sábado, marzo 29, 2008

Paradise Now: una aproximación a los móviles de la violencia


(fuente: CineFreaks)


Paradise Now (Palestina, Holanda, Francia y Alemania, 2005) es una película que ha recibido premiaciones en el Festival Internacional de Cine de Berlín de 2005 (ese detalle me motivó a verla).

Si algo destaco en este film es su visión equilibrada, quizás perfectible pero bastante aceptable, si consideramos que se aborda un tema muy polémico por ser mirado con cargas políticas, ideológicas y emocionales tan intensas como opuestas.

Y hablo de visión equilibrada por varias razones: por un lado, al tema del terrorismo se intenta comprenderlo pero sólo hasta el límite preciso de no justificarlo; por otro lado, se busca comprenderlo pero en el contexto de las injusticias en el que surge; por otro lado, la cinta tiene un corte documental que a sus innegables visos de denuncia los acerca a la reflexión y los distancia del activismo; por otro lado, a esos visos de denuncia podrán percibírseles sólo mediante la mirada de palestinos pero apuntan tanto contra la ocupación israelí (por sus abusos y excesos y represión) como contra algunos de los propios palestinos (por su opción por la violencia y por el odio ante las injusticias); por otro lado, la violencia es tácita y se prescinde de escenas sangrientas y se apela no a la emotividad o efectismo sino siempre al análisis.

Y son precisamente (y quizás también paradójicamente) estos elementos para una visión equilibrada los que hacen que este film sea más verosímil e interpelante.

Said (Kais Nashef) y Khaled (Ali Suliman) son dos amigos de la infancia que trabajan en un taller de mecánica. Ellos son contactados por Jamal, un extremista que los recluta para perpetrar un acto terrorista suicida.

La primera parte de la cinta nos presenta la etapa de entrenamiento y de adoctrinamiento que Said y Khaled atraviesan. Por eso al principio, al menos desde el punto de vista de estos personajes, la única opción que se presenta como viable es la violencia, para conseguir reivindicación y combatir las injusticias.

Pero este adoctrinamiento es más elocuente no tanto porque en sí mismo lo sea ni tampoco tanto porque sea irrefutable; es más elocuente porque halla un terreno muy fértil en los propios Said y Khaled.

Ellos son no criminales natos sino personas comunes y corrientes aunque condicionadas por un contexto muy difícil al que pueden haberse acostumbrado desde la infancia pero que no por eso cesa de desbordarlos y de cuestionarlos para hallar una coherencia y un sentido al mundo; personas comunes y corrientes que además adolecen de una sensibilidad muy herida y de una historia personal traumática y de una gran desesperanza (que ya no desesperación porque incluso hay hasta una cierta resignación aunque muy impregnada de rencor).

No obstante, por estas características, a Said y Khaled no los justificamos pero entendemos porque son tan influenciables y manipulables por un radical como Jamal; entendemos asimismo que los grupos terroristas tienen éxito en reclutar a sus miembros porque saben muy bien cómo suplir diversas carencias (no necesariamente económicas sino también afectivas o espirituales): ante la soledad se brinda acogida y un sentimiento de pertenencia; ante la sensación de desesperanza se brinda la esperanza de un paraíso ahora mismo (de allí el título del film) en la otra vida por medio de la inmolación en un acto terrorista; ante una fe religiosa frágil se la fortalece pero con una propuesta muy fanatizada políticamente (o pseudo-políticamente); ante la injusticia se propone como remedio una venganza disfrazada de justicia; ante una baja auto-estima se da valoración (aun cuando fundada en criterios errados); ante una realidad sin significado se brinda un significado aun cuando sea muy distorsionado por intereses panfletarios.

Y destaco sobre todo la necesidad de darle un significado o coherencia a la realidad, o sea: todos los seres humanos tenemos un anhelo de significado en nuestra vida; anhelo que los grupos terroristas comprenden muy bien y que por eso saben explotar a su favor muy eficazmente aunque también muy perversa y calculadoramente.
Otro elemento en el terrorismo que observamos en este film: se apela a una sensibilidad religiosa o se busca satisfacerla con una concientización esencialmente política aunque con ribetes religiosos.

No obstante, hay un personaje que o bien sirve como contrapeso a esta lógica argumental o bien otorga un giro muy distinto a la producción: se trata de Suha (Lubna Azabal).

Suha es una mujer palestina formada en Occidente. Está incluso atraída por Said (uno de los dos jovenes reclutados como terrorista). Tiene una gran sensibilidad y entiende y siente en carne propia la animadversión contra los israelíes. Sin embargo, gracias a ella comprendemos que resistencia y terrorismo son cosas muy distintas, que puede resistirse contra las injusticias haciéndolas cada vez más evidentes y menos defendibles con argumentos; estrechándoles cada vez más el espacio ideológico al punto de que ya no quepa ninguna justificación.

Y ¿estos recursos no pecan de idealistas y acaso servirían de algo? Pongámonos a pensar: hasta la mayor de las opresiones puede ser debilitada (al punto de volverla insostenible) restándole legitimidad en el campo de las ideas y no restándole fuerzas en el campo de las armas (algo tal vez imposible si se está en una posición muy desventajosa).

Suha no tiene todas las respuestas ni esta exenta de resentimiento (el que incluso trasluce mediante una mirada bastante cargada contra el soldado israelí que le revisa los documentos, en una escena inicial de la cinta). Pero la hermosa palestina por lo menos tiene claro que la violencia genera más violencia y no debe ser una opción; ella por lo menos se esfuerza por ensayar otras salidas…

Al personaje de Suha podría criticársele por tener ideas presuntamente ya muy occidentales y ajenas al contexto palestino; ideas que ella tal vez defendería no tanto por convicción como por el afecto hacia Said y por el esmero de librarlo de inclinaciones radicalizadas… Pero pese a estos detalles, los argumentos de esta mujer jamás dejan de ser válidos y su rol jamás deja de ser crucial para estabilizar la balanza en esta historia.

Y no solamente Suha, también Khaled (el otro joven reclutado por Jamal) busca distanciarse en algún momento de la violencia, cuyas propuestas entonces comienzan a marchitarse y a despejar el camino para la búsqueda de soluciones pacíficas ante las injusticias.

Ahora, la cinta no brinda respuestas en ese aspecto, pues el final lo deja abierto en un momento clave, pero por lo menos sugiere la siguiente idea: aun en las peores circunstancias, la opción por el odio nunca resulta del todo convincente o del todo clara incluso para un potencial terrorista, quien por más heridas abiertas que tenga, nunca dejará de mostrarse ambivalente hasta el último instante o hasta el extremo de eventualmente arrepentirse… Siquiera esta ambivalencia es una tímida luz de esperanza…


-----------------

Datos de la película

Paradise Now. Guión de Hany Abu-Assad y Bero Beyer. Dirección. Hany Abu-Assad. Actores. Kais Nashef, Ali Suliman, Lubna Azabal, Amer Hlehel. Augustus Films, 2005.

6 comentarios:

Hilda dijo...

Estimado Martín, que interesante reseña y aprendizaje has encontrado en la película.
Creo que ya habrás notado por mis comentarios que no tengo mucho acceso al cine europeo y que las películas de acción no son exactamente mi fuerte. Reconozco que soy demasiado "rosita" en los géneros de películas que prefiero.

Sin embargo con reseñas como las tuyas y las de Marta, logro aprender de películas aunque no las vea. Es un regalo visitar sus espacios. Y es por eso que a pesar que mi visión es escasa por no haber visto la película, me gustaría comentar tu reseña porque me pareció sumamente interesante e importante lo que rescatas de ella.

Siempre he estado en contra de la violencia y de acuerdo con las palabras de Gandhi: "ojo por ojo y nos quedaremos ciegos". Sin embargo también he estado siempre a favor de comprender el porqué la gente actúa de tal o cual forma.

Cuando uno es herido, es normal querer venganza, yo lo he sentido aunque nunca lo he llevado a la práctica puesto que mi conciencia siempre se ha impuesto hasta ahorita y espero lo haga siempre. Pero el dolor y las injusticias son sentimientos muy poderosos y si somos heridos por ellos nuestra razonamiento corre el peligro de salir volando por la ventana.
Una de mis historias favoritas es El conde de Montecristo (del cual hablaré pronto en unos de mis post) y cuando lee uno su historia puede entender perfectamente sus acciones. Más no justificarlas y ese me parece que es el más importante de tus mensajes. Entender, comprender más no justificar.
Ya que en aras de la defensa, de buscar justicia, cualquiera de nosotros como el Conde y los personajes de la película que reseñas, rebasa en cualquier momento la línea de la ¿cordura? y cometemos acciones que nos convierten en algo igual o peor que lo que condenamos y la mayoría de las veces, gente inocente que está a nuestro alrededor es la que sale perjudicada. Si mal no recuerdo hablabas de algo muy similar en tu excelente post del racismo que fue el primero que yo leí de tu autoría.

Me parece muy triste y muy injusto que con el afán de usar a la gente a su propio beneficio, se manipule las necesidades humanas: la necesidad de compañía, de ser escuchado, de ser importante, de trascender, de creer. Y que se use a la religión como medio de manipulación política o de cualquier tipo me indigna y entristece sobremanera. Y es verdad que el dolor y la desesperanza pueden hacernos presas fáciles de gente a mi juicio sin escrúpulos.

Que interesante el personaje de la joven, quien a pesar de entender en carne propia el dolor y la injusticia, es capaz de tener otra actitud ante las desgracias y buscar resistencia sin terrorismo, de querer buscar otras alternativas. Muy acorde a la idea de Frankl que lo importante es la actitud ante las circunstancias y eso es algo que no todas las personas logramos hacer. Nuevamente, el dolor a veces es más fuerte pero si no aprendemos a sobreponernos y a buscar salidas más ecuánimes para resolver los conflictos seguiremos cumpliendo aquello que mencionas de que violencia, engendra violencia. Por eso San Francisco de Asís pedía ser el instrumento de la paz de Dios. Insisto, lo sé por experiencia, nada fácil de lograr sentirlo y llevarlo a la práctica.
Ojalá la joven haya logrado que los jóvenes cambien de opinión y logren zafarse del enredo en que se vieron arrastrados o influenciados.
Un gusto como siempre aprender de lo que escribes. Saludos cordiales. Hilda
p. d. ya aprendí a usar las negritas y cursivas ¿viste? ¡gracias!

Marta Salazar dijo...

gracias Martín!

Martín dijo...

Hola, Hilda

Gracias por tus aportes. Con algo más de tiempo leeré tu esmerado comentario como es debido…

Muchos saludos

--------

Hola, Marta

¿Por qué las gracias…? No hay nada qué agradecer, amiga… =D

Un cálido saludo desde Lima

Hilda dijo...

Hola Martín, sé que te he premiado mucho pero el de hoy es tan bonito que no quise dejar de compartirlo contigo, sin obligación no te apures, me conformo con que sepas que te elegí. Un abrazo. Hilda

P. d. de mi comentario, al contrario gracias a ti por recibirlo. Leelo, comentalo cuando puedas y gustes, con lo que lo recibas y sea de utilidad, yo estoy gustosa.

icue dijo...

Entro en tu blog accidentalmente, me ha gustado mucho el analisis que haces de esta pelicula, creo que es muy acertado, seguiré visitandote.
saludos

Martín dijo...

Estimado Icue

Gracias por la visita y qué gusto tenerte por mi espacio. Y bienvenido. Con más tiempo haré un recorrido por tu bitácora.

Un cordial saludo