sábado, febrero 23, 2008

Una reseña mía en CinemaNet

(Fuente: Combustion)


Una reseña mía sobre la película Babel ya está publicada en CinemaNet, interesante portal español de Cine.
Por otro lado, en el siguiente foro se está dando un intercambio muy interesante sobre esta cinta. Si no participan al menos anímense a leer los comentarios, los que percibo bastante esmerados.

viernes, febrero 22, 2008

In Memoriam

José B. Adolph
Tránsito: 21 de Febrero del 2008

Nota:
Fuente de la imagen: Puente Aéreo

sábado, febrero 16, 2008

Algunas formas de anticipar el futuro

El sQuba ya habría sido anticipado en el automóvil submarino de James Bond (fuente: BBC)


Si no todos, algunos autores o artistas se han anticipado al futuro por varias razones: sea por haber tenido necesidad de metáforas; sea por haber sido atentos observadores de su época; sea por haber inspirado a los inventores de generaciones futuras

A las metáforas estos creadores las utilizaban concientemente o no para reflejar realidades o temores u obsesiones de una época. Un ejemplo de esto nos lo brinda el ensayista Roberto González Echevarría en Julio Verne, y ya sabrán por qué: «Pero a fin de escribir para un público europeo, científico o no, el viajero tenía que seguir siendo europeo, tenía que perseverar en su identidad pese a los atractivos de la naturaleza» (González Echevarría 160; mis resaltados). Y para ello «el alma, el espíritu del viajero, interpone la rejilla de clasificación entre su deseo de fundirse con su objeto de estudio y ese objeto mismo (ese objeto era la naturaleza)» (González Echevarría 160; mis resaltados y mis paréntisis). Y Julio Verne bien puede haber utilizado como metáfora a «la ventana tipo observatorio del capitán Nemo en el Nautilus, que le permite observar los raros peces y plantas de las profundidades del océano» (González Echevarría 160; mis resaltados); metáfora que reflejaría esta obsesión del explorador decimonónico para no olvidarse que era occidental y para distanciarse de y estudiar más objetivamente a los fascinantes paisajes que recorría, mediante la ventana de las taxonomías. En síntesis, si bien muy avanzado para su época aunque sea sólo en la imaginación, el submarino Nautilius finalmente no habría sido otra cosa que una metáfora de la propia época del escritor francés.

Estos creadores pudieron adelantarse al futuro también por haber sido agudos observadores de su presente, de por ejemplo investigaciones científicas que en su momento probablemente estaban en curso pero que fueron potenciadas al máximo de sus posibilidades con la imaginación. Por ejemplo, en la edición del Detroit Mirror de 4 de Octubre de 1931, Chester Gould publicó por primera vez Dick Tracy, célebre personaje de cómic que utilizaba un reloj para comunicarse; reloj que aun cuando recién actualmente ya tiene una versión en el MBW-100 (de Sony-Ericsson), no obligatoriamente habría hecho a Gould demasiado visionario. Y esto porque durante la última década del siglo XIX, el inventor Nikola Tesla (1856-1943) ya hablaba de transmitir sin alambres información y de transmitir con hilos telegráficos imágenes (detalles que a algunos los hacen presumir que este genio por aquel entonces ya habría vislumbrado la televisión y hasta los satélites ). Y entre las premoniciones de Tesla y los artefactos de Tracy (no sólo el reloj) algunos inventos patentados o no (aunque sea prototipos) debieron haber existido ya en la década de 1930 y estimulado la fantasía de Gould, digo yo.


Pero ya había señalado que los autores (aunque en el caso que citaré quizás sean los guionistas)
anticiparon el futuro también porque inspiraron a los inventores de generaciones futuras. Por ejemplo, a La espía que me amó (Reino Unido, 1977), una de las películas de James Bond protagonizada por Roger Moore, más la asocio con el hermoso Lotus Espirit color blanco, automóvil que al sumergirse en el agua cual submarino cobraba la forma de una nave espacial que no hubiera desentonado incluso en alguna reciente precuela de La Guerra de las Galaxias y que me sigue pareciendo futurista aun en el siglo XXI. Mencionó está cinta y al Lotus Espirit de Bond porque son claros referentes del sQuba, el primer automóvil submarino del mundo (algunas de cuyas características antes sólo estaban reservadas a algunos vehículos militares). El sQuba sólo podrá sumergirse a una profundidad de 10 metros, ha sido fabricado por Rinspeed y será presentado en el Salón del Motor Ginebra en Marzo del 2008. Y ¿cuánto cuesta? La verdad no lo he averiguado; por ahora no creo que esté dentro de mi presupuesto =)

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Bibliografía:

González Echevarría, Roberto.
Mito y archivo: una teoría de la narrativa latinoamericana. México: Fondo de Cultura Económica, 1998.

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Nota (Viernes 22 de Febrero del 2008):

Ya que hablamos de Julio Verne, un interesante artículo sugiere que él habría vislumbrado el Internet allá por 1863.

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Premios Arte y Pico




Según la Doctrina Jurídica Universal (1), los Estados Occidentales o influidos por la Cultura Occidental están inscritos únicamente en una de las dos grandes tradiciones jurídicas occidentales, las que son o bien la anglo-sajona y o bien la romano-germánica.

Estos Estados tienen generalmente si no todas sí al menos algunas de las cinco denominadas fuentes formales del Derecho (2), éstas son: legislación, jurisprudencia, costumbre, doctrina y declaración de voluntad (pero hecha ésta declaración bajo formalidades legales).

Y en el caso de la costumbre (el refrán reza que la fuerza de la costumbre se vuelve ley), en la blogósfera estoy notando gratamente que una está surgiendo entre los bloggers, la de otorgar premios a sus bitácoras favoritas, iniciativa que puede ser una forma de estrechar vínculos de amistad pero que con el tiempo podría madurar en algo más...

Y uno de estos premios es el Arte y Pico (fundado por la blogger uruguaya Eseya), el que he tenido esta semana la grata sorpresa de recibirlos de tres personas diferentes, de Benita Pérez Prado desde España (administradora del blog Mis Jefes Llevan Chupetes), de Hilda Aguilar desde México (administradora del blog La Cámara de las Meditaciones) y de Marta Salazar desde Alemania (del blog Alemania, Economía, Sociedad y Derecho).

Las reglas del Premio Arte y Pico son las siguientes:

1) Debes elegir a 5 blog que consideres sean merecedores de este premio por su creatividad, diseño, material interesante y aporte a la comunidad bloguera, sin importar su idioma.

2) Cada premio otorgado debe tener el nombre de su autora y el enlace a su blog para que todos lo visiten.

3) Cada premiado (a), debe exhibir el premio y colocar el nombre y enlace al blog de la persona que la ha premiado.

4) Premiado (a) y premiador (a), debe exhibir el enlace de Arte y Pico, para que todas sepan el origen de este premio.

5) Hay que exhibir estas reglas.

Dicho esto, decidí considerar las bitácoras de mis premiadoras (no sólo porque sean amigas sino también para que sean conocidas por los esporádicos visitantes de este espacio) y también la de otras personas.

Así, mis premiados con el Arte y Pico son los siguientes (aunque Letizaida es nueva en la Blogósfera y no sé cuántas bitácoras conozca):

1.- Benita Pérez Prado

2.- Hilda Aguilar

3.- Iris

4.- Letizaida Martínez

5.- Martha Salazar (en esta ocasión recomiendo su blog Conversando de Películas)



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(1) Rubio Correa, Marcial. El Sistema Jurídico (introducción al Derecho). Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica, 1996. 119.

(2) Todo mandato jurídico es producto no de la simple ocurrencia de los gobernantes sino de una serie de procedimientos especiales que varían según cada país (y según también éstos pertenezcan a una de cualquiera de las dos grandes tradiciones jurídicas occidentales ya mencionadas) y que son las llamadas fuentes formales del Derecho. Esto significa no que un estadista esté incapacitado para hacer valer su voluntad sino que puede hacerlo sólo mediante estas fuentes formales (para mayor información revisar el libro de Rubio Correa en la página 119).

El Perú por ejemplo está inscrito en la tradición romano-germánica y considera como fuentes del Derecho a la ley, y a falta de ésta a los principios generales del Derecho, y a falta de éstos a la costumbre (Artículo 139, inciso 8, de la Constitución Política Peruana).
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Nota 1 (Domingo 17 de Febrero del 2008):
Alguien podría decirme que el Perú considera como fuente de Derecho a una que no está entre ninguna de las cinco que ya señalé, ésta sería: los principios generales del Derecho. Pero, salvo mejor parecer, en realidad qué mejor fuente para buscar estos principios que la doctrina.
Y ¿qué doctrina? Aquélla que escriben por ejemplo los juristas o tratadistas para aclarar algunos vacíos o puntos oscuros en la ley. Y así tenemos juristas que se especializan en Derecho Civil, Derecho Penal, etcétera.
Por otro lado, a partir del Artículo 139, inciso 8, de la Cosntitución Peruana, inferimos que el Perú considera como la principal fuente de Derecho a la ley, y sólo supletoriamente a los principios generales del Derecho y a la costumbre.
Si bien no he revisado fuentes de Derecho Comparado, si no en todos sí en la mayoría de Estados la ley es la principal fuente de Derecho, aunque sus otras fuentes supletorias o equivalentes pueden variar.

martes, enero 29, 2008

El Gran Simón: las limitaciones también son una ventaja




Fuente: Photobucket

¿Alguna vez se han preguntado por qué no nacimos perfectos? ¿Por qué tenemos tales o cuales defectos? ¿Qué sentido tienen? Y si tal vez están predestinadas a ser verdaderas ventajas en el lugar y momento oportuno. Desde la perspectiva de dos niños próximos a la pubertad, estos temas me sugirieron la película El Gran Simón (U.S.A., 1998); película que entiendo en otras latitudes la conocen como El inolvidable Simon Birch o Simon Birch.

Simon Birch (interpretado por Ian Michael Smith) y Joe Wentworth (interpretado como niño por Joseph Mazzello y como adulto por Jim Carrey) son dos menores que tienen en común el sentirse distintos en su pueblo por razones diversas: Simon tiene el Síndrome de Morquio y padece por tanto un enanismo y deformidad que se traducen sin embargo en un peculiar carisma sobre todo para con los niños; Joe es hijo natural de Rebecca (Ashley Judd) y desconoce a su padre.

Simon y Joe habitan una localidad cuyos residentes son conservadores más por una moral burguesa en la que muchas veces escrúpulo y virtud se desdibujan en prejuicio e ignorancia. En otras palabras, hablamos del típico pueblo que se aferra a las buenas maneras no tanto por convicción como por preservar las apariencias por pánico a las habladurías.

En este contexto, si bien no está en los roles protagónicos, Rebecca es un personaje interesante. Ha sido algo estigmatizada en aquel pueblo por ser madre soltera. Y por razones que ya se irán develando a lo largo de la cinta, ella no le dice a su hijo quién es el padre. No obstante, es desprejuiciada pero en un sentido positivo: tiene la capacidad de sobreponerse a las presiones sociales y maledicencias para continuar con su vida, sacar adelante a Joe y aproximarse a Simon con mucha naturalidad para darle afecto trascendiendo su aspecto físico y haciéndolo olvidar cuán diferente es.

Más aún, paradójicamente, por esa suerte de estigma que sufre, ella pareciera ser más humana que muchos en aquella localidad y haber agudizado más su sensibilidad. De allí que sabe cómo entender a Simon y cómo hacerlo sentir bien, al punto de casi representarle una madre sustituta, mientras el resto del pueblo y hasta el propio Reverendo Russell (David Strathairn) no pueden mostrar por aquel pequeño más que conmiseración o condescendencia, sentimientos que lejos de equivaler a aceptación o cariño, aumentan más todavía las barreras aunque disfrazándolas de falsos respetos o de amabilidad.

Por su parte, Simon no ignora que es distinto y que lo ven como distinto. Incluso, su padre no se esfuerza en disimularle el rechazo que le tiene. Por ejemplo, en una escena, muestra un abierto desinterés cuando el pequeño lo llama por teléfono para explicarle que todavía no ha llegado, a pesar de ya ser muy tarde, porque está en casa de Joe.

Como si fuera poco, a Simón el propio Reverendo Russell trata de desalentarlo de grandes aspiraciones. ¿Es que acaso aquel niño con Síndrome de Morquio no se da cuenta de sus limitaciones y de sus deficiencias físicas? ¿No sería mejor que fuera más conformista? ¿Eso no lo libraría de posteriores decepciones?

Sin embargo, Simon tiene la serena certeza de que ha nacido para un propósito en esta vida, para algo grande… Esto no significa necesariamente que él haya perdido la perspectiva de la realidad o que esté soñando con aventuras extraordinarias para compensar sus carencias. El pequeño sí es un soñador, pero es muy conciente de sus limitaciones y tiene los pies bien puestos en la tierra. Él es optimista sobre todo porque sea cual fuere la misión para la que haya nacido, esa misión por más modesta que sea, debe ser muy grande al ser valorada no por su espectacularidad sino por su significado.

Así, en este film observamos que cuando tenemos certeza de haber venido con un fin a este mundo, nuestras mayores limitaciones y adversidades cobran un mayor sentido y nuestra vida asume novedosas perspectivas del mundo que nos hacen tomar derroteros muy distintos que cuando sólo nos abandonamos al escepticismo.

De allí que esa sola certeza tiene repercusiones muy concretas en el presente y en nuestras conductas y decisiones más cotidianas, las que en su conjunto forjan un gran destino.


Al final de la película, gracias a Simon, aprendemos la importancia de reconciliarnos con nosotros mismos (con los que nos gusta y con los que nos disgusta de nuestra identidad), pues sólo entonces descubrimos que incluso nuestros mayores defectos (sean éstos físicos o incluso psicológicos) siempre han sido verdaderas virtudes que sólo necesitan el momento y lugar adecuado para ser canalizadas… Y aquel niño sabe que conservando esa convicción recién será capaz de asumir misiones que solo él y más nadie será capaz de realizar.

Y esto porque si cada uno de nosotros somos seres únicos e irrepetibles, entonces también existen tareas únicas e irrepetibles a las que únicamente nosotros estamos llamados. Todo esto podemos o creerlo o no, pero por el personaje de Simón comprendemos que esa sola certeza tendrá desde ya consecuencias muy concretas en nuestra vida y aun en nuestros actos más cotidianos…

Y estas tareas pueden ser no impactantes pero quizás sí muy trascendentes. Y esto porque muchas veces podemos impactar sin trascender o podemos trascender sin impactar, reflexión que no pretende ser un ejercicio de retórica, dado que hasta nuestros actos más modestos (y totalmente desapercibidos para el común de los mortales) pueden tener alcances y efectos de lo más inesperados y eficaces, cual explosión cuyas ondas expansivas ignoramos hasta dónde podrían llegar. Con una madurez bastante precoz, el pequeño Simón intuye todo esto.

Y ¿habrá nacido aquel jovencito con un propósito en esta vida? ¿Lo encontrará? ¿Cuál será? Averígüenlo… Esta producción es muy recomendable…

Datos de la película

El Gran Simón. Guión de Mark Steven Johnson. Dirección. Mark Steven Johnson. Actores. Ian Michael Smith, Joseph Mazzello, Ashley Judd, Oliver Platt, David Strathairn, Dana Ivey, Beatrice Winde, Jan Hooks, Cecilley Carroll, Sumela Kay, Sam Morton, Jim Carrey, John Mazzello. Hollywood Pictures / Caravan Pictures, 1998.
Nota (Sábado 2 de Febrero del 2008):
Esta reseña ya se encuentra publicada en CinemaNet

martes, enero 15, 2008

Algunas de mis reseñas cinematográficas en CinemaNet

(fuente: CinemaNet)

Quería compartirles una grata noticia. CinemaNet es una asociación ubicada en Barcelona. Según indica en su portal, su apuesta es «por un cine inteligente» y «nació en el año 2003 a partir de una agrupación de aficionados al cine del mismo nombre que existía desde hacía siete años en el seno del Grup d'Entitats Catalanes (GEC) de la Familia y que pasó a tener entidad jurídica propia y amplió su campo de actividad desde Cataluña a toda España».

Esta entidad promueve en el país ibérico: por un lado, la Muestra Internacional de Cine sobre la Familia; por otro lado, los Premios Cinematográficos 'Familia' (Olas de Oro); por otro lado, los Premios 'Rovira Beleta' de Guiones de Cortometrajes.

Asimismo, ellos colaboran con los Premios Jóvenes Productores e impulsan actividades como cine-forums, conferencias, debates y estudios sobre cine.

Juan-Luis Valera, administrador de este portal, tuvo el gesto de invitarme a participar como colaborador, por lo que de ahora en adelante algunas de mis reseñas cinematográficas en esta bitácora también serán publicadas en dicho espacio.
Nota 1 (17 de enero):
La imagen de este post fue cambiada por una considerada más indicada por la administración de CinemaNet
Nota 2 (17 de enero)
Confirmo complacido que algunos eventos organizados por CinemaNet tienen cobertura en importantes medios españoles, tales como Terra, La Vanguardia , ABC, el portal del Ayuntamiento de Barcelona, etcétera.
Nota 3 (19 de enero)
Una de mis reseñas de cine ya está en CinemaNet. Es un texto publicado hace poco en esta bitácora sobre la película francesa Mi mejor amigo

jueves, enero 10, 2008

Mi mejor amigo: cómo aprender algo muy difícil por ser muy elemental

(fuente: El Séptimo Arte)


Mi mejor amigo (Mon Meilleur Ami, Francia, 2006) es una película de la que lo único que sabía antes de visionarla era que había sido seleccionada oficialmente en el Festival Internacional de Toronto 2007.

El film es una comedia para toda la familia. Pero lo de comedia es un decir porque ésta más que reír nos hace sonreír. Su riqueza está en los diálogos que más que graciosos son amenos pero para hacernos reflexionar.

Los actores son sobrios y naturales. No son propiamente comediantes (lo que no significa que carezcan de talento) sino se desempeñan como tales por las situaciones y la misma dinámica en que los coloca el excelente guión…

François (Daniel Auteuil) es un acaudalado anticuario de unos cincuentaitantos. En una cena comenta sorprendido sobre los pocos asistentes a un velorio que hacía poco había asistido. Alguien le advierte que probablemente serían más de los que acompañarían a François o a cualquier de los presentes en caso de que fallecieran.

El anticuario se escandaliza. ¡Qué va! Si él tiene muchos amigos. Sólo era cuestión de que revise su agenda y los tendrá para escoger. Su socia Catherine (Julie Gayet) no le cree nada y le hace una apuesta: si en diez días él no le presenta un amigo verdadero, ella se quedaría con un valioso jarrón.

En este punto François descubre que lo que siempre había tenido eran socios y conocidos y clientes y contactos pero no amigos. No es un mal hombre. Tampoco es como el intimidante Señor Scrooge del cuento navideño de Dickens. Pero en su vida lo único que había aprendido a hacer eran negocios, no amigos.

Entonces asiste a una charla de autoayuda y a alguna librería para averiguar cómo hacerse de un auténtico amigo.

Un día conoce a Bruno (Dany Boon), taxista con una memoria enciclopédica y con el sueño de algún día participar en un programa concurso donde pueda desplegar sus talentos. Sin embargo, Bruno siempre ve truncas sus aspiraciones porque sus nervios siempre lo terminan traicionando y bloqueando en los castings a los que se presenta.
El taxista tiene limitaciones que son empero compensadas ampliamente por sus virtudes. Es sencillo, algo tímido y sensible y asombra por su ingenuidad. En algún momento nos enteramos que su esposa lo abandonó por irse con otro. Pero él tiene la simple y maravillosa cualidad de saber hacer amigos; cualidad que François envidia y que quiere aprender del taxista, al que por eso contrata para le dé un curso intensivo.

Pero Bruno tiene una fórmula muy simple a la que denomina de las Tres S: sinceridad, sonrisa y simpatía.

Y quiero destacar la sinceridad. Él no miente a las personas y sí les dice lo que piensa de ellas, incluso sus errores, aunque sin jamás ofenderlas. No es el hombre más carismático del mundo. Pero es honesto y transparente y los demás así lo perciben. Y por eso tiene facilidad no únicamente para hacer amigos sino además para conservarlos. Más aún, si a alguien halaga, no lo hace mintiéndole sino más bien resaltándole aquellos talentos que ya de por sí tenía y que quizás nadie había notado.

François descubre así que en teoría la fórmula de las Tres S es muy fácil; el desafío es llevarla a la práctica. ¿Aprenderá en tan poco tiempo a hacer amigos para llevar aunque sea a alguno a su socia y así ganar la apuesta?

El film nos plantea varias cuestiones: primero, quizás todos creemos querer dinero y ser admirados pero ignoramos que en el fondo sólo queremos ser queridos; segundo, qué tan capaces somos de tener un amigo puro y simple con el que tal vez hasta no haya ningún interés en común y al que no podamos considerar ni socio ni conocido ni contacto…

Formularnos estos temas puede parecernos hasta infantil, pero la lógica de esta película nos hace vislumbrarlos con cierta complejidad para entender así que a veces hay cosas que para aprenderlas resultan más difíciles por lo mismo de ser muy elementales…

En algún momento se brinda una cita de El Principito que puede servir de clave de lectura de esta producción gala:

-Ciertamente –Dijo el Zorro-. Para mí tú no eres aún más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no tengo necesidad de ti. Y tú tampoco tienes necesidad de mí: yo soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero si tú me domesticas, tendremos el uno necesidad del otro. Serás entonces el único del mundo para mí. Yo seré también para ti el único en el mundo (De Saint-Exupéry 67; mis destacados)


François tiene el problema de que sólo quiere domesticar y ser el único para el otro pero no quiere ser domesticado ni que el otro le sea único… En otras palabras: quiere los beneficios pero no las exigencias de la verdadera amistad

Y ¿la cinta? Muy recomendable. Y para todo público…

Datos de la película:

Mi mejor amigo. Guión de Olivier Dazat, Patrice Leconte, Jérome Tonnerre. Dirección. Patrice Leconte. Actores. Julie Gayet, Daniel Auteuil, Danny Boon, Marine Laporte, Titouan Laporte, Henri Garci, Pierre Aussedat. IFC Films, 2006.


Bibliografía:

De Saint-Exupéry, Antoine. El Principito. Lima: Librería, importadora, editora y distribuidora Lima S.A., ¿año?

miércoles, enero 09, 2008

El Custodio

Cuando lo peor es no existir (fuente: Diversica)

Habrá sido hace unos dos o tres años cuando un amigo sacerdote se hospedó por unos días en mi casa. En alguna ocasión, en la cuadra en donde vivo, él observó a un vigilante y me hizo un comentario que textualmente no lo recuerdo pero que encerraba la siguiente idea: que en ese oficio era casi sintomático las depresiones o las crisis existenciales (y no precisamente por los peligros). .

En su momento no entendí todo el sentido de esas palabras aunque imaginaba que el religioso sabía de qué hablaba. Finalmente, percibía muy ignorante yo, el de guardián o el de huachimán (como se dice en Lima por corrupción local del anglicismo watchman) era un trabajo indudablemente riesgoso y poco reconocido pero por lo demás relativamente fácil, pues la mayor parte del tiempo quien lo ejercía parecía ganarse el sueldo sólo por el mero hecho de estar parado (y recalco: parecía). A lo sumo, su mayor problema sería el aprender a lidiar con el aburrimiento.

Supe cuán inconciente era de una realidad frente a mis propias narices, recién gracias a una película no sobre un vigilante sino sobre alguien con una profesión análoga…

La cinta El Custodio (Argentina - Francia – Alemania - Uruguay, 2006) es árida y monótona, rasgos que son más acentuados por un registro de documental y de implícita denuncia social y que paradójicamente despiertan interés al reflejar exactamente las vivencias de Rubén (Julio Chávez), el protagonista, en su trabajo como guardaespaldas de Artemio (Osmar Núñez), ministro de Planeamiento de la Nación.

Aparentemente Rubén tiene un oficio que sólo lo obliga a seguir a su custodiado por todos lados y a esperarlo durante interminables jornadas.

Pero, intuyo, lo más difícil para él es no la tensión por lo peligros inherentes a su oficio, sino la capacidad que debe desarrollar para ser indiferente a todos; para serles indiferentes; para ser invisible y no existir mientras no lo necesiten; para no exteriorizar sentimientos y no dialogar ni con otros colegas(al menos no más de lo necesario); para resignarse a que un día será exactamente igual al siguiente y a los posteriores.

Sospecho, la indiferencia entre los custodios responde no únicamente a una disciplina propia de la labor y ya incluso muy arraigada por un posible pasado militar, sino también a una suerte de mecanismo de defensa, esto es: cuanto menos se involucre uno con un colega, menos sentirá o lo extrañará en caso que muera o que resulte herido…

Rubén es siempre tratado amablemente por el ministro, quien empero conversa o se queda dormido frente al televisor o actúa en última instancia como si su guardaespaldas fuera parte del mobiliario o no existiera…

El argumento del film nos sugiere que aquel custodio en realidad es alguien que tal vez pudo haber dado para más en la vida: por un lado, ejerce su afición al dibujo con cierta discreción y talento (y no lo hace mal pues hasta su empleador ha detectado eso); por otro lado, por un colega suyo vislumbramos que en un pasado nunca revelado pudo haber llegado muy lejos.

El protagonista tiene una rabia y frustración muy contenidas de las que sabemos por ser no explicitas sino ya muy latentes aun cuando rara vez se exterioricen y más por algún descuido

El final es inesperado aunque comprensible (mas nunca justificado), de una forma sórdida, y tácito, por alguna extraña razón, en la lógica del argumento, dadas además la particular rutina y el temperamento del personaje, quien parecía harto no de los riesgos propios de su oficio sino de simplemente no existir…

El Custodio cuenta con galardones como el Sundance 2005 por el mejor libreto latinoamericano o como el premio Alfred Bauer en el marco del Festival de Berlín 2006. La cinta merece verse.

Datos de la película

El custodio. Guión de Rodrigo Moreno. Dirección de Rodrigo Moreno. Actores. Julio Chávez, Osmar Núñez, Marcelo D’Andrea, Elvira Onetto, Cristina Villamor, Luciana Lifschitz, Osvaldo Djeredjian, Guadalupe Docampo, Julietta Vallina. Rizoma Films-Ctrl Z Films-Pandora-Charivari Films-Ibermedia, 2006.

Para mayor información visiten este enlace de Cinencuentro

jueves, diciembre 27, 2007

Agradecimientos por dos gentiles menciones

Por orden de aparición, quisiera dar las gracias por dos generosas menciones que esta semana ha recibido un texto navideño que recientemente escribí.

La primera mención fue la de Mariana. Ahora que me pongo a pensar, mi artículo bien podría considerarse como un dialogo con algunas inquietudes que hace algunas semanas ella nos compartió en su bitácora.

La segunda mención fue la de Marta Salazar. En su bitácora Alemania: Economía, Sociedad y Derecho, con el rigor que la caracteriza, ella incluso complementa el tema de la depresión navideña con interesantes datos estadísticos aportados por una encuesta del Instituto de Demoscopía Emnid del 2001.

jueves, diciembre 20, 2007

La felicidad plástica

Este artículo lo había publicado anteriormente en la revista Cañasanta (Canadá) y en La Lupe. Pero al momento de escribir estas líneas ambos portales estaban suspendidos, así que dicho texto decidí finalmente publicarlo en Carta Náutica (fuente: Ludomecum)


Una entrevista de la BBC nos hizo conocer al profesor Tal Ben-Shaler, cuyas clases de Psicología Positiva son las más populares entre los alumnos de la Universidad de Harvard porque les enseña cómo ser felices.

Según Ben-Shaler este curso «se centra en la felicidad, la autoestima y la motivación» y les da a los estudiantes «herramientas para conseguir el éxito y encarar la vida con más alegría».

De dicha entrevista desprendo algunas ideas principales de este académico: cambia tu visión del mundo y tus estados de ánimo e incrementaras tus niveles de felicidad; no te enfoques en lo negativo sino en lo positivo.

Ben-Shaler dice que «la principal lección para mis alumnos es que
la felicidad está en nuestro estado de ánimo» y no niega que las circunstancias externas son importantes porque «a una mujer que vive en Darfur, Sudán, se le haría difícil alcanzar la felicidad, pero más allá de las condiciones y las libertades básicas, la felicidad hay que encontrarla en nuestro propio estado de ánimo». Por la repetición de ciertas frases, bien podríamos afirmar que toda la idea de felicidad de este profesor se funda en el estado de ánimo.

Digamos que soy un buen alumno de Ben-Shaler y aplicaré su filosofía como la he entendido. Debo primero enfocarme en lo positivo para cambiar mi visión de las cosas, sentirme bien y, así, ser feliz y finalmente lograr el éxito. Estas ideas son muy interesantes y también ciertas, el problema es que tengo el mal hábito de siempre ponerme de abogado del diablo.

Si la felicidad depende sólo del estado de ánimo, no me sorprende que muchos piensen que ésta se reduce sólo a momentos tan breves y deslumbrantes como los fuegos artificiales.

A veces podríamos no sentirnos nada bien, y cambiar nuestra visión del mundo sería casi imposible porque la realidad que podría rodearnos sería tan negativa que no tendría ningún aspecto positivo donde enfocarnos. Es verdad que autoestima y motivación son importantes, pero estás serán muy frágiles si sólo se basan en un buen estado de ánimo. No se preocupen, no soy pesimista, sigan leyendo…

No niego que las teorías de Ben-Shaler son interesantes y encierran muchas verdades, pero parecieran sugerirnos que en el fondo la felicidad se reduce a sentirnos bien, a sólo enfocarnos en lo positivo de la vida y cosas similares, algo que sonaría a chiste cruel a la misma mujer de Darfur citada como ejemplo por él mismo.

Sí creo que la felicidad existe; pero también,
que ésta no se reduce a efímeros momentos ni tiene como condición imprescindible un buen estado de ánimo. Sé que muchos pensarán que estoy loco pues ¿cómo podríamos ser felices sin sentirnos bien? Todo depende de qué entendamos por felicidad, de la que desarrollaré conceptos con los que me siento más seguro, aunque no sean perfectos, pues tampoco pretendo crear una nueva filosofía, y entiendo que cada quien tiene derecho a imaginar la felicidad que más guste.

La felicidad no la asocio tanto a esos momentos fugaces de tanta excitación que sentimos el pecho henchido a reventar. Claro, quién no gusta de esas situaciones placenteras cuando por ejemplo se concretan ciertos sueños, pero ¿al punto de estar tan
embriagados de dicha que después no podamos concentrarnos en nuestras obligaciones cotidianas o terminemos envaneciéndose, lo que sería hasta contraproducente? Claro, es muy legítimo alegrarse y todos no somos iguales: algunos son más calmados y otros, tan emotivos que los momentos tristes o felices los sienten con mayor intensidad que el resto, algo que podría serles perjudicial para la salud por ser ya muy sensibles o por su edad avanzada.

Sin tampoco ser extremistas, en las buenas o en las malas siempre lo mejor es estar sereno y evitar esos
estados alterados de conciencia, aun cuando nos hagan ver todo de color de rosa, y es que si la extremada tristeza nos hace ver las cosas más oscuras de lo que son, la extremada alegría tampoco es que nos haga demasiado objetivos, quizás por eso la sabiduría popular nos enseña que los extremos son malos…

Por eso tal vez la felicidad me parece más reposada, más una certeza del sentido que tienen las cosas que hacemos, tengan o no éstas los reconocimientos o resultados esperados; felicidad que así entendida podría ser más duradera y carente de esa angustia de perderla por esos azares de la vida, como el desempleo, una frustración amorosa, un mal negocio, etcétera… Y aquí diré algo que sonará incoherente para algunos:
quizás podamos ser felices sin que siempre tengamos que sentirnos bien. Es decir, no está mal sentirse bien pero no es el único síntoma para medir la felicidad. Me explico, podemos sentirnos muy bien por ejemplo consumiendo drogas o teniendo una vida promiscua, pero estando en el fondo muy vacíos, solos e infelices, paradoja que me sugiere que tal vez la felicidad no consista sólo en sentirse bien, sino sobre todo en hallarle sentido incluso a las adversidades y sacrificios aunque nos sintamos pésimos…

Incluso si creyéramos que la felicidad no son breves momentos sino un eterno sentirnos bien, bien podríamos caer en una ficción, porque malos momentos los tienen hasta aquellos con todo lo presuntamente necesario para jamás sufrir… También podríamos asociar erradamente felicidad con riqueza, que indudablemente ayuda mucho, pero si somos pobres ¿estaremos entonces condenados a la infelicidad porque no hay muchos
motivos tangibles para sentirnos bien? Y ojo: no digo que el dinero no ayude, pero tampoco garantiza nada…

Como ya dije, más que meros
sentimientos, la felicidad me parece más reposada, equilibrada y asociada con el sentido encontrado en las cosas que hacemos, pero esa tranquilidad no es el letargo del opio; no es evadir la realidad como avestruz que esconde la cabeza en un hoyo sin importarle que el mundo estalle en mil pedazos; no es negar las inevitables tristezas de la vida, sino hallarles a éstas un sentido.

Tranquilos: ya dije que no soy un pesimista, pero creo que me dejaré entender mejor filosofando menos y siendo más concreto.

A veces por más que queramos es difícil enfocarnos sólo en el lado positivo de la vida, porque quizás éste no exista por situaciones demasiado adversas (y no necesariamente porque estemos en un campo de concentración nazi sino en situaciones más
ordinarias como el desempleo), pero incluso así, a lo que siempre podemos aspirar es a hallar un por qué y un sentido a esas contrariedades.

Por ejemplo, la hipotética mujer de Darfur mencionada por aquel profesor de Harverd. Ella quizás pudiera estar padeciendo la amenaza de una limpieza étnica (al menos eso sé de esa región por algunas noticias), pero bien podría tener un hijo en los brazos que le dé sentido a su lucha por vivir. No niega la realidad pero tal vez sueña con ver a su bebé crecido, casado y rodeado de hijos; tal vez entiende que esas adversidades bien podrían servirle para fortalecer su coraje y, así, superar desafíos mayores, pues las situaciones difíciles pueden ser curiosamente verdaderas instancias de crecimiento personal, donde bien podríamos desarrollar capacidades que de otra manera se hubieran obstruido y que nos serían útiles incluso para lograr metas con las que probablemente antes no hubiéramos ni soñado. Es más, esta mujer de Darfur tendría razón más que suficiente para seguir queriendo vivir con la certeza de que las cosas siempre ocurren por algo, de que siempre subyace un porqué a descubrir aun tras situaciones tan crueles que excedan incluso los límites de la razón; certeza que finalmente es una forma de conservar la Fe en la vida…

Y esto me lleva a otro punto, el solo hecho de saber que nada ocurre por caótica casualidad sino
que todo siempre responde a un porqué, bien podría hacernos enfocar positivamente hasta los peores problemas, y esto no es caer en un ingenuo optimismo ni negar alguna cruda realidad, sino contrariamente nos exige afinar la capacidad de comprensión… Créanme: dos personas con los mismos problemas los enfocarán de manera diferente si una cree que todo es azar caótico y la otra, que todo tiene siempre un porqué, y esto último es mucho más que sentirse bien, es encontrarle sentido incluso a la vida más difícil, algo que permite vislumbrar oportunidades aun en las peores crisis…

Bajo esta lógica, nadie niega que dicha mujer de Darfur sentirá miedo y sufrirá, pero paradójicamente también podría estar tranquila, si sabe que hasta las vidas más complicadas siempre tienen un sentido, un porqué, y eso es mucho más de lo que podrían pedir muchas divas del Cine que terminaron suicidándose por su gran vacío existencial, aun cuando tenían todo para ser felices: dinero, belleza, éxito…

Y esto me lleva a otro punto,
la felicidad no es tanto un sentimiento de bienestar como la certeza de que todo en la vida tiene un sentido aunque a veces no lo encontremos por ningún lado, pero teniendo la certeza de que existe; sentido cuyo desafío es casualmente descubrirlo, razón más que suficiente para seguir viviendo. Nadie le esta pidiendo a esa mujer de Darfur que tenga un buen estado ánimo pero siempre puede aspirar a ese sentido vital, y eso es mucho más de lo que consiguen muchas estrellas Hollywood con todo el dinero del mundo. Allí tenemos a la célebre Marilyn Monroe, encontrada muerta en su habitación con un frasco vacío de pastillas para dormir. Claro, las teorías conspirativas dicen que habría sido asesinada por las altas esferas del poder, pues sabía demasiado, pero no es novedad para nadie que feliz no era la hermosa rubia…

Otro error bien podría ser
confundir felicidad con éxito entendido como ahora: trofeos, reconocimientos, primeras planas, flashes de fotografías. Si eso es felicidad y éxito excluiríamos a muchos, incluso contentos con su anonimato, con razones suficientes para sentirse felices y exitosos sin encajar en esos estándares de supuesta felicidad. Eso explicaría la presión que muchos jóvenes japoneses deben sentir tan prematuramente para concretar tales ideales de éxito, desde que algunos de ellos suelen organizar suicidios colectivos, tras contactarse en ciertos sitios de la Red, fenómenos muy preocupantes porque más que casos aislados ya parecen verdaderas tendencias, a juzgar por las noticias…

Incluso recuerdo cierto pasaje de la película
Bowling for Columbine (2002). Allí Michael Moore entrevistaba a un joven de esa localidad, donde unos adolescentes perpetraron allí una masacre (1999). Aquella entrevista me sugirió que aquellos precoces criminales seguro crecieron en un entorno donde debían sacar altas calificaciones o ser grandes deportistas o muy populares, y si no serían de por vida unos perdedores (unos loosers) y ya no tendrían nada a qué aspirar. Todos sabemos que eso es falso, pero para un adolescente, con poca madurez y muy sensible, estas presiones son muy dramáticas. Entonces, comprendiendo que nunca llenarían las expectativas de padres y maestros y de la sociedad en general, aquellos jóvenes lunáticos de Columbine bien habrían buscado ser valorados de otras formas más siniestras. Esto no justifica en nada lo que hicieron pero bien podría ser una aproximación al problema: tal vez si algunas personas descubren que jamás serán valoradas según los criterios impuestos por la sociedad, no necesariamente los mejores o más justos, entonces el reconocimiento bien podrían buscarlo por caminos errados y quizás hasta terribles… Claro, con un acto criminal sólo se gana el rechazo, pero ¿acaso eso no sea para algunos un recurso desesperado para lograr una atención que nunca hubieran logrado de otra forma? Estos jóvenes que masacraron a sus compañeros en Columbine bien pudieron concluir, llevados por una alienación de niveles patológicos: «Si nunca seremos los más populares ni con las chicas ni en los estudios ni en los deportes, entonces seremos los mejores Serial Killers…». Entiendo que esta afirmación pueda parecer controvertida, reductiva y hasta chocante, pero no pretende ser más que una de tantas aproximaciones a un problema mucho más complejo, como ya dije, y nos hace preguntarnos si acaso no debiéramos plantearnos una felicidad más auténtica y sólida, que no obligue por ejemplo a una adolescente a conseguir aceptación volviéndose anoréxica o tiñéndose el cabello de rubio para entrar, muchas veces sin éxito, en cánones de belleza ficticios, estrechos y tal vez condicionados por intereses económicos. Una amiga narraba en su blog como ciertas tiendas por departamentos vendían tallas cada vez más pequeñas de ciertas prendas femeninas, algo que volvería a muchas jóvenes potenciales clientas de muchos gimnasios, y sólo para poder usar lo que está de moda: si esas no son presiones no sé qué más podrían serlo; presiones a las que son más vulnerables los jóvenes en sociedades cuyas concepciones de éxito son tan angostas como el consumismo o la belleza; presiones con las que frecuentemente no tienen madurez y criterios para lidiar, de allí que sean tan importantes temas aparentemente muy etéreos como la auténtica felicidad, algo que empezaría con un cambio de la cultura contemporánea, porque si la felicidad radica en ser bello, adinerado y consumista, pues la gran mayoría de jóvenes se sentirán excluidos, y no es que por ello terminen siendo Serial Killers, pero hay otras válvulas de escape que no por ser menos espectaculares son menos nocivas: el éxtasis, el alcohol, las opciones políticas radicalizadas y hasta subversivas, según cada realidad socioeconómica…

No se trata de ponernos dramáticos, sino de precisar que quizás muchas de estas tragedias mencionadas se evitarían si aspiráramos a una felicidad que no por más realista sería menos atractiva. Una felicidad entendida pobremente afectaría incluso a sus aparentemente favorecidos, volviéndolos adictos a un éxito que finalmente les sería tan efímero como la juventud, la belleza o un cuarto de hora de fama; éxito con cuyo declive no sabrían cómo lidiar por el vacío que sentirían y que sería muy similar al síndrome de abstinencia de un fármaco dependiente: no olvidemos lo adictos que suelen volverse ciertos artistas a los aplausos…

Quizás el secreto de la verdadera felicidad resida en entender que en la vida pocas cosas son realmente imprescindibles (la familia, los hijos, una vocación, un ideal) y que lo demás va y viene; pocas cosas pero más estables, duraderas y seguras, y de allí que podamos vivir más tranquilos sabiendo que esa felicidad no será deslumbrante, aunque sí atractiva y más sólida.

Como repito por enésima vez, no es que sea un pesimista, pero hay algunos conceptos de felicidad que me parecen demasiado plásticos para mi gusto…


Fuentes:

Cfr:
En Harvard se aprende a ser feliz
BBC de Londres
27 de abril de 2006