias y grados académicos y medios económicos del mundo, pero ni todo eso te garantiza el poseer genio, el que finalmente o se tiene o no se tiene y punto, sin importar si eres pobre o rico; paria o renombrado. Y de allí que ya reza el refrán: lo que natura no da Salamanca no presta.

VI

Sin embargo, la genialidad no siempre se presenta tan transparente ante los ojos del común de los mortales: a veces se confunde con excentricidad o con chifladura o con algún trastorno mental (allí está por ejemplo el pobre Van Gogh; más aún, por algún documental supe de una teoría consistente en que ciertos daños cerebrales activan ciertas potencias creadoras, caso que sería el del mencionado pintor, aunque ése ya sería otro tema)

Por eso: la genialidad necesita ser reconocida por una inteligencia igual de genial, como las de los Salieris, quienes por tanto sí tienen una misión en este mundo y no están condenados a ser unos segundones o unos eternos envidiosos y frustrados, al ver con escalofriante lucidez un talento del que carecen.

Y esto porque ya de por sí es un talento muy valioso el poder reconocer el talento en medio de la extravagancia o de algún cuadro psiquiátrico o de las maledicencias.

Y este vínculo Salieri-Mozart no sólo es aplicable a la Música sino también a otras disciplinas como a la Literatura o como a la misma Ciencia.

En la Literatura, cuán importantes son los críticos literarios, quienes también necesitan de genio y hasta de una vocación casi humanitaria: para rescatar autores de otra forma siempre desvalorados u olvidados; para escribir estudios tan prodigiosos como las obras que analizan y que de otra forma serían desestimadas o ininteligibles para el gran público (y ojo: nada impide que en una misma persona coincida el crítico y el creador y el visionario: qué mejor que un creador para reconocer a otro creador; que mejor que un visionario para reconocer a otro visionario)

En la Ciencia, un premio Nóbel como Einstein tal vez hubiera sido considerado un necio por el establishment científico si sus aportes no hubieran sido apreciados por otro genio y premio Nóbel como Max Planck.

VII

Es interesante: Mozart y Salieri podrán ser dos personajes antitéticos, pero cuanto más entendemos a uno, mejor entendemos al otro, por lo que ambos no están condenados a ser enemigos sino hasta podrían ser muy complementarios. ¿Demasiado optimista de mi parte? No lo sé… Pero reflexionemos un poco más al respecto.

Alguien me dijo alguna vez: el inteligente es quien sabe dar en un blanco que todos también pueden ver; el genio sabe dar en un blanco que nadie más puede ver (y de allí que quizás a los pobres genios no pocas veces los acaban creyendo locos).

En ese sentido, un Salieri también debe mostrar genialidad: un genio podría haber acertado a un blanco que un Salieri sí podría distinguir y hacer comprensible a la mayoría, dado que los susodichos genios no siempre son muy didácticos…

De allí que los Salieri también pueden ser visionarios y adelantarse a su época, y tanto como los genios, quienes incluso no pocas veces son irresponsables e inconcientes por ello de su propia genialidad (aunque aquí puedo incurrir en estereotipos, los que sin embargo algo de cierto deben reflejar).

Más aún, me atrevería a decir, en esta viña del Señor, los Salieri serían tan necesarios como los Mozarts (pero, por supuesto, no los Salieri envidiosos e intrigantes).

Y ya en este punto, podríamos afirmar, en Salieri, su paradigmática envidia podría empezar a delinearse correctamente como una hermosa vocación, ésta es: la de vislumbrar genios incomprendidos; la de vislumbrar el prodigio donde el resto ve quizás únicamente trastorno.

En la película Amadeus, por ejemplo, aun cuando sus protagonistas no responderían necesariamente a una versión histórica, Salieri sería acaso el único gran narrador: aun cuando está teñida de una mezcla de admiración y de envidia, su mirada nos permite conocer a Mozart y entenderlo y valorarlo mejor; mirada sin la cual el genio austriaco nos parecería poco menos que un desequilibrado emocional, al menos en esta versión cinematográfica.

Es decir, Salieri también poseería un don tan valioso como el de Mozart; don que no obstante si él no (re) descubre ni encamina acertadamente, podría decodificarlo mal en la envidia. Sí: acaso la envidia sea una vocación alguna vez hermosa que terminó sin embargo desdibujada y que por eso fue fuente ya no de realización sino de frustración…

VIII

Bueno, me preguntarán, si estaba hablando inicialmente del film chileno Fuga, ¿Por qué tanta digresión sobre Mozart y Salieri? Porque ambos roles son asumidos correspondientemente por dos protagonistas en esta película: Eliseo Montalban (Benjamín Vicuña) y Ricardo Coppa (Gastón Pauls).

IX

Eliseo Montalbán funge del genio. Cuando niño, presenció la violación y presumible asesinato de su hermana (y digo presumible pues en el argumento sólo sospechamos que en la menor su abuso y su deceso están vinculados, pero más datos no se nos brindan).

A partir de este suceso, Eliseo libera una potencia creadora que pareciera desbordarlo, detalle que se prestaría a algunas lecturas.

Al inicio de la historia, este compositor chileno podría ser entendido no precisamente como loco, aunque sí quizás como alguien afectado psicológicamente por la barbarie que presenció en su infancia, es decir: inicialmente, nuestro sujeto tiene muchos matices y es ambivalente y ambiguo y nos dificulta por eso el trazarle las fronteras entre la excentricidad y el genio y el trauma.

Incluso, durante una regular parte de la cinta, Eliseo sigue sin parecernos exactamente desquiciado: este protagonista sería acaso más bien frágil y sensible, aunque emocionalmente desequilibrado por los dramas que constantemente lo arremeten y que le causan un dolor desahogado en toda su intensidad sólo por la música, dado un temperamento introvertido y hasta huraño.

Sí, posiblemente, Eliseo sería más bien una persona muy vulnerable y emotiva y hasta normal, aunque confrontada a sufrimientos extraordinarios que rebalsarían la tolerancia de hasta el más ecuánime (aunque los guionistas exageraron ya demasiado asociando durante todo el argumento el arte y la tragedia en la vida de este músico, a quien en pleno éxtasis creativo siempre le acontecen desgracias entre las que están no solamente la del incidente de su hermana)…

Más aún, ya en el sanatorio mental, nuestro sujeto tampoco se nos presenta como totalmente chiflado: él muestra cierta lucidez y se siente edificado ejercitando su arte.

Y como si fuera poco, en la parte final del film, cuando ya está totalmente ganado por la enajenación, Eliseo conserva reflejos musicales que todavía pueden ser estimulados, como si en él la creatividad mantuviera cierta cordura y se las ingeniera para continuar abriéndose paso aun en medio de la patología, algo que nos parece totalmente plausible, por cómo ha sido trazado el perfil de este compositor.

Y en este punto, observamos ya en general, la música sería acaso el único lenguaje capaz de tener resonancias y hasta cierta coherencia en dimensiones muy íntimas que estarían ubicadas más allá de la razón y que nunca dejarían de estar latentes aun hasta en el más orate; la música acaso sería la única forma de expresarse para personas muy tímidas o hasta autistas, quienes no tendrían otras formas de hacer inteligibles sus vivencias y emociones y estados… Entonces, podemos preguntarnos, si aun en estos casos la genialidad jamás deja de procurarse misteriosos caminos aun en medio de locura.

En suma: Eliseo como personaje está muy bien interpretado y delineado; y si roza lo caricaturesco, es no tanto por él mismo sino por vivir dramas ya algo inverosímiles y hasta surrealistas (y no en el mejor sentido que Breton podría darle a este útimo adjetivo).

X

Pero en esta producción chilena, merece destacarse también a Ricardo Coppa, músico argentino que compra a bajo precio una partitura incompleta y creada originalmente por el propio Eliseo: esta partitura es la fuga que da título a la película.

Inicialmente, Ricardo funge del clásico Salieri envidioso: quiere hacer pasar como suya a esta pieza musical, cuyas partes faltantes para tales efectos él quiere reconstruir con cierta lógica, y por eso pide ayuda a unos colegas.

No obstante, en algún momento, Ricardo ve descubiertas sus intenciones de plagio. Y aun así sigue obsesionado en su proyecto de conocer integra la partitura. Y esto a pesar de que a él ya no le es posible atribuirse la creación de esa obra, cuyo estilo y autor son conocidos por músicos con muchos años en el medio.

Y ¿por qué este compositor argentino da este giro volviéndose tan desprendido y hasta idealista, si ya no va a obtener beneficio alguno? ¿Él se habrá vuelto el bueno de la película así porque sí? A simple vista, Coppa podría parecer mal estructurado: presentaría vacíos, pues sería sólo un oportunista que sufriría un cambio muy positivo pero tan repentino como inexplicable.Empero, en mi opinión, este personaje es más ambiguo y complejo de lo que aparenta: o bien debió destacársele más ciertos matices; o bien debemos observarlo más detenidamente.

Conscientemente o no, Ricardo comienza a evolucionar de un Salieri envidioso y mediocre y privado de genio a un Salieri que va encontrándose consigo mismo y (re) descubriéndose un talento distinto pero más propio: el talento de reconocer la genialidad en medio del trastorno.

Así, nuestro sujeto empieza a descifrar sus anhelos correctamente, ya no envidiando y apropiándose de creaciones ajenas, sino intuyendo una vocación que le es más auténtica y que no por eso deja de ser hermosa: la vocación de vislumbrar la genialidad en medio de la locura de Eliseo y de su sórdida historia personal.

Por decirlo de algún modo: Ricardo no es forzosamente una persona ética; él sólo comienza a presentir por dónde podría estar su más genuina realización, y él entonces ya por su propio peso comienza a actuar honesta y desinteresadamente y a atravesar con sus colegas muchas peripecias para incluso encontrar el paradero de Eliseo y conocer y rescatar del olvido la versión original y completa de la partitura, empresa cuyo éxito aun así ¿estará garantizado?

La bondad siempre es un acto conciente y libre y exige esfuerzo; no obstante, a veces, al principio, algunas personas no son intencionalmente buenas, aunque comienzan a serlo cuando van aprendiendo a descifrar correctamente los anhelos de su corazón y de su auténtica vocación, y sólo entonces recién la bondad comienza a caer por su propio peso; comienza a aparecer aun cuando inicialmente sea sólo por inercia o sólo por decisiones tomadas sin querer queriendo, como diría un célebre cómico mexicano, y algo así le pasa a Ricardo Coppa.

XI

Por la manera como vuelve a actualizar las figuras de Mozart y Salieri en los respectivos personajes de Eliseo Moltaban y de Ricardo Coppa, la película Fuga me agradó…

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Bibliografía

Fuga. Guión de Pablo Larraín, Mateo Iribarren, Hernán Rodríguez Matte. Dirección de Pablo Larraín. Actores. Benjamín Vicuña, Gastón Pauls, Alfredo Castro, Luis Dubó, Mateo Iribarren, Paulina Urrutia, María Izquierdo, Marcial Table, José Soza, Willy Semler, Héctor Noguera, Francisca Imboden. Productora Chilena Fábula, 2006.

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Nota (viernes, 19 de septiembre): 

Hablando de Mozart, gracias a la BBC me entero que han descubierto recientemente una pieza inédita suya. Mayor información aquí.

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Nota (Jueves, 1 de Enero del 2009)

Este texto ha sido publicado en CinemaNet, un portal de Cine

domingo, septiembre 07, 2008

Una publicación en CinemaNet

CinemaNet, un portal de cine, me ha publicado un pequeño ensayo sobre la película Días de Santiago (Perú, 2004). Aquí el enlace.

miércoles, septiembre 03, 2008

Más sobre Weboscope



Hace algún tiempo escribí un texto en el que señalaba la mala publicidad con la que mi bitácora fue sorprendida por estar registrada en Weboscope, un ranking de páginas web hispanas (algo comprometedor, pues cualquier visitante podría suponer que yo estaría avalando implícitamente dicha propaganda).

El día de hoy Weborama, conglomerado al que debe pertenecer Weboscope, me envía el siguiente correo electrónico (en este enlace pueden ver una reproducción del original en pantalla):

Estimado Martín

Ante todo le pido disculpas por el error cometido. No hay habitualmente ninguna difusión publicitaria sobre el network constituido por los sites que utilizan Weboscope Free. Durante el periodo estival, debido a un cambio de tecnología, fueron abiertas, por descuido, ventanas publicitarias en las webs que utilizan Weboscope Free. Estas ventanas son habitualmente abiertas sólo en algunos web sites de un network de idioma francés. No debería haber pasado en el network Weboscope Free de habla hispana, pero sucedió. Y como era periodo de vacaciones, con poco personal, nos hemos dado cuenta bastante tarde de este error. Como podrás comprobar ya no se está siviendo publicidad en esta red. Te pedimos disculpas, y entendemos su malestar. Sentimos muchísimo las molestias causadas. Esperamos que el servicio haya sido de su interés y que vuelva un día a utilizarlo (mis destacados)

Weborama SA, Departamento de Soporte

En general, no acostumbro a reproducir en mi blog un e-mail que me hayan enviado de forma privada (salvo por pedido expreso del remitente, y esto por una cuestión de ética); no obstante, en este caso, puedo hacer una excepción, dado que con este mensaje Weborama estaría haciendo un descargo que se dirige a mi persona pero que sería perfectamente extensible a la opinión pública en general:

Habla bien de una empresa el gesto de disculparse y de admitir su error: en lo personal, no conozco muchos casos en que una compañía esté dispuesta a hacer un mea culpa.

Ahora, ¿volveré a registrar mi bitácora en este directorio? La verdad no lo sé, deberé pensarlo muy bien… En la era del Internet, es un gran capital la confianza, la que es muy difícil y lenta para ganarla pero que puede perderse en un santiamén, o sea: no dudo de las buenas intenciones de Weborama, pero ¿quién me garantiza que esto no vuelva ocurrir?
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Nota 1:
Quiero aprovechar para agradecerle a Marta Salazar por el amable enlace en su bitácora Alemania: Economía, Sociedad y Derecho.

Nueva temporada en Porta9


El portal literario peruano Porta9 comienza en septiembre una nueva temporada, en la que encontramos algunas novedades, como por ejemplo la colaboración de columnistas muy interesantes. Además, me ha gustado bastante la nueva plantilla de fondo blanco en este sitio, sobre cuyos cambios encontrarán mayores alcances en este enlace.

Presentación de Airado Verbo


Juan José Soto es un poeta y periodista del distrito limeño de Barranco (sí quieren conocerlo, visiten su bitácora). Si bien no tengo el gusto de conocerlo personalmente, él tuvo el gesto de avisarme vía correo electrónico sobre la próxima presentación de su último poemario, Airado verbo, gracias al sello Sol Negro Editores. El evento es mañana (este aviso recién lo publico ahora por motivos que al propio Juan José Soto ya se lo explicaré disculpándome vía e-mail). La invitación la hallarán en el siguiente enlace: