domingo, julio 27, 2008

Días de Santiago: una ventana a la actual coyuntura peruana


Por Martín Palma Melena

I

En la Segunda Vuelta de las Elecciones Presidenciales Peruanas del 2006, hubo dos candidatos: Alan García y Ollanta Humala. El primero ganó aquellos comicios, pero el segundo perdió no precisamente por una diferencia abismal. Menciono este episodio político(a manera sólo descriptiva mas no valorativa), pues Humala logró sintonizar, entre otros sectores sociales, con aquellos ex soldados que habían terminado su servicio militar obligatorio y que no encontraban fácil su reintegración a la sociedad y que podrían verse perfectamente retratados en Santiago (Pietro Sibille), protagonista de la película Días de Santiago (Perú, 2004).


II


Tras haber acabado su servicio en La Marina Peruana, nuestro hombre trata de reinsertarse a la vida civil, etapa que es la que registra esta cinta.

Mediante recuerdos trastocados por una mezcla de nostalgia y de jactancia y de estrés postraumático, el personaje menciona patrullajes o escaramuzas en la selvática frontera entre Perú y Ecuador contra las fuerzas de este último país, vivencias cuya crudeza nunca es explicitada plenamente en el argumento pero sí intuida en los diálogos o en los síntomas del otrora combatiente.

Es decir, en varias partes, el guionista pareciera ingeniárselas para no revelarnos pero para tampoco hacernos descartar ciertas atrocidades por las que Santiago presumiblemente habría atravesado durante un pasado consistente en dos elementos, entre otros: por un lado, experiencias muy extremas; por otro lado, un entrenamiento castrense muy duro y estricto.


III


En referencia a dichas experiencias límite, este sujeto adolece de secuelas como ciertas paranoias y traumas que no lo dejan dormir por las noches y que ya se hacen cargas intolerables para alguien con una edad aún bastante temprana (23 años) y con una formación escolar quizás muy precaria y con una inteligencia regular y con una psicología ya de por sí frágil e inmadura y hasta sensible aun cuando muy curtida por muy golpeada; psicología además afectada por un pasado como el ya descrito y por un presente y por un futuro difíciles: un presente en una familia bastante disfuncional y en una sociedad que remunera mal o no valora tus saberes (adquiridos tal vez hasta habiendo arriesgado tu propia vida) y que no te da cabida y que no ha sido pensada para ti cuando ya no sirves; un futuro muy incierto por la escasez de oportunidades.

En el fondo, esta biografía sería análoga a la de un veterano de guerra de Vietnam, veterano visto hasta como héroe en la guerra pero como excéntrico en la ciudad, caso que en el medio peruano tiene otras agravantes, como el del abandono estatal y el de la crisis económica y el de una movilidad social dependiente no siempre del esfuerzo propio.

Si tienes este perfil y estás bajo estos condicionamientos tan adversos, entonces tu frágil equilibrio emocional sería por lo menos comprensible, caso que sería el de este ex soldado (Por algo, cuenta la leyenda, Josué Méndez, guionista y director de este film, se habría inspirado en un graffiti que vio en algún muro en Lima y que decía: «Le llaman salvaje al río que se desborda, pero no al cabrón que lo oprime»)


IV


En referencia a su anterior formación castrense, Santiago trasluce una mentalización bastante rígida y pareciera haber estado en un contexto en el que las órdenes debían cumplirse sin duras ni murmuraciones (la frase en cursivas es muy común por ejemplo en el Ejercito peruano), por una cuestión tanto de supervivencia como de conservación de un sistema vertical y afín a instituciones militares como La Marina; sistema al que equivocadamente suele creerse insostenible si existiera allí tanto criterios autónomos como consensos de opiniones dispares (y reitero: suele creerse, pues no es tan así). Pero sobre el mundo castrense ahondaré un poco, y ya entenderán por qué…


V


En algunas producciones sobre la vida en las Fuerzas Armadas (aunque aquí ignoro qué tanto se abusa de las licencias creativas), a los reclutas suelen inculcarles la idea de que el criterio individual afecta al espíritu del grupo (o algo parecido); idea positiva si se refiere a un enfrentamiento bélico (en el que todos deben actuar como equipo y ser leales y unidos pues de allí depende hasta la vida misma); idea empero negativa si abarca a toda la existencia del individuo: en nuestra vida la independencia de criterio es muy valiosa, algo también aplicable a los militares, quienes deben tener gran capacidad de reacción ante lo imprevisto (en todo caso: en este tema bien se reconocerían las viejas tensiones entre individualismo y colectivismo).

Sin embargo, no son malas en sí mismas las instituciones verticales y/o regidas por algún compromiso de obediencia: el problema es cuando a sus miembros se les obliga a que renuncien a pensar y a que cumplan ciegamente ordenes sin necesidad de hallarles a éstas ningún sentido…


VI



Analizo a las instituciones castrenses, porque sus excesos se reflejan en las marcas imborrables que el protagonista registra en sus modos y en sus conversaciones y en su carácter. Por ejemplo, con inflexiones aparentemente imitadas a algún superior prepotente, nuestro sujeto no deja de repetirse vehementemente durante toda la cinta: que todo tiene una razón de ser; que todo tiene un orden; que siempre debes marcar tu línea en una situación dada… Sin embargo, pecaríamos con una lectura muy simplista, si a este cuadro lo explicáramos únicamente por el hecho de que a Santiago le habrían formateado el cerebro, cual disco duro de ordenador (aun cuando no sea desencaminada la hipótesis de algún lavado cerebral)… En realidad, el tema es más complejo…


VII


En el ex combatiente, su rígida mentalización está conformada por un manojo de reglas no más elaboradas que aquéllas encontradas en un elemental manual de supervivencia; reglas más bien grabadas por la repetición y por el automatismo que interiorizadas libre y serenamente por el discernimiento. Sin embargo, por diversas limitaciones ya mencionadas (escasa instrucción, inteligencia más bien mediana, etcétera), esta persona no tiene muchos elementos de juicio para procesar una realidad cuya complejidad si no desbordaría sí desafiaría incluso a la comprensión de alguien incluso con una mayor formación y criterio. Empero, por cuestiones muy apremiantes, el personaje a dicha realidad necesariamente debe procesarla y darle alguna coherencia; realidad que presenta entre el bien y el mal disyuntivas difíciles no tanto por imposibles sino por muy condicionadas por presiones diversas, entre ellas las económicas…


VIII


Como ejemplo de las mencionadas disyuntivas, a Santiago algunos ex compañeros de armas le proponen asaltar un banco, debido esto a factores como la escasez de empleo. Pero él se opone precisamente por aferrarse a ese puñado de máximas castrenses cual tabla de salvación; máximas verdaderas pero también muy básicas y pensadas únicamente para cuestiones prácticas; pensadas para ser sólo aplicadas y no analizadas tanto…

Y aun siendo ya de por sí muy limitados, estos principios se van erosionando en su sentido por circunstancias duras como las ya descritas (entre las que además está el suicidio de alguien que atravesaba por contrariedades similares a las del joven); principios a los que Santiago no consigue nutrirlos ni profundizarlos cabalmente y que para él aun así le representan casi un catecismo laico (aunque un sucedáneo muy pobre de éste), al que este hombre sin embargo ni siquiera sabe cómo apropiárselo: hay no una interiorización de corazón (al menos no percibimos mística o ética alguna y también propia del ámbito militar); hay solamente una memorización y una repetición cargada de angustia y de severidad, dada la necesidad por guiarse de alguna forma en un medio hostil y referido no a un combate sino ya al ámbito civil…


IX


Y para que los problemas no lo desborden, el muchacho siente la urgencia de articular el mundo y otorgarle un significado, tarea para la cual nuestro individuo sólo cuenta con este conjunto de reglas muy elementales y operativas y asimiladas durantes su servicio en La Marina Peruana; reglas que no obstante representan en este caso el único prisma a través del cual mirar el mundo y entenderlo; prisma que podrá ser muy angosto pero que finalmente es el único… Por eso el joven se adhiere a estas instrucciones castrenses con todas sus energías y se las está reiterando a lo largo de la historia; instrucciones sin embargo ya insuficientes para una realidad que no cesa de desbordar y de embestir... Y el final queda abierto en la cinta…


X


Podríamos creer que esta película podría ser ya muy exagerada en su dramatismo, y algo de eso probablemente haya, o sea: Santiago desea optar por el bien, aunque ya muy toscamente, y las adversidades parecieran no sólo presionarlo sino ya arrastrarlo al lado oscuro de la fuerza. Y en la vida real: por una parte, siempre estamos condicionados pero nunca determinados; por otra parte, hasta el peor de los desafíos a nuestras fuerzas podrán hasta quebrarlas, aunque sólo eventualmente y nunca eternamente (y por eso siempre hay posibilidad de sobreponernos); por otra parte, muchas puertas se nos podrán cerrar pero siempre podría estar abierta alguna discreta ventana (a la que debemos buscar). Y es que donde abundan las contrariedades sobreabundan las oportunidades (al menos eso quiero creer).
Dicho esto, no obstante, nos preocupa que este argumento nos haya resultado razonablemente verosímil, dado el contexto peruano actual, donde el protagonista representaría a un sector social muy descuidado cuyos descontentos podrían tener incluso un correlato o una influencia en el ámbito político (a juzgar por las Elecciones Presidenciales Peruanas del 2006); un sector social conformado por jóvenes que tienen muchas frustraciones y que incluso carecen de herramientas para darle alguna coherencia al mundo, al que sin embargo todos siempre acabamos dándole alguna coherencia, sea ésta errada o correcta (los vacíos siempre pueden ser llenados, el problema es si éstos serán llenados de una manera sublime o siniestra, incertidumbre que connota o bien una crisis o bien una oportunidad en la presente generación, tan llena de vacíos).

En otras palabras, desde mi perspectiva, en la historia individual de este ex soldado, se encontraría uno de los termómetros para medir la temperatura en la atmósfera política y social del Perú de inicios del siglo XXI, contexto cuyo desenlace es tan abierto como el de este film. ¿Esto parece exagerado? A veces olvidamos que los grandes procesos históricos y sociales sólo traslucen finalmente un conjunto de historias individuales y aparentemente tan intrascendentes como las de Santiago (aunque valga la aclaración: toda vida nunca es intrascendentemente y tiene repercusiones a escalas imprevisibles, dado que todas nuestras vidas están más interconectadas de lo que pensamos o queremos reconocer).

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Datos de la película


Días de Santiago. Guión de Josué Méndez. Dirección de Josué Mendez. Actores. Pietro Sibille, Milagros Vidal y Marisela Puicon. Chullachaki Producciones (Perú) y el apoyo de Hubert Bals Fund y Milcolores Media y Cachoeira Films, 2004.
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Nota (10 de septiembre del 2008):
Este texto ha sido publicado en el portal de CinemaNet