martes, septiembre 30, 2008

El Bovarismo de la Bovary

Una original caricatura de Gustav Flaubert, autor de Madame Bovary. Ilustración: Loredano. Fuente: El Boomeran (g)


Madame Bovary (1857) es una novela que aborda el adulterio pero que no debe ser reducida solamente al adulterio, tema quizás más resaltado debido en parte a que este libro ni bien lo publicaron fue empañado por el escándalo, al punto que tanto Flaubert como su editor enfrentaron un proceso legal en el que fueron acusados de inmorales pero del que terminaron absueltos… Aunque aun así esta obra siguió siendo estigmatizada durante mucho tiempo. 

Sin embargo, desde que la han considerada una de las mejores de Gustave Flaubert (1821-1880) y de la Literatura Francesa, esta novela definitivamente importa por mucho más que simples triángulos y cuadrados amorosos en la provincia francesa. Y de ser así, Emma Bovary merecería otras lecturas distintas de aquellas sesgadas que solo enfocan la imagen de la esposa infiel. Y ¿cuáles serían esas otras lecturas? Veamos 

II 

Antes que nada, esbocemos un breve itinerario de cómo Emma va decepcionándose de su relación. 

Ni bien casada con Charles Bovary, la protagonista no experimentaba el amor tal y como se lo prometían sus lecturas adolescentes: «Emma intentó saber entonces lo que se entendía exactamente en la vida con las palabras felicidad, pasión o embriaguez, que tan bellas le habían parecido en los libros» (Flaubert 66). 

Ni bien casada también, nuestro personaje ya comenzaba a sospechar que quizás amor propiamente nunca había sentido por su ahora esposo: «Antes de casarse había creído estar enamorada, pero como no había llegado para ella la felicidad resultante de aquel amor, pensaba que seguramente se había equivocado» (Flaubert 66; mis destacados). 

Y en páginas posteriores, en el transcurso de su matrimonio, ella llegó a un punto en que ya ni siquiera se cuestionaba qué era lo que precisamente sentía por su pareja: « (Emma) no se preguntaba si realmente le quería (a Charles)» (Flaubert 146; mis paréntesis). 

En definitiva, el amor simplemente nunca se había manifestado con los síntomas que la Bovary siempre había soñado: «El amor –creía ella- debía llegar repentinamente entre grandes relámpagos y esplendores, como una tempestad de los cielos que cae sobre la vida, la trastorna, arranca las voluntades como si fuesen hojas y arrastra al abismo el corazón entero» (Flaubert 146; mis paréntesis y destacados). 

En síntesis: la protagonista llegó a observar con mucha lucidez el contraste entre su gris vida conyugal y sus amores de ensueño, motivo de gran insatisfacción que se buscó evadir de una manera: la infidelidad, pero no nos adelantemos… 

III 

Algo debemos destacar: aunque a ella no precisamente la presionaron, su compromiso nupcial por lo menos estuvo condicionado o inducido (por esas sutiles formas en las que suelen operar las presiones sociales); sin embargo, bajo cualquier punto de vista, la Bovary tenía poco o ningún margen de libertad en aquel matrimonio, ya decidido de antemano por el señor Rouault (padre de nuestra protagonista), en quien más pesaba la conveniencia económica que la idoneidad de su candidato a Yerno: «Ciertamente, (el señor Rouault) le encontraba un poco mequetrefe (a Charles) y no era el yerno que hubiera deseado; pero se decía que observaba buena conducta, era ahorrativo, muy instruido y sin duda no regatearía demasiado sobre la dote» (Flaubert 52; mis paréntesis). 

Si Emma era una mujer muy imaginativa y sensible y Charles muy rutinario y reposado, pues era más que previsible eso que ahora acostumbra a denominarse incompatibilidad de caracteres… 

Incluso, en una pareja dos personas pueden ser opuestas; pero muy armónicas y complementarias, pues un cónyuge puede emitir frecuencias tal vez distintas que sin embargo el otro cónyuge  siempre podría sintonizar; frecuencias inexistentes en los Bovary. 

IV 

Como ya habíamos indicado, la protagonista iba observando con mucha lucidez el contraste entre su gris vida conyugal y sus amores de ensueño; lucidez más agudizada aún por una gran sensibilidad e inteligencia y creatividad… 

Por tanto, en aquella mujer, la vida real era más gris que la del promedio; las fantasías más agitadas también que las del promedio. Entonces, ambos polos jalaban en direcciones opuestas, y Emma vivía así una tensión que ignoraba cómo resolver y que la hacían sentirse fracturada y que ya resultaba insostenible: ante tales circunstancias, las infidelidades se tornaron en una forma de evasión… 

Y ojo: únicamente deseo comprender a esta mujer y no centrarme en el adulterio ni justificarlo; más bien, en aquella dama el adulterio era sólo un síntoma de otros problemas que estaban en el fondo y que pasaremos a analizar. 

V

Una verdad de Perogrullo: nosotros siempre sentiremos un contraste entre nuestras locas ilusiones y el mundo verdadero;  contraste al que todos no toleramos con igual fortaleza ni percibimos con igual claridad… 

Algunos somos más sensibles y otros más prácticos y por eso es muy variable nuestra capacidad de tolerar la frustración ante tal contraste; capacidad que dependerá de qué tanto estemos pisando tierra. Y esto sugiere en nosotros una tensión constante y no mala en sí misma según como la resolvamos, esto es: debemos ser realistas pero tampoco por eso debemos renunciar a soñar

VI 

Y ¿qué sucede si en mayor o menor grado la realidad ya nos resulta insoportable? 

En tal supuesto, podríamos no buscar solución alguna sino  recurrir a evasiones que en casos extremos podrían degenerar ya en una severa alienación: aunque debe diferenciarse entre evasión y alienación. 

Las evasiones en sí mismas no son malas: las recreaciones diversas son evasiones que nos hacen descansar de nuestra rutinaria vida, con la que no obstante nunca debemos perder contacto, pues al mundo exterior siempre hay que tenerlo como referente, pues de lo contrario ya caeríamos en la alienación. 

Y es que la alienación ya sería una evasión tan radical que equivaldría a una fuga total de la realidad; fuga con ribetes ya patológicos en casos muy drásticos, de allí que en un sentido coloquial hablar de locos y de alienados mentales nos parezca casi lo mismo (pero este punto prefiero ya dejárselo a Freud o a Lacan). 

Sin embargo, cuando menos nos aceptamos (dada una baja autoestima), cuando menos nos reconciliamos con nuestra realidad (no siempre cruda ni siempre bella pero siempre alejada de nuestras más afiebradas fantasías), pues podríamos buscar evasiones gradualmente más intensas y/o fuertes que bien podrían derivar en la ya apuntada alienación o que bien podrían ser hasta auto-destructivas, tales como por ejemplo las drogas o el alcohol o el sexo por el sexo o la violencia (como la de las pandillas o los grupos subversivos o hasta fundamentalistas) o la infidelidad conyugal, caso éste último referido precisamente al de Emma Bovary…  

Aunque lo anteriormente escrito ya se referiría al peor de los escenarios, pues aun cuando todo lo veamos muy oscuro, siempre puede haber soluciones, así que sigamos leyendo. 

VII 

Nuestra vida a veces podría parecernos muy cruda o tediosa, y si la contrastáramos con nuestros anhelos más bellos, probablemente acabaríamos amargados, situación ante la cual no hay fórmulas generales aunque algunos criterios pueden ensayarse. 

Para empezar, a la realidad tal cual todos debemos aceptarla, y esto no significa caer en el abandono y la apatía, pues si de algo sirven los sueños no desvariados sino legítimos es justamente motivarnos a cambiar en este mundo sólo aquello humanamente posible con un ánimo no de resignación sino de reconciliación: la resignación podría conducirnos a terminar estando muy disgustados con la vida; la reconciliación consiste en buscarle algún sentido al mundo para saber cómo enfrentarlo y para así aligerar nuestras tristezas. 

Por otra parte, en ese mismo espíritu de reconciliación, debemos aceptarnos a nosotros mismos con nuestras fortalezas y debilidades, porque para cambiar aquello humanamente posible, debemos primero diferenciarlo de aquello ya humanamente imposible, y así poder aceptar al mundo como es, para poder recién cambiarlo, aunque de una forma más realista, algo que nos dará hasta más serenidad, porque si algo podemos modificarlo para qué preocuparnos y si algo no podemos modificarlo para qué preocuparnos, tal y como reza un viejo refrán. 

Muchas veces nos resentimos con el mundo, porque no toleramos aquello imposible de cambiar: acaso una forma de no querer admitir cuán limitados somos; acaso también una forma de ser orgullosos… 

VIII 

No pretendo presentar a la Bovary ni como heroína (aun cuando me simpatice y Flaubert me tiente a percibirla así) ni como víctima ni como pecadora ni como alienada. Quizás ella tenga a la vez todos esos rasgos pues sería simplemente humana y un espejo en el que finalmente todos podríamos reconocernos. 

Y esto porque tanto hombres como mujeres (y de todo tiempo y lugar) somos un poco como Emma y experimentamos esa tensión entre nuestro mundo ideal y nuestro mundo verdadero; tensión no mala en sí misma según cómo la resolvamos. 

Al igual que la protagonista, todos tenemos vacíos, aunque la diferencia está en cómo los llenemos o en que siquiera las evasiones buscadas sean creativas o hasta edificantes y no nocivas… 

Nuestros sueños pueden ser muy hermosos pero ¿qué costo tendrán para nuestros seres más cercanos y para los otros en general y hasta para nosotros mismos? Sí: siempre hay un costo cuando no se acepta la realidad. 

Por ejemplo, Emma tenía una insatisfacción muy comprensible y era muy inteligente y sensible e imaginativa y percibía por eso con mucha nitidez su estado y su frustración, aunque no vio el cuadro completo ni previó por tanto el daño directo o indirecto que acabó ocasionando a Charles y a su hija, Berta. 

Y esto porque la sensibilidad es a veces un arma de doble filo: podría afinar nuestros sentidos aunque obnubilándonos; podría ser como un telescopio que a veces nos hace enfocarnos muy nítidamente en un punto pero que también nos impide ver el cuadro completo. 

Basado en este personaje de ficción, el psicólogo francés Jules Gaultier acuñó el término Bovarismo, al que define así: «la evasión en lo imaginario por insatisfacción» (cit. en Vélez Sierra 124-125). Aunque él a este concepto lo calibra con más precisión: «La distancia que existe en cada individuo entre lo imaginario y lo real, entre lo que es y piensa que se es» (cit. en Vélez Sierra 125). 

Como repito, con esto no insinuó que Emma hubiese tenido problemas psicológicos o algo así. Más bien, todos adolecemos de Bovarismo en mayor o menor grado y podríamos eventualmente estar tentados a evasiones diversas y no siempre saludables; evasiones entre las que no estarían solamente la infidelidad conyugal. 

Y esto porque si algo quiero volver a sugerir en este trabajo es lo siguiente: en nuestra protagonista el adulterio es sólo la punta del iceberg de una serie de vacíos de los que finalmente nadie está librado 

Así, el reto que todos tenemos en esta vida es cómo lidiar eficazmente con nuestro Bovarismo, pues en cierto sentido: todos somos un poco Madame Bovary, al margen de nuestro sexo y no porque necesariamente seamos adúlteros...

 

---------------------

Bibliografía: 

Vélez Sierra, Nelly. «En los 150 años de Madame Bovary, 1857-2007. Diseño de un personaje: Madame Bovary». Pensamiento y cultura [Vol. 10] (2007): 123-137 

Flaubert, Gustav. Madame Bovary. Madrid: Ediciones Nájera, 1983. 439 páginas.

----------------------------

8 comentarios:

Hilda dijo...

Excelente post Martín, realmente lo leí con una sonrisa en los labios y coincidiendo como casi siempre con las ideas vertidas. Es realmente grato ver interpretaciones como las tuyas de las que uno aprende y más cuando uno no las había pensado. He leído Madame Bovary, tres veces si mi memoria no me falla, la primera cuando tenía 13 o 14 años. De hecho conservo el libro porque fue de los primeros libros formales que mi papá me regaló para iniciarme en la literatura. Si bien leo desde los 8 años, hasta en ese momento solo lo hacía digamos, en formato infantil.

Pero me estoy desviando del tema, y me gustaría antes de hablar sobre tu post, compartirte mi primera impresión que en general no ha variado mucho con las otras relecturas para así quizás mostrar porque ahora al leer tu post, veo a Emma con otros ojos.

Al leerla, mis simpatías fueron para Charles Bovary, por eso te decía que es muy grato aprender de otra visión. El doctor Bovary me daba mucho pesar y ternura. La manera que él se enamora de Emma, que intenta cuidarla y amarla en la medida de sus posibilidades. Y al ver que Emma no lo quería, me preguntaba ¿cómo es posible que alguien pueda casarse sin realmente sentir amor por esa persona? Entre la presión paterna, el sentirse halagada, el interés económico, etc. Emma se casa y para mí era lógico el porque cuando hay cimientos débiles, el matrimonio fracasa. Me resistía a creer que ella no pudiese enamorarse de alguien estable, tierno y dulce; y prefiriera la aventura. No contaba que "a fuerza ni los zapatos entran" y que como bien dices, el carácter de los protagonistas realmente era incompatible y eso es importante.
Y sin embargo a pesar de sentir coraje por Emma, no dejaba de sentir compasión por ella, la manera que es abandonada por sus amantes, la manera que a pesar de sus esfuerzos no logra ser feliz y como es defraudada por quienes aparentemente podían darle lo que su esposo no le daba. Me pareció muy triste el final de los protagonistas y el que la niña quedara sola. Pensé a que triste vida están condenados aquellos que eligen mal y que muchas veces "terminan pagando justos por pecadores"
También me molestaba el personaje de la mamá del doctor, quizás porque lo viví demasiado cerca, pensé cuantos familiares metiches son culpables de tantos divorcios. Y por supuesto me disgustaban los amantes, me daba mucho pesar y enojo ver como existe gente capaz de aprovecharse de la soledad, insatisfacción, etc. de alguien para lograr sus propósitos.

Respecto a tu post coincido que el trasfondo de esta obra va más allá del adulterio, habla de una vida insatisfecha, y si bien al igual que tú, no apruebo ni justifico el adulterio, es una realidad que este no es más que un síntoma de toda una enfermedad. Algo debe estar mal en la pareja para que el adulterio se de.
Leyéndote pienso que muchas personas tienen para mí, una idea errónea del amor, que lo buscan en lo que apantalla, en lo que deslumbra y quizás este realmente esté en lo sencillo, en lo que deslumbra menos pero dura más. Y por supuesto que cuando se busca algo con un concepto deformado, es obvio que la realidad te de con la puerta en las narices. Quizás entonces el quid estaría en tener ideas menos deformadas y más acordes a la realidad. Lo cual por supuesto, suena mucho más fácil de lo que es.

Coincido también que cuando algo está mal y no se halla la forma de solucionarlo, la evasión es la forma de evitar quizás la locura, quizás el abatirse. El problema es que la evasión por caminos inadecuados conduce a resultados no siempre buenos y termina "saliendo el tiro por la culata"
Me llama mucho la atención lo que mencionas sobre el contraste entre nuestras locas ilusiones y el mundo verdadero, y de las soluciones para superarlo. Vuelvo a coincidir contigo, es una realidad que soñamos con un "x" tipo de vida y no siempre lo logramos, que tenemos aspiraciones y sueños, y que no siempre se ven concretados.
De hecho la vida que llevo ahora no es exactamente la que yo planee, pero tu mensaje me hace reflexionar en algo que he aprendido a base de lágrimas y esfuerzo y que alguna vez mencioné en varios post en mi blog: "que cuando las cosas no resultan como lo queremos, aprendemos que los caminos de la vida no son siempre lo que uno desea o espera, pero siempre son lo que necesitamos y como los afrontemos dependerá del poder de nuestras elecciones."
Esto no significa que dejemos de soñar como bien señalas, no hay motivo de renunciar a los sueños, lo que quiero decir es que a veces la vida (Dios para mí) te tiene otras misiones distintas a las nuestras y que debemos aprender a gozar lo que tenemos y no sufrir por lo que no tenemos. Y esto creo que es precisamente lo que tú mencionas como reconciliación.

Obviamente esto no es fácil, lo dije, a mí me ha costado lágrimas y esfuerzos y a muchos, les ha costado mucho más. Pero como bien dices, ese precio será menos caro si nuestra autoestima, si nuestra seguridad está pisando firme. Eso nos evita caer en situaciones autodestructivas como las que mencionas acertadamente, que ofrecen salidas falsas y la realidad por dura y cruel que parezca es siempre mejor que una salida falsa por muy hermosa que parezca, por la sencilla razón que la ilusión es efímera y la realidad es tangible y por tanto sujeta a modificarse para mejorarla aunque cueste mucho esfuerzo.

"recreaciones diversas son evasiones que nos hacen descansar de nuestra rutinaria" exacto, las recreaciones, son de las cosas que más nos ayudan para evitar la "locura" ante el dolor, las mías son leer y ver películas. La lectura y el cine son mis formas favoritas de evadirme sanamente.

Excelente lo que nuestras insatisfacciones alcanzan a nuestros seres queridos, nuestros actos siempre tienen consecuencias no solo en nosotros sino en quienes nos rodean, como dice el párroco de la iglesia a donde voy, somos co-responsables por los demás.

En fin, una vez más como siempre, me apena el hablar tanto para opinar sobre tus post y de ser posible instauraría un premio a tu paciencia para leer mis comentarios. Je je

Un saludo afectuoso desde México. Hilda

Martín dijo...

Hola, Hilda

Gracias por tu comentario. Y como siempre me agrado este ensayo, como todos los que siempre me obsequias a modo de comentarios. Y entre otras cosas, te diría que a mí también Charles Bovary me cae bien: considero que la pluma de Flaubert debió haberlo tratado mejor.

Saludos

vilma dijo...

hola martín, mi querida hilda me recomendó tu artículo, y que bueno que lo hizo, confieso que leí esta novela siendo adolescente, y luego lo repetí como dos veces más, hace ya bastante de eso, en aquel entonces, con mi cabeza llena de pajaritos, obvio que lloré cuando la heroína se suicidó, y obvio que para mí era absolutamente justificada su infidelidad, como cambiamos con los años, a dónde se me fué todo ese romanticismo

bueno no te aburro porque sin conocerme te estoy mareando, me encantó cómo enfocaste el tema del adulterio "justificado"
saludos desde panamá
vilma

Martín dijo...

Hola, Vilma

Gracias por tus palabras. Empero, valga la aclaración, en ningún momento pretendo justificar el adulterio de la Bovary; pero sí comprenderlo (que no es lo mismo), tal y como deben ser comprendidas todas nuestras humanas conductas.

En todo caso, este personaje literario es muy rico. Y verlo sólo desde la óptica del adulterio, sería empobrecerlo.

Gracias por tu visita

Un cordial saludo

Leo dijo...

Muy concreto, se han hehcho inficidad de ensayos acerca de esta obra, pero coincido en mucho con el tuyo.

Martín dijo...

Leo

Me alegra que coincidamos. En realidad, Emma Bovary es un personaje muy rico e invita a muchas lecturas. Gracias por tu visita =)

Saludos

Anónimo dijo...

Hola Martín,
quería felicitarte por esta grande reflexión que he encontrado por casualidad. Realmente, has conseguido tratar el tema de forma muy real: cierto es que todos tenemos un poco de Madame Bovary dentro! Te animo a que sigas con estos magníficos ensayos de literatura. Un abrazo des de Barcelona,

Maria

Martín Palma Melena dijo...

Gracias, María, por tus palabras... Saludos... =)