sábado, marzo 31, 2007

Publicación en la revista Adamar

La revista Adamar (España) ha publicado una reseña mía sobre la película Babel; reseña ya anteriormente colgada en este blog pero ahora revisada y aumentada con nuevas reflexiones y con comentarios sobre la última ceremonia de la entrega de los premios Óscar.

4 comentarios:

Altayre dijo...

Bueno, qué te puedo decir, Martín: ¡Felicitaciones! A raíz de tu reseña, fuí a ver la película apenas la pusieron en cartelera en mi ciudad, y como muy pocas veces sucede, salí con la impresión de que gasté por algo que valía la pena.

El personaje que más me impactó fué el de la japonesa, ya que aunque personalmente opino que la historia paralela de Japón es la más débilmente vinculada con el incidente de Marruecos, la verdad es que actualmente vemos más y más adolescentes recurriendo a su cuerpo como medio de obtener cariño, atención, valor... y es muy triste.
Además por que en mi país, amén de los trágicos desgarrones producidos por largos años de conflicto interno -aunque el Gobierno prefiera seguir tratandolo como algo invisible y niegue su realidad, pero acepta sus consecuencias en la medida de la ayuda humanitaria que reconoce presupuestalmente-, la falta de oportunidades y lo restringido de las pocas que realmente pueden ofrecer el camino para salir de la pobreza, ha conllevado a que todos estemos sumergidos en una especie de estupor social que es indiferente con la tragedia del vecino, y rápida para buscar medios de escape de la realidad por medio de la diversión; individualista cada vez más, competitiva sobre la base de que aquel que le quite a los demás las oportunidades, así sea por medios no santos, es quien triunfa y se convierte en el modelo a seguir; y deslumbrada por las posibilidades y el tren fastuoso de vida que procura el ilícito de los nuevos ricos (término que designa a quienes se han enriquecido por medio del narcotráfico)...

En medio de ese estupor que puedes sentir como una niebla espesa que te aleja del otro y te rodea y penetra el cuerpo social a todo nivel, esa indiferencia maldita y ese individualismo egoísta y destructivo nos aísla de tal modo, que finalmente los medios sutiles, decentes e inteligentes de aproximación a los demás pasan a ser no funcionales o más bien apropiados para relaciones superficiales, en las cuales no estamos dispuestos a invertir mucho más. Es entonces cuando el cuerpo se convierte en mercancía sexual, como la mejor manera de comprar amor, atención, cariño, reconocimiento... aunque todos los implicados saben que de este modo una relación así sustentada no vá a durar gran cosa: en el fondo es una mentira, una ilusión.

Al ver a la dulce japonesa Cheiko no pude dejar de pensar, con un peso opresivo en mi pecho, en las niñas "prepago" de mi país. Ellas son estudiantes de secundaria y universitarias de todos los estratos, que se dedican a la prostitución "ligth", con el fin no tan prioritario de mantener sus estudios o tener sustento para ellas o sus familias, que es más bien una consecuencia añadida a su actividad, sino para poder tener un tren de vida agitado, fastuoso, opulento, de estar a la moda, o simplemente de poder reunir el dinero necesario para mandarse a operar prácticamente todo el cuerpo con fines estéticos...

Es triste. Es terrible. Por que por encima de todo, Cheiko muestra un egoísmo sublime, escondido detrás de su necesidad de atención de su padre, a pesar de que el pobre tipo se desloma para que ella pueda vivir mejor que la gran mayoría de sus conciudadanos. Pero es que el hogar de este rico japonés es una metáfora, o mejor, un reflejo de todos los hogares de aquellos países occidentales y pro-occidentales que, como nosotros, pensamos que el éxito y el triunfo social y económico son lo único por lo que vale la pena esforzarse -maldita maldición-, sin medir realmente las destructivas consecuencias ocasionadas en nuestra propia familia, oh contradicción, a favor de quienes inicialmente emprendemos tan descabellada carrera.

Ya lo dice la Biblia y desde hace dos mil años: "el amor al dinero es la raíz de todos los males" (1° Timoteo 6:10; Hebreos 13:5), refiriendose no a que sea malo prosperar, sino a invertir los valores y prioridades que nos deben motivar, colocando el éxito económico por encima de otras consideraciones menos urgentes pero sí, sin duda alguna, más importantes.

Recibe un fraternal abrazo y saludo desde Colombia.

Martín dijo...

Hola, Altayre

Disculpa que me demorara en responder. Como siempre aprecio el esmero de tus comentarios. El de esta ocasión me resultó interesante porque nos muestra aspectos de la sociedad colombiana de los que uno no está muy enterado acá en Lima; aspectos como el de la prostitución «light».

Para un joven en general la aceptación es importante, y el consumismo opera en él como una suerte de chantaje que le exige, a cambio de ser querido y aceptado, un estándar de vida muchas veces fuera de sus posibilidades económicas.

Así que detrás de la aparente frivolidad en esa prostitución «light» subyace una pobreza de afecto tan condicionante como la pobreza económica; pobreza de afecto como la de aquella chica japonesa de la película «Babel».

Ahora, los chantajes del consumismo no deben entenderse como determinantes para que una chica se prostituya (ella siempre puede sobreponerse a estas presiones sociales), pero si la condicionan más por ser más vulnerable, dada su inexperiencia.

Hay que entender cómo operan estos chantajes para buscar una solución al problema… En mi modesto entender, no basta con destacar en esta prostitución «light» la frivolidad que indudablemente existe pero que tiene detrás otra serie de factores como los ya mencionados, sobre todo la búsqueda de cariño…

Cuando un diseñador de ropa le dice a alguien lo atractivo que se verá con sus prendas exclusivas, le está diciendo en el fondo: «Vístete con mis diseños para que seas más querido y aceptado». No está mal vestirse bien, pero otra cosa es que te quieran vender ese cuento, contado muchas veces no explícita sino subliminalmente mediante la publicidad… Y el tema es más sensible aún para una mujer a la que la hacen creer el cuento, y también subliminalmente, de que será más querida cuando tenga una mejor figura, a través de los ficticios cánones de belleza que venden los medios de comunicación.

Sin ánimo de justificar o juzgar a una chica que incurra en la prostitución, lo que tengo claro es que nadie se prostituye por «amor al arte», siempre existen una serie de carencias no reducidas sólo a las económicas; carencias a comprender como otro paso para buscar soluciones a este problema; carencias que empero deben entenderse como condicionantes pero nunca como determinantes, como ya sugerí…

Ahora, la prostitución es un problema social muy complejo donde intervienen muchos más factores, no agotados en los que he mencionado.

Saludos

Oscar Pita-Grandi dijo...

Muy bien. México, España, caramba, Ud. se me está internacionalizando... haciéndole camita a su novela... me pasas la voz cuando tengas algo que mostrarme de ella.
Un fuerte abrazo.
Ah, porfa, déjame tu fono en pitaoscar@hotmail.com

Martín dijo...

Hola, Óscar

Gracias por tus palabras, se hace lo que se puede… Y con respecto a la novela, pues debes ser medio adivinador, algo de eso hay y está en gestación… Y ya habrá oportunidad de comentar algunas cosas al respecto…
Un abrazo

Martín