miércoles, septiembre 27, 2006

¿Qué pasó en la Universidad de Ratisbona?

Por: Martín Palma Melena

Empecé a leer el discurso del Papa Benedicto XVI conociendo ya la tan criticada cita (perteneciente al Emperador Bizantino Manuel II Paleólogo), conciente del revuelo en los medios, recordando algunas preguntas: si aquella cita fue tan desafortunada cómo habrá sido aquel discurso; si el Papa es infalible cómo pudo haberse equivocado.

En todo caso, agradezco esta coyuntura por obligarme a profundizar sobre algunos temas y a leer un discurso que de otra forma hubiera desconocido.

Es muy entendible la indignación de la mayoría de musulmanes sobre una cita no sólo desafortunada sino además descontextualizada; cita que merece algunas precisiones: primero, era sólo eso, una cita y no la opinión personal del Papa; segundo, era sólo parte de toda una introducción para llegar a una idea que considero central, que voy a desarrollar y que lejos de afectar al Islam, bien podría ayudarlo a confirmarse como lo que es: una religión cuyo núcleo es el amor y la paz.

Pero pongámonos intrigantes y preguntémonos ¿por qué Su Santidad no escogió una cita menos controvertida, por más que sólo haya sido parte de una introducción? Él es una persona muy inteligente y ¿acaso no habría escogido aquella cita para sugerir algo entrelíneas? La respuesta tiene tres partes: primero, el Papa tuvo motivos sólo académicos, algo fácilmente deducible de su discurso; segundo, si algo es seguro es que nunca quiso herir la sensibilidad musulmana (sin mencionar que ya expresó su hondo pesar); tercero, sí quiso afirmar algo y muy claramente y no sugerirlo entrelíneas: la idea central que ya aludí y que al fin paso a desarrollar.


La Razón es propia del Cristianismo y debería serlo de toda religión

En su discurso el Papa plantea el tema de si al Cristianismo la Razón le es propia o sólo una influencia externa de la Filosofía Griega. La conclusión es que la Razón sí es propia del Cristianismo y de la Naturaleza de Dios, quien no es irracional y, por tanto, no puede pedir cosas irracionales como la violencia. Todo esto se complementa con otra cita del ya mencionado Emperador Bizantino; cita que por alguna razón a tenido menor difusión y que toda religión debiera considerar sin tener por qué ofenderse: «El Emperador explica luego minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. La violencia es contraria a la naturaleza de Dios y a la naturaleza del alma» (mis resaltados).


¿Dejó de ser el Papa infalible?

La respuesta exige tener algunos criterios previos.

El Magisterio de la Iglesia se refiere a dos ámbitos concretos: Fe y/o Moral.

Toda enseñanza del Sumo Pontífice es definitiva siempre que sólo se refieran a la Fe y/o Moral. Y para que sus enseñanzas además de definitivas sean infalibles (enseñanzas ex cathedra) se exige un procedimiento muy preciso y tan inusual que, según entiendo, en el siglo XX sólo una vez se ha dado: cuando en 1950 el Papa Pío XII proclamo como Dogma de Fe La Asunción de la Virgen María al Cielo.

Pero si ya de por sí toda enseñanza del Papa sobre Fe y/o Moral es definitiva, entonces ¿cuál es la necesidad de declararla además infalible o ex cathedra?

Para explicarme me valdré de una analogía entre el Estado y la Iglesia; analogía que sin embargo tiene sus límites, como ya veremos.

Si el gobierno de cualquier país quiere regular sólo sobre cuestiones muy puntuales (por ejemplo: beneficios tributarios a la producción de cierto tipo de algodón y en una región muy específica), no va a necesitar consagrar un nuevo principio constitucional sino sólo una ley u otra norma de incluso menor jerarquía, la que no por eso va a dejar de ser válida.

En el mismo sentido, toda enseñanza del Papa sobre Fe y/o Moral es definitiva, y si no la declara infalible no significa que sea menos válida, sino sólo que la cuestión a tratar carece de trascendencia para declararla ex cathedra; trascendencia que sí tendría por ejemplo un Dogma de Fe.

En resumen, así como un gobierno no puede estar consagrando nuevos principios constitucionales si la situación no lo amerita, igual es el caso de un Pontífice en relación a las enseñanzas ex cathedra.

Pero en este punto nos encontramos con los límites de esta analogía entre Iglesia y Estado. Porque la ley de un gobierno civil sí puede derogarse con una norma de igual o mayor jerarquía. En cambio, en la Iglesia las cosas son diferentes, pues tiene un magisterio cuya ortodoxia obliga a que hasta la enseñanza más ordinaria sobre Fe y/o Moral de un Papa deba armonizar con la más trascendente e infalible. Es decir, no se trata que hoy día un Pontífice dé una enseñanza sobre Fe y/o Moral, que mañana más tarde un sucesor suyo pueda derogar con una declaración ex cathedra: hay dos mil años de tradición eclesial que no pueden pasarse por alto. No es como un Estado Laico, donde un presidente puede deshacer lo que hizo el anterior.

Un ejemplo muy concreto: cuando Juan Pablo II prohibió la ordenación de las mujeres precisó que sobre esto no debía hablarse más, enseñanza que no siendo ex cathedra, es muy poco probable que un sucesor suyo la derogue. Y que me disculpe alguna lectora feminista, pues no estoy emitiendo juicios de valor sino sólo tratando de entender una realidad como la de la Iglesia.

Es innegable que dentro de la Iglesia hay posiciones diferentes sobre temas también diferentes; es innegable que un sacerdote en un país nórdico y uno de misiones en África podrían tener influencias culturales muy distintas y, por ende, disentir en cuestiones muy coyunturales. Pero ambos religiosos deben siempre gravitar en torno a un mismo eje, el Magisterio Eclesial. En la Iglesia se habla de unidad en la diversidad, y a esa diversidad algo debe darle unidad y cohesión: dicho Magisterio.

La Doctrina Católica señala que todo Papa tiene el carisma de la infalibilidad. Todos los mortales tenemos carismas diversos, pero por sentido común no debemos usarlos innecesariamente. Y si nosotros somos concientes de eso mucho más los Sumos Pontífices (tal vez por allí debí haber empezado para evitarles un artículo tan largo…).

Cabe recordar que el Papa Benedicto XVI ni siquiera divulgó una opinión personal, sino sólo una cita ajena, con todo lo desafortunada y descontextualizada que haya sido; cita que además escapa al ámbito de la Fe y/o Moral y que por tanto no es parte del Magisterio Eclesial, porque ni es una enseñanza ordinaria y mucho menos ex cathedra. Así que presumir que la infalibilidad del Papa está en crisis es muy temerario, por decir lo menos…

Nota:

En este enlace hallarán el discurso del Papa en la Universidad de Ratisbona (Fe, razón y universidad. Recuerdos y reflexiones) para que ustedes mismos saquen sus conclusiones.

http://www.zenit.org/spanish/visualizza.phtml?sid=94800


Nota 2 (1 de octubre del 2006):


Este artículo ha tenido algunas modificaciones desde su publicación. He suprimido algunas hipótesis que planteé inicialmente, porque me parecieron innecesarias para los fines de este tema.

4 comentarios:

Altayre dijo...

Hola, Martín, muy esclarecedor tu artículo. También escuché de los revuelos por lo declarado por el Papa, y alcancé a pensar: "claro, como el hombre es de línea dura, más que Vojtila, y le falta el carisma de aquel...", pero después de leer tu post he tenido que replantear mi idea inicial.
No tengo mucho tiempo, pero te prometo que leeré luego el discurso completo siguiendo tu link...

Y por supuesto que luego comentaré sobre este post, ni más falataba!

Jejeje, déjame decirte, en todo caso (y con todo respeto, por que de pronto me arriesgo a que me tomes por atrevido por lo que voy a escribir a continuación), pero me agrada ver tu conocimiento tan amplio de la Iglesia Romana, es decir, me encanta saber que eres un católico que se preocupa por saber lo relacionado con tu credo y su iglesia. Lo digo por que conozco a muchos que se llaman a sí mismos católicos, pero apenas si observan el ir a Misa los domingos, pero a hacer negocios.

Es muy alentador y estimulante ver que estás comprometido con tu Iglesia. Una vez más, felicitaciones...

¡Ah! Y a propósito: dentro de poco postearé sobre las reales diferencias, si las hay, de las tres corrientes principales del cristianismo en el mundo: orotoxos, protestantes y católicos, ya que tus precisas observaciones sobre los comentarios q hice a tu post del AMOR me dejaron pensando largo y tendido sobre el tema.

Gracias, Martín, y como siempre es un placer visitar tu blog.

Saludos fraternales desde Colombia.

Martín dijo...

Estimado Altayre

Creo que no tengo los méritos necesarios para ser considerado un católico comprometido. Pero simplemente hice algo que cualquier pudo hacer: no dejarme llevar por mis prejuicios; leer el discurso del Papa en Ratisbona; averiguar algo sobre la Doctrina de la Infalibilidad del Papa; y sacar algunas conclusiones.

Gracias por la visita, Altayre, y un abrazo desde Lima

Martín

Cristian dijo...

Martín:
1º Felicitaciones por este blog. Cada día descubro blogs muy buenos, este es uno de ellos.
2º Me presento (tal vez debió ser lo primero) Me llamo Cristian Moya, soy sacerdote de la diócesis de Valparaiso, Chile.
3º De todos los comentarios que he leído en blogs respecto a este tema, éste es el mejor. Se nota que conoces muy bien del tema, que te informaste, como dices en el comentario anterior, y que comentaste con altura de miras.
4º Me siento "obligado" a seguir leyendo tu blog, que veo tienes una buena carta de navegación.
5º Bendiciones, y sigue comentando así. Muchas felicidades.

Martín dijo...

Apreciado Padre Cristian

Me siento honrado por sus palabras y por su visita. Y si bien me esforcé por estar lo mejor informado posible, siempre sentía escrúpulo preguntándome si no me faltó algo más por hacer en este tema tan delicado como importante. En ese sentido, sus palabras son un alivio. Y gracias por sus bendiciones. Y bendiciones también para usted.


Un cordial saludo desde Lima.