martes, diciembre 30, 2008

Un lugar llamado Oreja de Perro: una novela de Iván Thays



Un hombre ha recibido de la vida varios golpes casi simultáneos. Ha perdido prematuramente a su hijo Paulo. Siente además remordimiento pues acaso fue negligente y pudo haber evitado aquella tragedia. Como si fuera poco, ha sido abandonado por su esposa, Mónica, quien probablemente se ha ido con otro hombre.

II

Antes de continuar, me detendré en algunas citas de esta novela.

Lili, una mujer oriental, le dice a un amnésico: «No tienes por qué lamentarte por la amnesia. La memoria es una espía. Tú has logrado librarte de ella, has conseguido extraviar a tu espía. Considérate un hombre muy afortunado» (Thays 81; mis resaltados).

Páginas más adelante, el narrador-protagonista nos comenta: «El antónimo ideal de la memoria debe ser la imaginación, fantasear, hacer ficción. No la amnesia» (Thays 178; mis destacados)

III

Y ¿por qué resalto estas citas? Porque la memoria bien sería un elemento esencial en esta obra, o sea: el personaje principal tal vez quisiera olvidar tanto sufrimiento; pero como no puede entonces recurre a la imaginación, para reelaborar la memoria y darle algún sentido.

Y esto porque la memoria se presenta efectivamente cual espía a la que nuestro sujeto no desea escuchar pero que no cesa de interpelarlo y de obligarlo a atar ciertos cabos (y a veces, en la vida, hay cabos que sería preferible dejarlos sueltos, si no se está preparado).

IV

De esta forma, a lo largo de la historia, el protagonista va rememorando su pasado y confirmando (que no descubriendo) cuán cerrados había tenido los ojos ante muchas cosas ocurridas tal vez incluso ante las propias narices.

Y hablo de confirmar y no de descubrir, pues este hombre acaso ya intuía muchas cosas que las adversidades únicamente han hecho ver con mayor nitidez, por ejemplo: él ya conocía de alguna otra infidelidad de Mónica; él ya sospechaba que su matrimonio desde hacía mucho venía desmoronándose a través de un proceso solamente acelerado por el fallecimiento de Paulo.

V

Sin embargo, el personaje hacia su esposa más que rencor siente nostalgia, esto es: esa mezcla entre memoria y tristeza y hasta ternura, estado que nos estimula no tanto a increpar como a comprender (y comprensión es no precisamente perdón aunque sí un espacio ganado frente al resentimiento; un espacio donde podría existir cabida incluso para un mea culpa y eventualmente para perdonar).

VI

Tal vez por ese motivo, en sus esfuerzos por comprenderla, el narrador nos cuenta algunas cosas sobre Mónica: ella tuvo una difícil historia personal, provino de una familia disfuncional y sufrió una abrupta y nunca aclarada ausencia paterna y conoció la soledad por prolongados periodos durante la adolescencia.

Cuando a muy temprana edad experimentamos la perdida o el abandono de algún ser querido (y más si éste es un referente importante para cualquiera), nos cuesta involucrarnos nuevamente y mantener relaciones estables, pues si volvemos a querer a alguien, quién nos garantizará que no volvamos también a perderlo y a sufrir, temores naturales pero más acentuados si hemos padecido la drástica ruptura de algún lazo afectivo (y más aún en una etapa como la juventud, donde las heridas a veces nunca cicatrizan totalmente).

Y la de Mónica sería una situación semejante, ésta es: ella de muy joven había sido abandonada por el padre, y esto ya de por sí a la mujer le habría hecho difícil el conservar un vínculo permanente (vínculo eventualmente generador además de una tensión de la que se habría buscado escapar mediante infidelidades conyugales o bien ciertas o bien supuestas); dados estos antecedentes, a Mónica ya le resultó demasiado el fallecimiento del primogénito (una perdida que es distinta a la del progenitor pero que es igual de traumática y de imborrable) y habría optado por huir antes de continuar con un matrimonio en el que el marido y el ambiente hogareño sólo habrían hecho recordar al hijo muerto.

No obstante, gracias a la mirada del esposo, a Mónica ni la vemos como la mala de la película ni tampoco la justificamos; pero llegamos a entenderla…

VII

Por su parte, el protagonista nos cuenta sus dramas sin aspavientos ni sentimentalismos; dramas que por eso debemos leerlos despacio para detectar que se nos está sugiriendo entre líneas.

Y esto quizás porque este sujeto a sus desventuras no las ha procesado totalmente sino las está recién procesando, y ya después quizás las sentirá en toda su intensidad, como cuando hemos recibido muchos golpes, y sólo cuando nos sobreponemos sentimos los impactos…

VIII

Sin embargo, precisamente por esos sufrimientos, aquel personaje parece convincente cuando se vuelve más receptivo ante realidades que le hubieran pasado desapercibidas en circunstancias más ordinarias; realidades que este individuo irá confrontando a lo largo de la historia.

De esa manera, con esa sensibilidad a flor de piel, él comienza a ver por televisión las prolongadas jornadas de La Comisión de la Verdad y de la Reconciliación (Comisión que pretende esclarecer muchas violaciones contra los Derechos Humanos en los tiempos del terrorismo en el Perú); él comienza a tener mayor lucidez de como los medios a este evento lo banalizan presentándolo como un espectáculo y enfocándolo desde ángulos intrascendentes (como por ejemplo cuánto ganan los miembros y colaboradores de La Comisión).

Y así, en algún momento, nuestro sujeto llega a escribir en un artículo: «Lo peor que podría pasarnos era acostumbrarnos a la muerte; a la impunidad, al horror, al Mal» (Thays 19; mis destacados).

Por tanto, gracias a su propio dolor, el narrador adquiere una capacidad de la que muchos peruanos carecen cuando tienen vidas muy instaladas y normales: la capacidad de no acostumbrarse a los horrores que se van conociendo por los testimonios brindados durante las sesiones de la mencionada Comisión…

IX

Ya en este punto, el protagonista pareciera tener sus sentidos más afinados: para viajar por un encargo periodístico a un pueblo andino llamado Oreja de Perro; para sintonizar con personajes como Jazmín; para no sólo entender sino además interiorizar ciertos dramas ocurridos durante las épocas de la violencia terrorista en el Perú.

En este libro, para el narrador, los personajes de Marú y de Jazmín bien podrían significarle todo un simbolismo: Marú representaría un mundo criollo que es conocido de sobra y que ya no aporta nada nuevo (Marú podría ser inteligente, pero ella tiene sus vacíos y no es lo suficientemente madura para experiencias sólo comprendidas cabalmente si se han vivido o si al menos se ha vivido); Jazmín representaría un mundo andino que es todavía enigmático pero con el que ya podría sintonizarse y que podría aportar mucho incluso a la propia historia personal(pues el protagonista está siendo moldeado por sus propios sufrimientos y haciéndose así más proclive a conocer a alguien que pueda comprenderlo mejor y que sería Jazmín, quien pertenece a otra condición social pero tiene un pasado también muy duro).

En este libro, el protagonista no nos brinda respuestas; pero tal vez estaría preparándose (o madurando) para siquiera empezar a buscarlas…

En ese sentido, sin ánimo de querer hacer una apología al masoquismo, en esta obra acaso al dolor sea una pedagogía extraña para humanizar, es decir: cualquiera que sea, el dolor a veces nos es inevitable, aunque podría hasta agudizar bastante nuestra otrora visión superficial, pero eso únicamente lo consigue un dolor o reconciliado o procesado o asumido con todo un sentido (y en este proceso pareciera estar el personaje principal).

Así, esta obra es sobre la memoria, sobre el dolor personal como una rara forma de aprendizaje y de sensibilización ante los dramas y heridas aún no cicatrizadas en un pueblo imaginario llamado Oreja de Perro; un pueblo andino otrora víctima de la violencia terrorista en la década de 1980.

En esta historia un mensaje que deduzco sería el siguiente: mientras no aprendamos a reconciliarnos primero con nuestro propio dolor personal, difícilmente aprenderemos a reconciliar el dolor social por la violencia terrorista en el Perú. En otros términos: primero cambiemos nosotros y después podremos cambiar la sociedad

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Bibliografía

Thays, Iván. Un lugar llamado Oreja de Perro. Barcelona: Editorial Anagrama S.A., 2008. 212 páginas.

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Nota (4 de Julio del 2009):

Hoy descubro con agrado que esté texto figura con 95 votos en el espacio Planeta Libro

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2 comentarios:

Hilda dijo...

Que post Martín, excelente en verdad, sobre todo, esa conclusión me dejó un muy buen sabor de boca. Con esta magnífica reseña se antoja leer el libro.

Me gusta más la forma del protagonista de ver a la imaginación como antónimo de la memoria. Con la imaginación como bien dices podemos reelaborar a la memoria y en determinado momento minimizar o canalizar el dolor.
La amnesia es un mecanismo de defensa que en lo particular creo que lo único que hace es aplazar el dolor. Hay sufrimientos que no se pueden o se deben olvidar, tarde o temprano regresan para ser enfrentados. Y yo sé que hay cosas que uno quisiera pensar que no pasaron y por tanto quedarse enterradas en el olvido pero cuando hay fantasmas, el vivir el presente y pensar en el futuro se dificulta.
En cambio con la imaginación, el pensar en otra cosa, el traer a la memoria momentos gratos, etc., el dolor se hace más llevadero. En ese sentido el protagonista me hizo recordar a mí misma porque prefiero fantasear e imaginar que recordar las cosas malas que me ha tocado vivir. Y en ese sentido la literatura y el cine son mis mejores auxiliares para ello.
Me gustó mucho eso de que es preferible dejarlos sueltos sino se está preparado, cierto, muy cierto, hay que prepararse para atar los cabos.

Me encanta cuando el protagonista, comprende a su mujer. No la justifica, no la perdona pero sí la comprende, y coincido en pensar que la comprensión lleva posteriormente al perdón y evita el rencor. La gente no es mala de forma totalmente conciente y siempre trae una historia personal /familiar / social que influye en el comportamiento actual. No se justifica las acciones pero cuando uno las comprende, entonces uno deja de odiar. Hacer eso para mí, por lo menos me hace no odiar a mi padre, abuela paterna y un ex novio por poner un ejemplo.

Y es que el resentimiento carcome y daña a cualquiera. Y en este caso el protagonista podría elegir el rencor y la amargura; y no es así. Demostrando lo que nuestro común autor favorito Frankl decía sobre la libertad de elección, podemos estar influenciados por los acontecimientos pero no determinados. Creo que un protagonista así es ejemplo para manejar el dolor. Y que hermoso ver que cuando él maneja su propio dolor puede entender más de entender el dolor ajeno y no permanecer inmune a él.

Me encantó también esta frase tuya: "ese sentido, sin ánimo de querer hacer una apología al masoquismo, en esta obra acaso al dolor sea una pedagogía extraña para humanizar, es decir: cualquiera que sea, el dolor a veces nos es inevitable, aunque podría hasta agudizar bastante nuestra otrora visión superficial, pero eso únicamente lo consigue un dolor o reconciliado o procesado o asumido con todo un sentido (y en este proceso pareciera estar el personaje principal). "

Cierto, no se trata de disfrutar el dolor, se trata de manejarlo. La gente ahora no quiere sufrir, tiene miedo al dolor y lo tiene porque no ha aprendido a manejarlo, a comprenderlo, a encontrarle significado. Se nos olvida que todas las experiencias malas, buenas, alegres, dolorosas, son enseñanzas para algo. Todo tiene sentido, nada es fortuito. Tus frases me hicieron recordar un hermoso poema de Jalil Gibran llamado Del Dolor que alguna vez creo haberte puesto un pedacito en alguno de tus post y que en mi blog está colgado.
Me fascinó como te dije, tu conclusión. Creo que está demás decirte que estoy totalmente de acuerdo contigo. El cambio social inicia con un cambio individual. Cuando cada persona se dedique a ser mejor persona, a cambiar y superarse, entonces la cadena de cambio social se podrá notar.

Gracias por este post Martín y aprovecho para desearte un muy lindo fin de año y los mejores deseos para el que inicia. Un abrazo. Hilda

Juan Carlos Villegas J. dijo...

Ivan está logrando cada vez mejor personajes inolvidables.