lunes, junio 21, 2010

La Ola: el fantasma siempre latente de una tiranía...

Fuente de la imagen: gezurrak.files.wordpress

En la película La Ola (Die Welle, Alemania, 2008), el profesor Rainer Wenger (Jürgen Vogel) aborda en un curso el tema de La Autocracia. Dentro de la clase, van planteándose algunos factores que suelen favorecer un régimen totalitario: desinterés político, crisis económica o social, etcétera...

No obstante, de acuerdo al consenso general de aquel salón, en la Alemania actual, ninguna dictadura tendría ya cabida por motivos varios: los tiempos han cambiado, el pueblo germano ha aprendido ya de sus errores, ya son inexistentes las difíciles condiciones en las que surgió por ejemplo el Nazismo, etcétera...

Empero, el profesor Wenger parece dudar de esas afirmaciones y propone a sus alumnos un experimento, a saber: todos conformarán un grupo e irán asumiendo diversos elementos que los haga sentirse cohesionados y que los distinga de otras aulas.

De esa manera, aquel grupo se denomina La Ola y comienza a usar un uniforme (una camisa blanca) y a adoptar los mismos códigos y conductas y reglas y a repetir ciertas arengas: «Fuerza a través de la unidad.... Fuerza a través de la acción...».

Posteriormente, aquel movimiento termina asumiendo un símbolo y un saludo y hasta abriendo un sitio en MySpace. Lógicamente, aquel colectivo es liderado por el maestro Wenger (quien tiene el aspecto de un skinhead otoñal reformado, aunque se le atribuye en el argumento simpatías libertarias: al inicio del film, el singular pedagogo desea enseñar no sobre la autocracia sino sobre la anarquía, aunque se ve frustrado en sus pretensiones)

II

Otros alumnos van sumándose a aquel experimento. Aquella clase va incrementándose en número... Comienza a ser separado todo aquel que piense distinto y que vista sin el uniforme, caso como el de Karo (Jennifer Ulrich). No hay lugar para las disidencias. Y en algún momento, se llega hasta a negar acceso a quien no cumpla con las reglas impuestas por La Ola...

Así las cosas, un proyecto escolar va mutando en un cierto sectarismo que empieza a destellar arbitrariedad e intolerancia, síntomas de un cierto totalitarismo a escala escolar (según el presumible planteamiento de esta cinta, aquella escuela secundaria sería como un modelo a escala de un fenómeno factible en una sociedad bajo ciertas condiciones).

III

Al inicio del film, cuando aquel experimento estudiantil empieza su proceso, nada excede a un panorama que podrá considerarse como muy particular pero que tampoco es improbable en algún centro educativo (y esto aun cuando algunos incurren en un vandalismo que sin embargo más busca llamar la atención y al que el educador Wenger acaba reprobando y controlando)... Entonces, de ser así, ¿por qué después esta agrupación juvenil va cobrando poder e influyendo y expandiéndose y hasta perfilándose tenuemente como un semillero de alguna movida ideológica o hasta paramilitar?

IV

La Ola no es en sí misma tan poderosa, pero logra imponerse y arraigarse tanto por un detalle: un terreno propicio para el fanatismo. En otros términos, los integrantes de por sí son vulnerables e influenciables, no tanto por adolecer de una inmadurez e inseguridad propias de la edad, sino por tener en sus vidas privadas muchas carencias que aquel colectivo está comenzando a suplir, aunque no de la mejor de las formas. Y esto lo vemos más claro en Tim (Frederick Lau), quien acaso ve en el docente Wenger a una figura paterna

En suma, La Ola es fuerte por satisfacer erróneamente anhelos que sus adeptos anteriormente o no habían sabido o no habían podido satisfacer. Estos anhelos son hasta en sí mismos legítimos e inherentes a todos (reconocimiento, sentido de pertenencia, seguridad, afianzamiento de la personalidad), pero pueden manipularse, si son colmados erradamente con fines no altruistas sino pragmáticos o aun inescrupulosos (o siquiera experimentales)...
V

Dentro de aquel centro de estudios, paradójicamente, frente a aquel movimiento con ribetes fascistas, los más sugestionables son quienes inicialmente quieren solamente pasarla bien y exhibir una mentalidad presuntamente más abierta y una apatía e indiferencia frente a todo. Al principio de la historia, a muchos cualquier cosa les da lo mismo y viven más por inercia.

En cambio, no por carecer de convicciones sino justamente por tenerlas algo más claras, la estudiante Karo es más inmune a las embestidas de La Ola y muestra una mayor capacidad de crítica e independencia de criterio.

En la primera parte de la cinta, en contraste con muchos otros, cuando egresara de su centro de estudios, la adolescente tiene siquiera algunas metas definidas sobre su vida: por lo pronto, desea ir a Barcelona, dadas algunas inquietudes artísticas (al parecer).

Asimismo, a diferencia por ejemplo de su novio Marco (Max Riemelt), la muchacha siquiera pertenece a una familia razonablemente estable

Debido a estos rasgos, por contar con menos vacíos en comparación a otros (aunque esto en términos relativos), la chica cuenta con mayores recursos para sobreponerse a las presiones y al aislamiento social, para presentar oposición a la mayoría, para rebelarse negándose a usar uniforme y a adoptar el ideario y las prácticas impuestas por aquel grupo vestido con camisas blancas. En medio de todo, la joven es más lúcida al percibir en el resto algo que está o siendo anormal o descontrolándose.

VI

Hoy en día, las convicciones firmes y las verdades absolutas se asocian con la intolerancia o con el fundamentalismo o hasta con el fascismo (o con las connotaciones usualmente atribuidas al término fascismo). Más aún, en situaciones extremas, bajo esta lógica, tal vez hasta debas resignarte a algo: tus creencias podrán ser muy válidas y bien sustentadas, pero serán siempre relativas y refutables (y esto acaso podría denominarse relativismo), si acaso mejor te resulte estar privado de convicción alguna...

VII

Sin embargo, en sociedades que gocen de bienestar y de circunstancias normales y estables, no una crisis social o económica sino otros factores más sutiles vuelven a una tiranía un fantasma latente: escepticismo o apatía (todo me da lo mismo o no me importa nada), el renunciar a pensar (para qué filosofar tanto si mi sueldo siempre será el mismo), el individualismo (cualquier gobierno me da igual mientras mis intereses estén a salvo), la indolencia total no sólo hacia la Política sino también hacia cualquier ideal o cualquier asunto público o causa cívica o social (cuestiones no necesariamente vinculadas a algún proselitismo ideológico, pues todos tenemos derecho a nuestra independencia política, sin ser por esto considerados como irresponsables), escenario más agravado todavía si corresponde ya no a una clase de alumnos sino a una porción mayoritaria de una determinada población...

VIII

No obstante, curiosamente, contra toda dictadura, una sociedad estará más protegida no por adoptar un pleno relativismo ni por carecer de compromiso cívico alguno; sino por contar siquiera con unas cuantas certezas (a las que tampoco es imposible arribar por consenso en una democracia avanzada): o sea, más allá de una eventual pluralidad de pareceres (pluralidad en sí misma muy válida), hay ciertas cosas que siempre serán buenas o malas y que respectivamente deben defenderse o rechazarse (No por apuntar esto me estoy oponiendo a la tolerancia necesaria en toda sociedad civilizada para convivir con opiniones diversas y hasta opuestas, aunque ciertamente tampoco en todos los casos una mayoría determinada tiene la razón: verbigracia, en varias escenas, Karo es aparentemente la más intolerante y terca; empero, paradójicamente por lo mismo, ella acaba estando entre las pocas con el coraje suficiente para desafiar el sectarismo de los demás)

IX


Empero, aun en un caso extremo, si somos ya muy alérgicos a cualquier idealismo o activismo (postura por cierto muy respetable), bien nos favorecería por lo menos tener posiciones bien definidas ante ciertos temas. Porque un totalitarismo paradójicamente encuentra territorio fértil en quienes renuncian a creer en todo y en todos y restan importancia a cualquier asunto ajeno a la propia conveniencia, personas así descritas son semejantes a vasos vacíos que pueden llenarse con cualquier cosa... Porque finalmente en algo siempre acaba creyéndose, para bien o para mal (aun cuando presuntamente todo lo que te importe en la vida sea sólo pagar tus facturas)... En este contexto, cobra mayor sentido un viejo refrán repetido por algunas abuelitas: una cabeza vacía es el taller preferido del diablo...

X

En lo político o en lo social o en lo moral (o en cualquier aspecto imaginado), un relativismo puro sea acaso una ficción o vuelva más vulnerable a una sociedad. Pues en ese contexto algunas ideas siempre acabarán prevaleciendo de todas formas (para bien o para mal). Y porque son no forzosamente las mejores ni las más sensatas; sino porque son promovidas e impuestas por quienes gozan no precisamente de más prestigio sino de más fuerza o de más poder económico o político o mediático...

La verdadera libertad está no en carecer de ideas. La verdadera libertad está en tenerlas y hacerlas valer ante la amenaza de alguna manipulación o coacción o tiranía... Obviamente, también podemos ser libres hasta para ser descreídos de todo (y hasta esa libertad debe defenderse incluso en la hipótesis muy improbable de que no pudiese creerse en absolutamente nada)

Empero, de ese modo, seremos más frágiles, pues si no tenemos ninguna convicción, nada tenemos para hacer valer: seremos como una barca que estará a la deriva y que será arrastrada por cualquier Ola (como la del film)...

Así las cosas, dentro de esta película, el educador Wenger pudiera estar ignorando que la anarquía (su materia favorita) le representa a la autocracia no una antítesis sino un prolegómeno o un primo hermano... Pues en una anarquía plena (entendida ésta sea como utopía social o sea como uso coloquial) el más fuerte siempre termina imponiéndose...


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Publicado originalmente en Donare

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10 comentarios:

Marta Salazar dijo...

"en la Alemania actual, ninguna dictadura tendría ya cabida",

mein Gott, yo no estaría tan segura...

esta seguridad es muy peligrosa... apuesto que quienes dicen algo así no conocen el Este de Alemania, ni conocen a Rammstein... que es el grupo más popular entre los chicos varones de menor "cultura formal" en Alemania...

basta escuchar al social demócrata alemán Sarrazin, para tener otra idea...

Un abrazo Martín! y gracias por el post!

Martín dijo...

Querida Marta

¡Qué gusto saber de ti! Y coincido contigo en tus apreciaciones... Y, en general, las dictaduras son un fantasma del que siempre debe estarse prevenido...

Y tu testimonio es valioso si además se toma en cuenta que vives en Alemania y que estás familiarizada con esa sociedad

Muchos saludos !

Marta Salazar dijo...

Mil gracias querido amigo! La próxima semana, te pondré in link! Gracias a ti por tu excelente trabajo! Sigue así! Un abrazo fuerte!

Marta Salazar dijo...

releí nuevamente tu artículo (cada vez puedo descubrir nuevos puntos) y "tus creencias podrán ser muy válidas y bien sustentadas, pero serán siempre relativas y refutables (y esto acaso podría denominarse relativismo), si acaso mejor te resulte estar privado de convicción alguna..."

yo creo que lo que pasa en algunos países de Europa (y de esto he visto y sufrido en mi blog últimamente) es que alguna gente, no es que sea relativista; es que es subjetivista, porque hace de su propia opinión, un dogma => yo soy la medida de todas las cosas... los demás están equivocados, son injustos, etc., etc.

Pienso que lo importante no es tener ideas firmes, sino tener ideas claras; pero saber escuchar, comprender, estar abierta/o a otros pensamientos, dialogar, debatir, lo que siempre es enriquecedor.

En algunos países de Europa, se confunde el capricho, la obstinación, la terquedad y la testarudez con la firmeza... la obstinación no es tener claridad de ideas, sino, por el contrario, no tenerla.

Caro y otras chicas pudieron resistir a la tentación totalitaria, porque ellas respetaban la invividualidad de los demás, lo que faltaba en el grupo que cayó en la trampa totalitaria.

Saludos querido Martín!

Martín dijo...

Estimada Marta

Tú dices:

«Yo creo que lo que pasa en algunos países de Europa (y de esto he visto y sufrido en mi blog últimamente) es que alguna gente, no es que sea relativista; es que es subjetivista, porque hace de su propia opinión, un dogma => yo soy la medida de todas las cosas... los demás están equivocados, son injustos, etc., etc.»

Te respondo:

¡Exacto! Probablemente debí ser más explícito al respecto. Pero mi texto sugiere que el relativismo en buena cuenta es una ficción; porque dentro de tal contexto relativista a la larga una mayoría siempre termina asumiendo una misma creencia común que sutilmente o no (ya según lo sofisticado o burdo de las redes de poder en una sociedad) está condicionada por quienes tienen no más prestigio sino más poder (económico, político o mediático o todo a la vez). Y esto si en una sociedad no hay principios siempre válidos que trasciendan cualquier coyuntura o poder o interés o hasta gobierno. Por eso, según sugiero si mal no recuerdo, hay cosas buenas o malas que respectivamente siempre deben defenderse o rechazarse, más allá de quienes ostenten ciertos poderes determinados...

Ciertamente, no sólo los relativistas sino también los subjetivistas abundan... Pero siempre hay alguno o algunos con más poder para hacer valer su subjetivismo e influenciar en el resto e imponer su criterio como la medida de todas las cosas (y esto por poder divulgar más sus opiniones o por variables diversas; aunque ahora Internet está democratizando la capacidad no sólo de informarte sino además de hacerte escuchar; pero esto ya me llevaría a otro tema)

Tú dices

«Pienso que lo importante no es tener ideas firmes, sino tener ideas claras; pero saber escuchar, comprender, estar abierta/o a otros pensamientos, dialogar, debatir, lo que siempre es enriquecedor».

«En algunos países de Europa, se confunde el capricho, la obstinación, la terquedad y la testarudez con la firmeza... la obstinación no es tener claridad de ideas, sino, por el contrario, no tenerla».

Te respondo

¡Correcto! Gracias por matizar mejor mis intuiciones. Debe sobre todo tenerse ideas claras (aunque también firmes).

Las ideas «solamente» firmes son fruto de un dogmatismo terco (si acaso más que ideas firmes ya serían ideas obstinadas, tal como me sugiere tu comentario): entonces, renuncias a pensar y te cierras y tus convicciones las asumes ciega y «cuadriculadamente».

Al tener ideas «además» claras, a tus convicciones permanentemente les estas renovando su sentido y su razón de ser, un ejercicio constante cuando se está habituado a dialogar con posturas distintas o hasta opuestas a las tuyas, algo que lejos de debilitar fortalecen las propias ideas, cuando éstas realmente son fruto no de la terquedad sino del análisis y de una base sólida.

Por otra parte, están claras las diferencias entre firmeza (producto de claridad de ideas) y entre testarudez y obstinación (producto de la cerrazón)...

En fin, Marta, muchas gracias por tus aportes...

(Marta, por si acaso este comentario lo he modificado para afinar algunas ideas)

Daniel Salvo dijo...

Qué buen post, y qué inquietante película. Ojalá se pueda conseguir.
Ahora bien, diría que los aspectos iniciales de La Ola (formación de un grupo, la adopción de signos identificatorios, etc) ya se están produciendo, pero no desde un punto de vista político (el resurgimiento del fascismo), sino meramente delincuencial. Creo que muchas pandillas funcionan así, con distintivos, comportamientos, objetivos, y según algunas voces, es precisamente la falta de identidad y seguridad la que llevaría a muchos jóvenes a unirse a las mismas. Ser pandillero/fascista da una identidad que nuestra sociedad peruana, que considera que los colegios nacionales son para cholos y pobres, no proporciona. En un hipotètico movimiento neonazi, fascistas y violentistas se darían la mano.

Martín dijo...

Hola, Daniel

Según creo, el fascismo como fenómeno (sea de izquierda o de derecha o de cualquier otra índole) tiene terreno fértil en gente con muchas carencias que son principalmente humanas: esto es, no tener clara la propia identidad (quién soy); no poder descubrir un propósito en la vida (para qué he nacido); ser incapaz de darle una coherencia al mundo (por qué hay tantas injusticias); carecer de lazos afectivos o de lazos afectivos sólidos (en última instancia a nadie le importo); no poseer un sentido de pertenencia (no me siento integrado ni identificado con ninguna persona o con ningún grupo).

E insisto, tanto los movimientos fascistas o radicalizados o pandilleros hallan un ambiente propicio en todas estas carencias que son principalmente humanas y que no se reducen únicamente a variables sociales o económicas (variables que indudablemente también deben tomarse en cuenta).

Y todas estas necesidades esencialmente humanas son no única pero sí principal y primigeniamente satisfechas dentro de familias bien constituidas (a las que ahora reductivamente se les dice funcionales; porque en la familia cada miembro no sólo debe ser “funcional” sino también debe querer y ser querido)

Y si la familia falla, en la desesperación de satisfacer todas estas necesidades mencionadas, muchos jóvenes e incluso adultos estarían dispuestos a sacrificar su propia individualidad disolviéndola en un grupo que les prometa colmar todos esos anhelos (aun cuando éstos sean colmados erradamente); grupos que eventualmente podrían estar promoviendo una ideología totalitaria, sea de izquierda o de derecha, como repito.

Verbigracia, cuando solemos preguntarnos por qué surgen grupos radicalizados, suele hablarse de las injusticias sociales y de la pobreza y de la exclusión (factores que indudablemente deben considerarse pero que no son los únicos); sin embargo, en este escenario, suele olvidarse un elemento que bien podría vacunar a todo joven contra ideologías nocivas: ese elemento es principalmente el de la familia, que es la célula básica de la sociedad (y esto es cierto aun cuando hoy en día pudiera sonar hasta trillado) .

En suma, una sociedad está en crisis, porque principalmente la familia está en crisis (aun cuando tampoco deba restarse importancia a otros elementos sociales y económicos). Aunque un comentario como éste me resultaría insuficiente para ahondar en todo esto...

Gracias por tu visita y tus aportes

Daniel Salvo dijo...

Martín, no creo que resaltar la importancia de la familia sea algo trillado, en el sentido de intrascendente. Diría que las familias lo saben, pero parece no importar. Este párrafo de tu respuesta

" (...) todas estas necesidades esencialmente humanas son no única pero sí principal y primigeniamente satisfechas dentro de familias bien constituidas (a las que ahora reductivamente se les dice funcionales; porque en la familia cada miembro no sólo debe ser “funcional” sino también debe querer y ser querido)"

ilustra lo importante que es para una sociedad la existencia de familias funcionales, en lugar del modelo machista/violento que aún impera.

Sin embargo, insistiría en darle atención a la educación escolar, por que quiérase que no, es otra "familia" en la que estamos cerca de 10 años, convivimos con nuestros compañeros y profesores. Quizá los traumas y problemas que origine un hogar disfuncional puedan ser paliados por un hogar "funcional" alternativo, que sería la escuela.
La tarea de un Ministerio de Educación sería entonces que las escuelas sean los más "hogares funcionales" posibles. Pero en vez de eso, insisto, los colegios nacionales parecen ser vistos como alternativas a los reformatorios.

Nautica dijo...

Muy buenooo!!!!!!

Martín Palma Melena dijo...

Estimado (a) Náutica, muchas gracias por tus amables palabras. Y bienvenido(a).

Saludos =)