jueves, diciembre 29, 2005

El Túnel de Sábato

Fuente de la imagen: Escritores.Org


Originally uploaded by Martín Palma Melena.

A Ernesto Sábato siempre lo asocio con ciertos rasgos: su rostro entre analítico y sombrío; su serenidad más propia del estoicismo que de la reconciliación; una personalidad que parece sintetizar racionalidad y sensibilidad…

Otro rasgo suyo que siempre me sorprendió fue su abrupto giro de una destacada carrera en Ciencias a la Literatura. No olvidemos que tiene un doctorado en Física y que su itinerario académico comprende prestigiosos centros de investigación como el Laboratorio Joliot-Curie de París y el Instituto Tecnológico de Massachussets.

No es raro que un científico también sea escritor. Isaac Asimov vendió a los 18 años su primer relato a la Revista Amazon Stories y a los 28 se doctoró en Bioquímica, así que su afición a las letras y a las ciencias fueron paralelas a lo larga de su vida.

Pero lo que diferencia a Sábato es su drástica decisión de 1943 para dedicarse por entero a ser escritor; decisión que suele atribuirse a una honda crisis existencial.

Pero esta decisión también puede entenderse si recorremos cronológicamente su vida, la que nos sugiere algunas constantes: la búsqueda, las renuncias, las decepciones, los cambios de rumbo, las penurias de índole diversa, las huidas…

Algunos de los rasgos que siempre percibí de Sábato los vi reflejados en Juan Pablo Castel, protagonista de su novela El Túnel (1948), aunque nunca debemos confundir al personaje de ficción y a su creador…

Juan Pablo Castel es un hombre con cualidades muy singulares. Por un lado, su rara sensibilidad lo hace tener un gran entendimiento del lado oscuro de la naturaleza humana. Por otro lado, su racionalidad extrema lo hace analizar no sólo aquellas realidades que lo desbordan, cual mecanismo de defensa, sino también aquéllas muy cotidianas.

Lo malo de la sensibilidad de Juan Pablo es que de las personas más capta su lado negativo que el positivo. Lo malo de su racionalidad es que da como ciertas conclusiones que sólo son fruto de hipótesis, aun cuando éstas estén muy bien construidas. Es decir, paradójicamente, la propia racionalidad de Juan Pablo lo lleva al mayor de los subjetivismos.

Un día Juan Pablo ve que en uno de sus cuadros una mujer detecta un detalle que para él era muy importante, pero que para el resto había pasado desapercibido. La mujer era María Iribarme…

Juan Pablo ve a María como su tabla de salvación y la idealiza dentro de lo que cabe en su pesimismo: ella parece diferenciarse mucho de le gente superficial y vanidosa que lo rodea.

Aunque al principio observa algunos aspectos ambiguos en María, Juan Pablo siente que la necesita pero no por lo que ella es sino por lo que cree que es: un alma gemela con la que comparte una visión más profunda del mundo. Pero después él termina decepcionándose porque ella dista mucho de ser perfecta, algo que explica en parte el trágico final del libro.

Uno tiene la sensación de que la única culpa de María es haber sido demasiado idealizada por Juan Pablo, quien desesperado quiere hallar una luz en ese túnel existencial en el que se siente. Uno además intuye que María no quiere engañarlo, pero que también teme herirlo desengañándolo…

En ese sentido, El Túnel no es recomendable para quienes son depresivos o atraviesan por una época difícil…

No está mal explorar los rincones oscuros del alma, el problema es hacerlo dejando abiertas muchas interrogantes que talvez ni el autor mismo estuvo en capacidad de responder, al menos en la época en que escribió esta obra.

Aunque a Sábato y a todo autor debe juzgársele no sólo por un libro ni por su visión de las cosas en un contexto dado, sino por toda su obra y trayectoria en general…

En todo caso, hace tiempo que tengo pendiente otra novela suya: Sobre héroes y tumbas

Aclaro que éstas son sólo mis opiniones personales, tras leer El Túnel, y cada uno tiene derecho a tener las suyas…



Posdata (13 de Febrero del 2006):

Aunque posee una sensibilidad desvariada, Juan Pablo describe con mucha lucidez ciertos aspectos oscuros de la naturaleza humana, pero el problema es que un lector depresivo, muy identificado con este personaje, podría concluir erradamente que todos los hombres sólo somos ese aspecto negativo y que cualquier virtud nuestra sólo sería pura hipocresía para ocultar nuestra sórdida naturaleza… Es verdad que sería errado sacar tales conclusiones negativas (hacerlas extensivas a todos los hombres en general) a partir del pesimismo de Juan Pablo, pero tal riesgo podría existir…

La capacidad introspectiva de Sábato puede hacernos sospechar que en el fondo no éramos tan buenos como creíamos (eso explicaría en parte que el libro sea tan inquietante), incluso cuando seamos personas emocionalmente equilibradas y sepamos que la subjetividad de Juan Pablo está distorsionada. Por eso debemos saber que como humanos podremos tener un lado oscuro de la fuerza, pero siempre podremos trascenderlo para hacer las cosas más nobles; lado oscuro que no es nuestra esencia ni nos determina porque tenemos el don de la Libertad. Casualmente nuestra grandeza como personas radica en nuestra capacidad para dominar a ese mono enjaulado que todos llevamos dentro; en nuestras victorias cotidianas en esa lucha interior.

Considero que estos criterios (al fin y al cabo opiniones personales) podrían favorecer a una recta lectura de El Túnel, cuyos méritos son indiscutibles.

Quisiera agradecer al amigo Javier Murguía (quien también ha escrito una nota sobre El Túnel resaltando otros interesantes aspectos), pues muchas de sus intervenciones en mi blog me inspiraron estas reflexiones adicionales.

Posdata: (30 de abril del 2011)

Este texto fue escrito cuando aún estaba con vida Ernesto Sabato, quien falleció en la fecha indicada en esta posdata. Para mayor información al respecto, ver este artículo de la BBC


Fuentes:

Isaac Asimov
Web literaria El Poder de la palabra


Cronología de la vida de Ernesto Sábato
Universidad Nacional de La Plata (Argentina)
Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas


Cortesía de la imagen:
http://sepiensa.org.mx/contenidos/2004/sabato/images/sabato_02.jpg

18 comentarios:

luis_s4nchez dijo...

El tunel fue un libro que me produjo un alucinante calambre cerebral (eh... mas de uno).
Hermoso.

Pobre Juan Pablo, demasiadas especulaciones, hipotesis conclusiones. Distorsionada realidad.

De Isaac Asimov, solo lei "el electron es zurdo", re-interesante. Lo leia hasta caminando.

Ambos los lei mas o menos por la misma epoca (y un poco antes El Principito).

Me sorprendio bastante la coincidencia ya que llegue aqui por el post de verolindapechocha.

Martín dijo...

Hola, Luis

Gracias por la visita...Bueno, el Túnel es inquietante, por decirlo de alguna forma... El protagonista, en sus reflexiones, hace un diagnótisco muy real de la naturaleza humana, pero aun así, creo, hay mucho pesimismo en su visión de las cosas... Con respecto a Asimov, lo mencioné sólo para hacer un simil con la vida de Sábato, ya que ambos son científicos... Y a mí también me ha llamado la atención esa coincidencia... Saludos

postmodern_geisha dijo...

"Existió una persona que podría entenderme. Pero fue precisamente la persona que maté."
creo que es una obra que impacta a todo aquel que la lee, porque es tan humana como cada uno de nosotros, los defectos de los personajes nos hacen ver lo parecidos que son a todos y cuan perfectamente humanos pudieron ser concebidos por Sábato.
La única duda que queda en mí cada vez que releo este libro es si me parezco mas a Juan Pablo o a María.

Martín dijo...

Estoy de acuerdo, Geysha... El logro de Sábato en ese libro es reflejar defectos humanos con los que todos bien podríamos vernos reflejados… Y es cierto también que talvez todos tenemos algo de Juan Pablo y de María… Sin embargo, aun cuando como humanos tengamos esos defectos y miserias siempre debemos entender que somos mucho más que ellos y que podemos superarlos… Al menos para mi gusto, creo que en esa obra Sábato debió no sólo reflejar ese “túnel” en el que a veces podemos sentirnos, sino también mostrarnos como salir de él… Aunque quizás este autor sólo reflejó su visión de las cosas en algún momento de su vida… En todo caso, el mérito de este libro son las interrogantes que abre para motivar al lector a buscar respuestas, pero esta búsqueda siempre debe ser optimista… Algo que aprecio en Sábato, al menos por lo que percibo de él, es su necesidad de ser sincero consigo mismo… Acaso eso explicaría en parte los motivos por los que renunció a su prometedora carrera de científico para dedicarse a la Literatura… Al menos, más adelante, tengo inquietud por seguir ahondando en su biografía… Y gracias por la visita, Geysha

Una de las Moiras...¿O Gorgona? dijo...

Suele suceder, tiendo a matar aquellas personas o situaciones que se tornan reflejos míos. Hipersensibles, somos en potencia asesinos de novela o víctimas de cuento.

Me parece que cada autor deja un pedacito de carne o un rastro de sangre propio en cada letra, en cada composición. Podemos estar muy llenos de plenitud o sumergirnos en lo sombrío y pesimismo y escribir desde allí, armarnos pues desde allí a través de nuestros personajes.

Leer a Sabato desde sus sombras, me ha parecido exquisito.

Larga vida al pesimismo
Un saludo Martin!

Karina Falcón

Martín dijo...

Aun para describir con lucidez las sombras del mundo interno de uno se requiere talento... Y Sábato lo tiene... Es innegable… Saludos y feliz año nuevo, Karina

Patricia de Morante dijo...

"Miramos la historia a través de nuestras propias experiencias y no vemos lo que somos capaces de ver, tal como cuando leemos una novela. Cuando niños, se nos aparece como un conjunto de batallas; más adelante, como una sucesión de problemas amorosos o de luchas económicas; o políticas, o religiosas; finalmente, concluimos por entrever algo así como un combate metafísico entre el Bien y el Mal.." (Heterodoxia - Sabato).
No he leído aún El Tunel, pero sí otras obras de Sabato como Hombres y Engranajes, Heterodoxia...; imposible no sentirse identificado con ellas: esa búsqueda de sentido a la vida, sus reflexiones acerca de la condición humana, incitan a replantearnos conceptos ya establecidos, y eso es lo que los hace grandes obras: lo que sucede con uno luego de cerrar el libro..

Gracias x estos comentarios del Tunel, me han dado ganas de leerlo.
Sdls.
Patricia

Martín dijo...

Es verdad, las grandes obras nos hacen replantearnos muchas cosas, incluso sobre nosotros mismos, que dábamos por sentadas… Interesantes tus reflexiones

Saludos cordiales

Martín

Javier Munguía dijo...

Buena nota, Martín. Me han dado ganas, a raíz de leerla, de releer una vez más esa extraordinaria novela que es El túnel. Tu nota me gustó porque incita a los lectores que no la conocen a adentrarse en ella, sin revelarles cuestiones que podrían arruinar su lectura, además de que expones las impresiones que te ha producido la novela.
A Juan Pablo Castel lo recuerdo como un autosaboteador; me pareció desmesurada, al leer El túnel, su capacidad de joder sus mejores momentos con María a causa de su hipersensibilidad atrofiada. A la vez, me conmovía su soledad, las ilusiones que se hacía de salir de ella al lado de la mujer.
Me sorprende que se hable de la novela como pesimisma pues nunca la he visto como tal. Es decir: como lector tomo distancia, aunque me conmueve, aunque reconozco rasgos míos en él, de Juan Pablo Castel. Este pudo haber sido feliz con María o con otra mujer; no lo es pues se crea una idea de María que corresponde a una madre, a la madre que ha buscado siempre -al igual que Sabato (sin acento), quien siempre resintió la indiferencia de esa figura-. Cuando la idea que se ha formado no corresponde con la mujer de carne y hueso que tiene al lado, sobreviene la tragedia.
No entendí el reparo que le haces a la novela. Por lo demás, aplaudo tu buen gusto literario.

PD. Sobre héroes y tumbas me parece un bodrio. No esperes encontrar la precisión de El túnel, donde cada una de las escenas es significativa respecto de la historia narrada.

Martín dijo...

Hola, Javier

Interesante cuando mencionas que Juan Pablo bien pudo ver en María a la madre que siempre busco, situación que asocias con la propia biografía del autor.

Pero es claro que Juan Pablo en su afán de compensar muchas carencias se aferra al ideal que se ha hecho de María. Por eso no tolera que ella no sea lo que él pensaba. Ahora, quizás la novela no te haya parecido pesimista, pero por alguna razón me resultó algo depresiva (tal vez debo tomar más distancia como lector de un texto… =)), aunque esas ya podrían ser cuestiones subjetivas.

Con respecto a los reparos que hago de la novela creo que debo explicarme mejor. Sábato tiene talento para enfocar con mucha profundidad los defectos de las personas. A mí también me ocurrió como a ti que me sentí identificado con algunos rasgos de Juan Pablo. Pero leer El Túnel podría ser una experiencia análoga (Ojo: análoga no igual) a esos psicoanalistas que te hacen un buen diagnóstico de tus fantasmas personales, pero después no saben qué hacer con ellos (no sé si me dejo entender). Aunque hasta esto mostraría la innegable capacidad introspectiva de Sábato. Claro que uno puede tener criterios para reconciliar ciertos fantasmas que bien podríamos verlos reflejados en Juan pablo, pero ¿todo el que lee El Túnel tendrá esos criterios? Quizás estas impresiones se deban, como repito, a que el libro lo sentí algo depresivo (pero, como ya apunte, esto es algo ya subjetivo). Aunque esto para nada le resta méritos literarios a la obra…

Por otro lado, pensé que Sábato llevaba acento porque era una palabra esdrújula… =). Aunque en la Red la he visto escrita con y sin acento.

Gracias por el dato sobre esa novela “Sobre héroes y tumbas”. Sin embargo, una lectora (Patty, quien también dejo su comentario en esta nota) me ha motivado a leer otra obra de Sábato, “Hombres y engranajes”, de la que he leído como adelanto algunos conceptos donde descubro a un Sábato dramático pero a la vez muy edificante.

En todo caso, lo que admiro en Sábato es su capacidad de ser sincero consigo mismo; capacidad que a veces sólo logran personas que han atravesado por situaciones muy difíciles…

Y gracias, Javier, por tus comentarios, que fueron muy interesantes…


Un abrazo

Martín

Javier Munguía dijo...

Martín:
he leído y aún conservo Hombres y engranajes. Sabato plantea en él que a partir del renacimiento, un movimiento humanista, los seres humanos paradójicamente nos hemos ido deshumanizando en favor de la máquina y el progreso; nos hemos convertido nosotros mismos, según el escritor, en máquinas.
La cuestión de que Juan Pablo Castel busca en María una madre en María se puede rastrear en la novela misma. No solo el cuadro que Juan Pablo pinta y María entiende se llama "Maternidad"; hay un momento de la novela en que incluso Juan Pablo dice que en ocasiones ve a María como una mujer más vieja y ya perdida, eso o algo parecido.
Muchos lectores, incluso el autor de la introducción a mi edición, ven en El túnel una novela pesimista; quizá fuese la intención de Sabato que se leyera así; sin embargo, nunca le he dado esa lectura, me conmuevo con pero también me distancio de Juan Pablo, no puedo sino pensar cada vez que termino la novela que el túnel en que se encuentra es algo que él mismo se ha buscado, y no que el "hombre" en abstracto está condenado a la soledad.
Gracias a este intercambio, hoy empezaré a releer El túnel. Saludos.

Martín dijo...

Hola, Javier

Estamos de acuerdo, en realidad parte del Túnel en que está Juan Pablo se debe principalmente a sus desordenes emocionales (al menos así lo percibo a él) o a que él mismo se lo ha buscado. Y aplicar esta situación al hombre en abstracto no sería certero. Sin embargo, siempre cabe el riesgo de que, a partir de la visión negativa de Juan pablo, pudiera desprenderse una antropología también negativa. Admito que esto sería una lectura errada de El Túnel, pero bien podría incurrirse en ella… Ahora, honestamente, nunca noté que Juan Pablo viera reflejada en María a una figura materna… Quizás tú tienes más elementos que yo para darle esa interpretación a la obra. Aunque como tú bien dices ese detalle sólo puede “rastrearse”, lo que me sugiere algo más implícito que explícito (pero ya me dejaste la inquietud…) También sucede que dos personas pueden leer una misma obra y, desde su subjetividad, prestar más atención a detalles diferentes y darles interpretaciones diferentes… En todo caso, una cosa es leer una obra y otra, nutrirse de las diversas lecturas que de ella hacen otras personas; lecturas como la tuya por ejemplo… Ya sabes ese viejo refrán: dos o más cabezas piensan mejor que una… Pero como bien dije en mi artículo, sólo traté de dar una opinión personal…

Con respecto a “Hombres y engranajes” no puedo opinar aún: déjame primero leerlo, para poder conversar (no me lo cuentes =))… Aunque todavía tengo otras lecturas pendientes…

Saludos

Javier Munguía dijo...

Jaja: no te contaba Hombres y engranajes, Martín; te hablaba de la premisa principal del libro, quizá para estimularte a leerlo. Estoy releyendo El túnel. Fíjate que sí hay bastantes elementos para afirmar que Juan Pablo quiere ver en María a la madre muerta. La novela me está pareciendo una jugada maestra en la carrera literaria de Sabato: la estoy disfrutando muchísimo. Es realmente un placer volver a las obras que uno más admira y leeras como si fuera la primera vez.

Respecto de Sabato-Sábato, también lo he visto de las dos formas, incluso en la edición donde tengo El túnel lo escriben Sábato, pero me he convencido de que es Sabato porque la mayor parte de las ediciones serias que lo publican -como Seix Barral, quien tiene el volumen de su narrativa completa- lo escriben Sabato.

Un saludo.

Martín dijo...

Hola, Javier:

Creo que coincidiremos en que Juan Pablo construye de María un ideal que no corresponde con la verdad y con el que busca compensar sus vacíos. Ahora, si ese ideal consiste, en parte o en todo, en ver en María a la madre de la que careció… Pues sólo puedo decirte que ya me dejaste la inquietud para darle una relectura a El Túnel…

En un interesante post del blog “Apostillas” (cuyo enlace te consigno al final), Magda Diaz se refiere a un libro en el que Eco analiza tres modos de producción de signos: los “indicios”, los “síntomas” y las “improntas”.

Cuando tú afirmas que Juan Pablo ve en María a la figura materna que no tiene ¿te basas en un “indicio”, un “síntoma” o una “impronta”? En lo personal creo podría ser una “síntoma” que, siendo un término medio entre el “indicio” y la “impronta”, tiene un componente subjetivo, según entiendo…

Y con respecto a “Hombres y engranajes”, sí que has logrado tu propósito de interesarme en esa obra… =). Gracias por tu esmero en ese sentido: muy interesante la breve reseña que me haces… Ya dos personas me han motivado esta semana a leer ese libro y por algo será…

Con respecto a Sábato y Sabato, pues imagino que es una cuestión de criterios… Yo prefiero optar por lo seguro: es una palabra esdrújula y se acentúa, salvo mejor parecer… Pero no quiero parecer terco… =)

Saludos

Martín

Este es el enlace del post de Apostillas titulado “Improntas, síntomas e indicios”:

http://apostillasnotas.blogspot.com/2006/01/improntas-sntomas-e-indicios.html

Javier Munguía dijo...

No me has parecido terco, Martín, solo que yo no pronuncio Sabato como esdrújula :O Jeje.
Iré a la nota cuyo enlace me dejas. No tengo noticia de la categorización de Eco. Creo, sí, lo que ya he consignado: que en El túnel hay suficientes elementos -el nombre del cuadro, las referencias a la madre, la identificación de la madre con María- para decir que Juan Pablo busca ver en su amante a su madre, una figura idealizada, sin duda; tanto que a Juan Pablo, cuando la madre vivía, le costaba descubrirle los pequeños, los mínimos defectos.
Saludos, Martín.

Javier Munguía dijo...

Quise decir -apenas ahora me percato-- que a Juan Pablo le dolía encontrarle los pequeños, los mínimos defectos a la madre.

Martín dijo...

Hola, Javier

Una cosa es leer una obra y otra, aprender de los diversos análisis y lecturas que de ella hacen otras personas… Interesantes tus comentarios...

Saludos

Martín

Freestyle Comunity dijo...

HOLA
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